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Aprende en Casa II: ¿qué opinan las maestras y las madres de familia?

Madres y padres de familia, docentes y alumnos somos quienes podemos opinar sobre el programa Aprende en Casa II ¿está sirviendo para abatir el rezago educativo o todo lo contrario?

Sulem Estrada, maestra de secundaria

Agrupación Magisterial Nuestra Clase y Pan y Rosas

Jueves 27 de agosto | 17:43

Hoy recibí la llamada de dos madres de familia que me contaron las dificultades que están teniendo para poder llevar adelante el programa Aprende en Casa.

Ambas madres son el único sostén económico de su casa. Una de ellas perdió a su esposo hace dos meses. Tuvo que buscar empleo y recién lo consiguió hace un par de días. Está llena de deudas y no puede pagar internet por ahora. Gana el salario mínimo. Su mayor preocupación es que su hijo no se deprima aún más de lo que ya está, pero no puede pagar ayuda profesional para evitarlo ni estar con él para acompañarlo.

La otra mamá no cuenta con pantalla. Su televisión analógica tiene un codificador que requiere un control que no ha podido comprar pues no lo encuentra por ningún lado. Su tele solo agarra un canal. Gastó 150 pesos en una semana para que dos de sus tres hijos pudieran ver el programa aprende en casa en YouTube. Eligió que fueran los más pequeños quienes pudieran verlo pues quiere que aprendan a leer y escribir bien. No puede seguir sosteniendo ese gasto semanal por más tiempo. Estaba desesperada pues no sabía qué hacer.

Estas son solo dos historias de las que deben repetirse por miles. Particularmente para las mujeres que viven una doble carga de trabajo pues son quienes se encargan principalmente de los cuidados de las niñas y niños.

Muchas historias como estas ni siquiera las conoceremos pues las autoridades educativas se han encargado desde hace mucho de generar una brecha enorme entre madres y padres de familia y docentes. Nos ha enemistado para que nos culpemos mutuamente de la debacle educativa mientras ellos, que son los verdaderos responsables, se ríen a carcajadas de nosotros pues comprueban una y otra vez que divide y vencerás .

La política educativa que el gobierno federal implementó apunta más hacia profundizar la desigualdad y el rezago educativo y lejos está de atender realmente las necesidades pedagógicas y psicoemocionales de niños, niñas y adolescentes durante la pandemia. Todos los docentes lo sabemos. Algunos, producto de la fuerte campaña ideológica que implementó la SEP en los consejos técnicos escolares, defienden lo indefendible.

Otros -una amplia mayoría- como siempre se están dejando la vida -literalmente pues la carga laboral ha incrementado brutalmente- para estar con sus alumnos y apoyarlos en lo que se pueda. Han buscado una y mil estrategias para apoyar a sus niños y niñas, a las madres y padres de familia que los llaman y buscan cómo contenerlas, cómo ayudarlas.

Somos las y los maestros los que siempre hemos sostenido la educación pública. Somos los que sacamos a flote a nuestros niños a pesar de todo, de las malas decisiones de las autoridades, de la falta de recursos, de las reformas educativas que buscan privatizar la educación y que han bastardeado nuestra noble e importante labor. Si la educación no está aún peor es gracias a sus maestros.

Sin embargo, hoy es importante que las y los maestros que hemos sostenido la educación nos detengamos a reflexionar si apoyar el Aprende en Casa es lo que realmente nos corresponde. Si apoyarlo significa que nuestros alumnos y alumnas realmente aprenderán o si llevarlo adelante implica colaborar para que el rezago educativo y la desigualdad se profundice como se está viendo de forma cada vez más clara.

Las autoridades educativas y el gobierno, a sabiendas de las carencias de las y los trabajadores en el país, de los millones de despidos, de las rebajas implementaron el programa Aprende en Casa sin otorgar dispositivos y conectividad gratuita que sería lo mínimo indispensable para mantener la comunicación entre alumnos y maestros. No tocan los negocios de Carlos Slim ni de los empresarios que venden equipos de cómputo y servicios de Internet y muy por el contrario destinan millones a rescatar a las televisoras mientras las familias se endeudan.

Es importante reflexionar si nuestra conciencia está tranquila de saber que miles de alumnos se quedarán atrás, se quedarán fuera.

Las y los maestros, que siempre ponemos por delante nuestra vocación y compromiso con nuestros niños y niñas, que somos a quienes realmente nos importan, no podemos permitir que esta simulación continúe. No debemos ser cómplices de esto.

Las y los maestros, junto con el resto de la comunidad educativa -padres y madres de familia, alumnos y trabajadores de la educación- podemos definir juntos mecanismos para evitar profundizar el rezago y la desigualdad una vez que pase la pandemia.

Un mecanismo que no implique endeudamiento económico para los padres y madres, que no les implique el estrés y la ansiedad que está generando el programa actual.

Un mecanismo que ponga en juego la solidaridad, la unidad y el apoyo mutuo en lugar del "sálvese quien pueda" y "el que quiere puede". Si somos las y los docentes quienes, con su creatividad y su arrojo, quienes con su conocimiento y liderazgo han sacado siempre la educación adelante, somos nosotros y nosotras junto a los padres y madres de familia y a las y los alumnos quienes podemos dar una alternativa que
sea infinitamente superior.

¿Cómo ven? ¿La pensamos juntos?

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*Sulem Estrada es maestra de secundaria integrante de la Agrupación Magisterial y Normalista Nuestra Clase y de la Agrupación de Mujeres Pan y Rosas






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