Sociedad

TRIBUNA ABIERTA

¿Aprendo en casa? ¿Dónde quedaron las maestras y maestros?

La pandemia por el Covid 19 vino a poner en evidencia, más todavía, a sectores como el de salud o el de educación.

Miércoles 19 de agosto | 14:25

Por nuestro quehacer, como docentes, es de sumo interés revisar qué es lo que pasa en el sector educativo, las acciones que se están instrumentando, sus alcances, pertinencia e intereses a los que obedecen. En particular las acciones de la SEP que impactan directamente en la educación básica, fundamentalmente, tanto por la cantidad de estudiantes y maestros que, eventualmente, se podrían beneficiar o perjudicar con dichas acciones, como por ser el nivel en el que se han tomado más medidas visibles, mediáticas y concretas.

Tan mediáticas que implican, de entrada, otorgar unos jugosos contratos millonarios a televisoras, con TV Azteca y Televisa por delante. La televisión que se ha encargado de multiplicar el analfabetismo funcional en miles de compatriotas con sus programas burdos, vulgares, machistas, huecos, misóginos y racistas, será, ahora, la plataforma para proyectar contenidos educativos. La misma televisión que se cansó de golpear al magisterio democrático al tildarlo de ignorante, sucio, irresponsable y casi apátrida.

Esa misma televisión “rescatará” a la niñez y a la juventud, y hará el trabajo de los maestros con la simple emisión de contenidos a través de las pantallas, como si los estudiantes estuvieran viendo una telenovela o programa de concurso. Eso es lo que, en el fondo, intentan transmitir: que ellos son los redentores y los maestros simples gestores de estrategias para evaluar el proceso. Lo cierto, es que muestra una manera muy pobre de posicionarse de la SEP para resolver el problema. Y lo es, de entrada, por la incompetencia de quien la encabeza y por el grave conflicto de intereses de Esteban Moctezuma quien, como bien sabemos, ha sido empleado de Ricardo Salinas Pliego en TV Azteca, como director ejecutivo de Fundación Azteca. ¿Así o más claro?

Es obvio que la necesidad por resolver el problema ante una situación de la magnitud de la pandemia, requería medidas emergentes y extraordinarias para subsanarlo. Lo correcto, entonces, era consultar, primero a la base magisterial por una simple razón: son los que están al frente de los procesos de enseñanza y aprendizaje y, por ende, son quienes conocen el terreno, los contextos, las circunstancias, las posibilidades y las limitaciones que implica trabajar en uno o en otro contexto. Porque nuestro país se caracteriza por las grandes diferencias entre una región y otra, un barrio y otro, una población y otra.

Porque son los maestros y las maestras quienes han resuelto y enfrentado, de siempre, los matices, sesgos, posibilidades y dificultades de las distintas políticas educativas, con sus programas y sus planes de estudio. Son esos maestros y maestras quienes, en sus diversos contextos y poblaciones, han enriquecido los propósitos más nobles de la educación, con su quehacer cotidiano, su imaginación y su vinculación permanente con sus estudiantes y las comunidades. Esos maestros que, en este programa de Aprende en casa, han sido marginados, con la complicidad y el silencio ominoso del SNTE.

Aprende en casa es, simplemente, llenar de contenidos las pantallas de ciertos canales de televisión. Con ello, se espera que la población infantil y juvenil se vuelque hacia ellos, aprenda lo mismo para todos (según el grado y nivel obviamente), sin entender que las diferencias son considerables en términos de antecedentes educativos, nivel socioeconómico, calidad de la señal, del receptor (tv), espacio y condiciones en el que podrán verse las ‘clases’, etcétera.

La televisión puede y debe cumplir una gran función educativa; sí, bajo otras premisas. El modelo de Telesecundaria, es un claro ejemplo. Pero el maestro está ahí, estableciendo el ritmo, al tanto y a la par del proceso: es parte de éste. Si se hubiera anunciado que por televisión se iban a reproducir los contenidos, que se recogerían, de entrada, las necesidades y propuestas de las diferentes comunidades escolares a través de los Consejos Técnicos Escolares (¿si no, entonces, qué razón tienen de ser?); que los concesionarios no cobrarían (recordemos que el espectro televisivo es una concesión, no les pertenece a las cadenas, es -y más ahora habría que hacerlo valer- de interés y potestad nacional), quizá tendría, de entrada, una legitimación a los ojos de todos. Pero lo que se hizo fue inyectar de dinero a las televisoras, se les reconoció públicamente su excelso apoyo, su posición de salvadores del desastre y de los maestros, nada: son prescindibles; es factible aprender sin ellos.

No serán los que siempre se han opuesto al despertar de las conciencias quienes hoy se erijan como los redentores de la nación. Seremos los maestros quienes hagamos la tarea, como siempre. No somos enemigos del progreso, no criticamos por criticar. Ésa es la etiqueta que nos colgaron en los sexenios pasados y que nos cansamos de mostrar lo contrario. Ahora no basta que el discurso del Secretario de Educación tenga un tono conciliador y de reconocimiento al magisterio, cuando en los hechos hace lo contrario: ignorar la valía, formación, entrega e imaginación de miles de maestros en los distintos rincones de la república. Por ahí hubieran empezado. Ahora, como siempre -y ante las quejas y opiniones de muchos sectores comprometidos, no solo del magisterio- intentan pavimentar un camino lleno de baches, dándole la magra y poco efectiva tarea a los docentes de hacer guías, cuestionarios, orientaciones pedagógicas y demás, para validar y evaluar los aprendizajes (¿cómo?) de un proceso ajeno en el que no fueron tomados en cuenta, y para decir que los han considerado.

Eso que están proponiendo es un paliativo (solo eso) equivalente a decir que tomar aspirinas va a resolver la pandemia del Covid 19. Seamos serios. Los graves problemas educativos están en la raíz de una reforma educativa heredada del gobierno de Peña Nieto, a la que solo le han puesto otros parches pero que, en esencia, sigue la misma receta neoliberal de ejecutar decisiones verticales, cercanas a intereses concretos de grupos con gran poder económico (entre los que se encuentran, por supuesto, las televisoras), y muy lejanas a las verdaderas necesidades de un país que requiere transformarse ya. Los maestros tendrán que ser la vanguardia de cualquier propuesta, proyecto o reforma educativa. Sin ellos no habrá transformación posible.

*Alfredo Villegas es docente de la Escuela Normal Superior de México.






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