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Red Internacional

No al pacto con el FMI. Argentina: diputados del oficialismo y la oposición votaron la estafa del acuerdo con el FMI

Casi a las 4 de la madrugada la Cámara de Diputados aprobó el acuerdo con el FMI con 202 votos afirmativos. El Frente de Izquierda rechazó el pacto de ajuste en el Congreso y en la calle con una gran movilización. Ahora pasa al Senado.

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Viernes 11 de marzo | Edición del día
Drone | Decenas de miles dicen no al acuerdo con el FMI en el Congreso - YouTube

La sesión en la Cámara de Diputados duró casi 14 horas y finalizó con la votación del acuerdo con el FMI cerca de las 4 de la madrugada de este viernes, consiguiendo la media sanción. El resultado estaba anunciado: se llegó con un pacto entre el oficialismo del Frente de Todos y la oposición de Juntos por el Cambio para convalidar la estafa del expresidente Macri, que será una nueva hipoteca contra el pueblo trabajador.

El resultado final: 202 votos afirmativos, 37 negativos y 13 abstenciones. Hubo 4 ausentes, convalida ese acuerdo de oficialismo y oposición.

El Frente de Izquierda (4 diputados) rechazó el acuerdo en el Congreso y en las calles, con una multitudinaria movilización durante la jornada del jueves.

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Si, como se espera, en los próximos días el Senado sigue el mismo camino, el país pasará a ser oficialmente cogobernado por el FMI e impedido de tomar de forma autónoma ninguna medida importante respecto de su economía nacional, que atraviesa una profundísima crisis. Será el "virreinato del FMI", como lo definió la Diputada del Frente de Izquierda (por el PTS) Myriam Bregman en el Congreso Nacional. Cada tres meses, vendrán los burócratas del organismo internacional a revisar las cuentas, ordenar y vetar medidas. Como los números no cierran por ningún lado, ya se sabe de antemano que en el menú de los próximos meses y años vendrán nuevas medidas antipáticas para el humor social, que se sumarán a las ya anunciadas, como los tarifazos o el ajuste fiscal.
Esto, al menos, será lo que se vote: pero la realidad es que el futuro estará cargado de crisis e incertidumbre, con oportunidades para dar vuelta la historia. Volveremos sobre esto más abajo.

La realidad es que detras del acuerdo se dejaron ver dos actitudes contrapuestas: entre el Gobierno y Juntos por el Cambio existen diferencias y hay una fuerte disputa hacia las elecciones presidenciales de 2023 (nadie quiere pagar los costos de este acuerdo), pero a la vez hay un entendimiento muy profundo y de Fondo: ninguno quiere, ni sueña, con sacar los pies del plato del régimen del FMI. Y eso implica aceptar sus recetas. Tampoco lo quiere hacer la derecha liberal y conservadora de Milei y Espert, aunque esta vez hayan hecho el circo de votar en contra, ocultando, detrás de su discurso contra la casta, que defienden a los grandes poderosos.

El trámite legislativo se destrabó entonces cuando el Gobierno nacional, mostrando toda su debilidad, ofreció que en el Congreso “solamente” se vote autorizar un acuerdo de Facilidades Extendidas con el FMI, sin pedir un aval para el plan concreto (los famosos anexos con las planillas que el ministro de Economía, Martín Guzmán trajo de EE.UU.).

La oposición macrista, frente a eso, no tuvo nada que reprochar. Muy por el contrario: el ex presidente celebra que el Congreso Nacional legalice la deuda ilegal que él había tomado. Aquí no ha pasado nada. Qué le hace una estafa más al historial nacional de la deuda. Si hasta se convalidó la de la dictadura.

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Más aún: el de Facilidades Extendidas es un tipo de acuerdo de los más duros del FMI. Implica ajustes y reformas estructurales. Contra todo su relato, el oficialismo del Frente de Todos tomará nueva deuda para pagar la deuda ilegal de Macri, sometiéndose al chantaje del organismo internacional, que si no aprueba las revisiones trimestrales amenazará con no hacer los desembolsos, poniendo siempre al país al borde del default. Un acuerdo menos soberano, no se consigue.

Lo “bueno”, si se quiere, es que nuestro país ya conoce la historia y sabe de qué se trata. Eso ahorra argumentos y explicaciones. De aprobarse, este será el tercer acuerdo de facilidades extendidas que firme nuestro país con el FMI. Los dos anteriores se habían firmado bajo gobiernos de Carlos Saúl Menem. El primero en 1992, con Domingo Cavallo en el ministerio de Economía, y el segundo en 1998, cuando Roque Fernández ocupaba esa cartera. El final de la historia que terminó en la catastrófica crisis económica, social y política de 2001, es por todos conocido, y nos exime de desarrollar más el tema. Algunos de los que gobiernan hoy ya eran funcionarios o legisladores en los `90.

El silencio del kirchnerismo

En este esquema, el kirchnerismo, como ala del oficialismo, juega un rol fundamental para apoyar que avance el plan del FMI. El silencio y ausencia de Máximo Kirchner este jueves en la Cámara de Diputados (solo se sentó después de las 3 de la mañana para votar), confirmó la caracterización que dijimos desde un comienzo: el diputado y su madre, la vicepresidenta Cristina Fernandez de Kirchner, dejan correr el acuerdo. Solo se separan para intentar no pagar los costos de un plan económico que seguirá pegando muy duro sobre su propia base social y electoral. Pero de ninguna manera harán algo para impedir su aprobación. Solo buscan preservarse ante lo que vendrá, porque, como dijo el Diputado Nacional del Frente de Izquierda Nicolás del Caño, ellos ya saben que “las promesas del Frente de Todos entraron en default”, y lo que viene es peor.

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Tras haber renunciado recientemente como jefe de bloque del peronismo en diputados Maximo Kirchner, todos los gestos de este espacio fueron en el sentido de ofrecerle “gobernabilidad” al régimen del FMI: Máximo se llamó a silencio en lugar de alentar que crezca el repudio al acuerdo; Cristina aun permanece callada. Esta madrugada, los votos en contra y abstenciones de La Cámpora (agrupación liderada por Máximo Kirchner dentro del Frente de Todos), no cambiaron nada de lo esencial de esta estrategia: su ausencia y silencio durante la sesión explica de sobra su falta de voluntad para enfrentar al FMI.

Sin embargo, lo central quizás no estuvo en el palacio, sino en la calle: más estruendoso fue el “silencio” de los dirigentes del kirchnerismo en las organizaciones de masas, que ni en los sindicatos, ni centros de estudiantes, ni barrios impulsaron ninguna deliberación seria para discutir un plan de lucha frente a la entrega. Con esa gran fuerza social, la resistencia al FMI sería mucho más fuerte. Pero para ellos sigue el “quedate en casa”. Al igual que para la principal central sindical, la CGT. No hay diferencias sustanciales entre las principales centrales sindicales, todos apoyan que pase el FMI, unos abiertamente, otros haciendo discursos críticos sin pasar nunca a los hechos.

Apunten contra la izquierda

La unidad entre las dos principales coaliciones de los de arriba para sellar este acuerdo tiene su correlato lógico en un ataque a la izquierda y los de abajo: no es casual que este jueves mientras en el palacio cerraba la rosca, una campaña mediática se desató contra la izquierda y quienes se movilizaron contra el FMI.

El objetivo era claro: manipular la información pública sobre los incidentes con la policía, para tratar de ocultar que en la Plaza Congreso hubo este jueves una multitudinaria movilización de decenas de miles de personas que no es parte de ese acuerdo de ajuste y entrega. Que esa misma plaza tuvo voz adentro, con las denuncias potentes de los y las diputadas del Frente de Izquierda: de Myriam Bregman, Nicolás del Caño, Alejandro Vilca y Romina del Pla. Estigmatizar a todos los que digan sin vueltas la verdad: que bajo el cogobierno del FMI, el país no hará más que profundizar su decadencia y su enorme crisis social. Que la única salida distinta pasa por pelear por las necesidades más urgentes, en el camino de medidas de fondo, como hacer un desconocimiento soberano de la deuda y tomar medidas de emergencia como la nacionalización de la banca, el monopolio estatal del comercio exterior y la estatización bajo control obrero de los recursos estratégicos del país, en el camino de un gobierno de los trabajadores que reorganice la sociedad en función de los intereses de las mayorías y no de unos pocos.

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Su "festejo" de hoy tendrá patas cortas. Al calor de los tarifazos, la inflación y el ajuste fiscal, crecerá el descontento social y con él la lucha de clases, por parte de millones que no se resignan a aceptar lo que viene. No solo sus pactos son débiles, sino que también las coaliciones políticas están atravesadas por internas dentro de cada una de ellas. El plan del FMI está de antemano condenado al fracaso y será renegociado. El futuro no tiene nada que ver con lo que dicen, sino que estará signado por crisis e inestabilidad política y social. Allí encontrarán brechas los explotados y los oprimidos para luchar por su propio destino.

Junto a ellos y ellas, la izquierda estará codo a codo, para impulsar las luchas, coordinarlas y plantear un programa para triunfar, construyendo otra alternativa política. Esta semana el ejemplo lo dieron las mujeres, que por decenas de miles se movilizaron el 8 de marzo.

La presente es una versión editada del artículo original aparecido en La Izquierda Diario de Argentina




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