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Chicuarotes de Gael García Bernal: un retrato de violencia y pobreza

Rodada en Xochimilco en el pueblo de San Gregorio Atlapulco la historia se centra en un par de jóvenes ladrones sin suerte y sin futuro, condenados a la pobreza, el director falla al intentar emular el clásico Los olvidados de Luis Buñuel.

Miércoles 3 de julio | 17:58

La segunda película de Gael García Bernal Chicuarotes (México, 2019) se estrenó en México con un gran éxito apoyado en la difusión de Televisa que también es productora, el drama es protagonizado por los actores Benny Emmanuel, Dolores Heredia y Daniel Giménez Cacho.

El Moloteco (Gabriel Carbajal) y el Cagadera (Benny Emmanuel) son dos jóvenes que intentan hacer un número de payasos en el transporte público de la Ciudad de México, ante lo infructuoso que resulta deciden asaltar a los pasajeros.

Los chicos se reparten el botín y regresan a su pueblo San Gregorio Atlapulco al sur de la capital mexicana el cual se encuentra sumido en la pobreza y peor destrucción tras los sismos ocurridos en septiembre 2017.

"Cagadera" visita a su novia Sugheili (Leidi Gutiérrez) quien trabaja en un salón de belleza. La noticia en el pueblo es que un chico fue asesinado por el Chillamil (Daniel Giménez Cacho) que lo buscó tras salir de la cárcel.

En el funeral les proponen a los jóvenes hampones asaltar un comercio, eso le da la idea al Cagadera de conseguir los 20 mil pesos que necesita para comprar una plaza y tener un trabajo que le arregle la vida para poder salir del pueblo y casarse con Sugheili.

La vida del ladrón es además de precaria y sin futuro, violenta. Su madre Tonchi (Dolores Heredia) soporta las borracheras y golpizas de su esposo El Baturro (Enoc Leaño), además el Cagadera lleva una difícil convivencia con sus dos hermanos con quien comparte un pequeño cuarto.

El par de ladronzuelos falla en el atraco de los miles de pesos que esperaban obtienen sólo tangas y ropa íntima de mujer, pero la obstinación por obtener dinero rápido llevará al Cagadera a secuestrar al hijo del carnicero del pueblo quien funge además como una brújula moral en la localidad que necesita levantarse.

La noticia del secuestro incendia al pueblo y la búsqueda del niño es encabezada por el Chillamil y sus hombres, en San Gregorio Atlapulco la autoridad no está presente.

Chicuarote es el gentilicio del poblado de San Gregorio Atlapulco ubicado en el municipio de Xochimilco, que fue una de las zonas más afectadas por el sismo de 2017, Diego Luna y Gael García apoyaron a la comunidad y ahora este último decidió usar el sitio para rodar esta historia.

Chicuarotes no deja de ser pretenciosa y el director fracasa al intentar hacer algo parecido a Los olvidados de Luis Buñuel. Lo que salva a la cinta es la banda sonora y la actuación de Benny Emmanuel quien recibió este año el Ariel como mejor revelación por su trabajo en De la infancia (México, 2010) de Carlos Carrera.

Mostrar la pobreza y a los marginados sociales como ignorantes, alcohólicos y violentos dejando de lado los problemas estructurales es casi admitir que los pobres son así porque quieren y repetir un discurso hegemónico implantado desde la derecha.

Taquilla

Chicuarotes se colocó en el sexto lugar de la taquilla en su primer fin semana de estreno del 28 al 30 de junio de 2019, recaudando 6.4 millones de pesos (MDP) con un acumulado de 7.2 MDP con su preestreno, y fue visto por más de 100 mil espectadores.

La película de Gael García es distribuida por el emporio de Cinépolis, se estrenó con 300 salas en todo el país, esto es la prueba que lo importante es tener aliados en tu estreno más allá de la historia o la producción.

Pero el filme mexicano palideció ante los estrenos de Maestras del engaño, una comedia estadounidense que estuvo en tercer lugar en taquilla y obtuvo 22.5 MDP y Annabelle 3 que recaudó 105.8 MDP colocándose en segundo lugar en taquilla.

El cine nacional es avasallado por el hollywoodense aún cuando tiene apoyo de empresas importantes, en este caso Televisa y Cinépolis, por ello el cine independiente que estrena con 60 o menos copias es minimizado y marginado a salas culturales.

Sin duda es necesario legislar para primero acabar con el duopolio de exhibición y segunda garantizar salas para el cine mexicano, que el público se acerque y reconozca en la pantalla.






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