Política México

ELECCIONES CDMX 2018

Cámaras de vigilancia, la gran coincidencia en debate de candidatos capitalinos

En un debate deslucido, sin sorpresas, resaltaron las reaccionarias propuestas de inundar de cámaras de vigilancia la ciudad y fortalecer a la misma policía que desaparece a jóvenes como sucedió con Marco Antonio Flores Sánchez. En un segundo plano quedaron la crisis del agua, del transporte y de la vivienda.

Bárbara Funes

México D.F |

Jueves 19 de abril de 2018

Participaron Mariana Boy, candidata del Partido Verde Ecologista de México (PVEM), Purificación Carpinteyro, del Partido Nueva Alianza (Panal), Lorena Osornio, candidata “independiente” (hija de una priista y ella misma ex dirigente del Consejo Político del PRI en el Distrito Federal), Marco Rascón por el Partido Humanista, Mikel Arriola, del Partido Revolucionario Institucional, Alejandra Barrales, del Partido de la Revolución Democrática (segunda en intención de votos), y Claudia Sheinbaum, del Morena, quien encabeza las encuestas.

Todos los candidatos, sin excepción, coincidieron en “dignificar” y formar a la policía, la misma que desaparece jóvenes y está coludida con el narcotráfico y las redes de trata.

Si algo dejó en claro el primer debate, es que son varios los candidatos que levantan como bandera de imponer el ojo del big brother que todo lo ve. Fue una propuesta que compartieron Arriola, Carpinteyro, Boy y Osornio. Disputaron el primer puesto en el candidato más de derecha, a ver quién pondrá más cámaras de vigilancia en la ciudad de la mano del sector privado. Un negocio millonario en puerta, de la mano de la criminalización de la juventud.

El candidato del PRI prometió un millón de cámaras y alumbrado. “Los delincuentes tendrán miedo, se procederá antes de que cometan delitos” afirmó, una fantasía al mejor estilo de la película Minority Report, de ciencia ficción, donde se detenía a quienes iban a cometer crímenes en el futuro. Arriola también propuso crear una app para registrar y denunciar delitos.

Osornio también insistió en las cámaras de vigilancia, y a esa propuesta sumaron Carpinteyro y Boy agentes encubiertos en el transporte público.

La candidata del PRD, Alejandra Barrales, no se quedó atrás. Planteó que si gana nombrará a 2,500 nuevos policías especializados en el transporte, encubiertos, que creará el primer centro de monitoreo del transporte, y ratificó cero tolerancia, cero impunidad, una reivindicación de la “Estrategia Giuliani”, del ex alcalde republicano de Nueva York Rudolph Giuliani.

Por su parte, Sheinbaum, del Morena, se debatió entre pronunciarse contra la criminalización de los jóvenes –y citó la frase de López Obrador “Un estudiante más, un deportista, un artista, cada uno es un delincuente menos”– y reforzar las cámaras de vigilancia y la policía, un perfeccionamiento del aparato técnico y "formar a la policía", todo lo cual va en contra del sentir de la juventud y amplios sectores que repudian la brutalidad policiaca.

Se evidenció a lo largo de su participación en el debate que a pesar de querer montarse en la ola del fenómeno AMLO, no puede ocultar su sesgo tecnocrático y se vio manchada por los acusaciones de corrupción y negligencia.

Como era de esperarse, se intercambiaron acusaciones de corrupción contra Barrales por sus propiedades millonarias, como el departamento de Miami y el de Las Lomas, contra Arriola por los escándalos de corrupción de los gobernadores priistas, contra Sheinbaum por el caso del delegado de Tláhuac y las irregularidades del Tec de Monterrey y el colegio Rébsamen, colapsados en el sismo del 19 de septiembre de 2017.

Mientras tanto, la candidata que mencionó el problema de los feminicidios fue la del partido verde, quien prometió la declaratoria de alerta de género, una medida que ya se evidenció que favorece el alza de la violencia patriarcal de la mano del despliegue en las calles de militares y policías.

Urbanismo y sustentabilidad, relegados en el debate

Aunque fue el primer punto que se abordó, quedó eclipsado por el debate sobre seguridad. Pobres, con datos confusos, los distintos candidatos plantearon sus propuestas en torno al agua, el transporte y en mucho menor medida, la vivienda.
Todos los candidatos coinciden en admitir el problema de desabasto de agua y repitieron como propuesta la captación de agua pluvial domiciliaria, como la forma de autoabastecer el suministro de agua.

Marcos Rascón, candidato del Partido Humanista, planteó que “El tema del agua es un tema de equidad y el tema nodal es cómo reducir el consumo a 160 litros por persona. Este asunto ha tenido problemas porque desde 1992 el sistema de aguas y cobros fue privatizado por el Gobierno de Salinas de Gortari y ese convenio fue ratificado por Andrés Manuel López Obrador en 2002/2003 y así ha continuado hasta la fecha”.

Abundaron también las críticas a la construcción del segundo piso, obra también del actual candidato presidencial del Morena, López Obrador, y se repitieron las propuestas de invertir en el metro, en el metrobús, las ciclovías, el transporte eléctrico, trenes suburbanos y la creación del cablebús. Poco convincente, dado que la crisis actual del transporte es producto de fomentar por décadas el uso del automóvil en detrimento de la movilidad pública.

Definitivamente, el candidato priista ganó el récord de las posiciones más reaccionarias, al plantear las manifestaciones, las protestas como el factor fundamental de la crisis de movilidad. Una posición coherente del partido gobernante, principal responsable político de la desaparición forzada de los 43.

El tema del nuevo aeropuerto tuvo su lugar también en el debate. Barrales repitió el plan de Carlos Slim “Vamos por una ciudad universitaria dos, un Chapultepec nuevo pulmón de la ciudad”, apuntó. Mientras tanto, Arriola planteó que cancelar el aeropuerto era impedir la construcción de áreas de deportes, campus, áreas de entretenimiento, proyecto de viviendas. Claramente la prioridad es reciclar el actual aeropuerto en beneficio de las grandes constructoras e inmobiliarias.

Por último, la cuestión de la vivienda se centró en proponer ordenamiento urbano y “denunciar” las irregularidades en el uso de suelo, algo poco creíble de todos los partidos, ya que los sismos evidenciaron que todas las delegaciones fueron campo libre para los grandes negocios inmobiliarios a costa de la seguridad de la mayoría de la población que vive en la ciudad de México, de alta sismicidad.

Fue un debate llano, sin grandes enfrentamientos, donde no se presentaron soluciones de fondo a los grandes problemas del pueblo trabajador de la Ciudad de México: el derecho al agua potable, a la vivienda digna, a servicios públicos planificados con medidas que minimicen la contaminación ambiental, en función de las necesidades sociales, no de los grandes negocios capitalistas.






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