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California: entre Trump y la pared

Desde que asumió la presidencia, Trump ha centrado varios de sus ataques al estado de la costa oeste debido a su composición social y a las administraciones que ha tenido. Los californianos se encuentran rehenes de los vaivenes entre la gubernatura y la presidencia.

Óscar Fernández

@OscarFdz94

Lunes 15 de enero de 2018 | 19:17

Desde el inicio de su mandato, Trump ha concentrado sus miras en California, un estado que, según datos de 2015 del Public Policy Institute of California, 27% de la población del estado es inmigrante, lo que equivale a 10 millones de personas, muchas de las cuales tienen hijos que incluso han llegado a ocupar cargos de importancia. Tal es el caso del fiscal general del estado, Xavier Becerra, mismo que, como hemos informado con anterioridad, ha logrado una victoria cuando el juez del distrito de San Francisco bloqueó la decisión de retirar el programa del DACA.

Becerra no es el único, se suma a él el presidente del senado estatal, Kevin de León. California, como dijimos, tiene casi un tercio de su población en calidad de inmigrante, esto debido a su cercanía con nuestro país, hacia donde pasan personas de Centroamérica, el Caribe y de distintos estados de la república. Por lo mismo es que el voto migrante, como se ha visto en época de elecciones, es un factor clave para decidir el futuro del gigante del norte. A esto se suma que California es un bastión del Partido Demócrata, el partido que, dentro del bipartidismo estadounidense, controla algunos sindicatos y tiene políticos negros y latinos, así como una agenda a la que ellos mismos califican como “progresista”, aunque se mantiene alineada con los intereses de las grandes corporaciones.

Son esta serie de factores los que explican por qué la administración estatal californiana se encuentra enfrentada a Trump y sus decisiones, ya que éste percibe que California fue uno de los estados por los cuales perdió el voto popular. El magnate mantiene de rehén al estado al negarle presupuesto, al mismo tiempo que los contribuyentes de California son de los que más impuestos pagan al gobierno federal (lo que se conoce como “estados donantes”).

Los demócratas ante la comunidad migrante

A California muchos lo comparan con el estado de Texas, ya que éste durante la administración de Obama se oponía a muchas de las políticas impulsadas por el entonces presidente; la comparación de ser “la Tejas de Trump” ya hasta es dada por los mismos políticos del estado como el ya mencionado fiscal Becerra. El hecho de que los demócratas y sus políticos estatales encabecen la encrucijada contra Trump es otro síntoma de la crisis orgánica que se vive en el vecino del norte, donde miembros del propio establishment parecen no tener acuerdo en las políticas a seguir.

Sin embargo, como dijimos anteriormente, el discurso de los demócratas es una farsa cuando se toma en cuenta que durante la administración de Obama continuó la existencia del muro fronterizo con México, mismo que Trump sólo pretende mejorar a una escala similar a la que en su momento hizo Erich Honecker, el presidente de la Alemania del Este con su infame muro en Berlín. Los demócratas han gobernado California por años, y aunque decreten políticas de “santuario”, la laguna legal que permite que el estado pueda implementar sus propias políticas a pesar de las exigencias del gobierno federal se traduce en que el estado mismo hace sus propias deportaciones y detenciones.

Son los demócratas los que permiten que continúe el maltrato a los migrantes en los trabajos de agricultura, los que mantienen salarios bajos en trabajos precarizados o que permiten que decenas de personas vivan en campamentos en las calles porque no tienen vivienda. Esto ha llevado a que existan riesgos a la salud de estos trabajadores por los pesticidas a los que están expuestos, muchos de los cuales pertenecen (para sorpresa de nadie) a Monsanto.

Los demócratas y republicanos no son alternativa para los trabajadores e inmigrantes en California ni en ningún estado de EE.UU. Por más que tengan políticos que hablen en nuestro nombre, son agentes directos del imperialismo, defienden sus intereses y los de las grandes multinacionales en detrimento de las grandes mayorías.

Para solucionar definitivamente las demandas de los sectores oprimidos del gigante imperialista es necesario que éstos rompan con los políticos demagogos del bipartidismo, se alíen con los jóvenes afroamericanos que enfrentaron la violencia policial de Obama y ahora la de Trump, con las mujeres, los pueblos originarios y los trabajadores que se oponen al gobierno estadounidense, y que confíen en sus propias fuerzas.






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