Géneros y Sexualidades

DERECHOS REPRODUCTIVOS

Clínica de ILE cierra tras protestas religiosas

Una clínica de interrupción del embarazo de Marie Stopes cierra sus puertas tras protestas de grupos religiosos y "pro-vida"

Lunes 30 de marzo | 19:10

El 24 de marzo circuló en redes sociales un post donde un grupo provida celebraba el cierre de una clínica de la fundación Marie Stopes -clínica privada de Interrupción Legal del Embarazo (ILE)-. Bajo la consigna “40 días por la vida” se le quita la oportunidad a cientos de mujeres de acceder a un aborto seguro.

En su post, las "pro-vida" alardean de que ya no habrá más “muertes” en este centro, ignorando completamente nuestra realidad: un Estado patriarcal, que nos criminaliza y violenta sistemáticamente y que al no garantizar nuestro derecho a decidir, convierte el aborto en un privilegio de clase, pues sobreviven quienes pueden pagarlo mientras mueren miles por las secuelas de abortos clandestinos.

La ILE, despenalizada en la Ciudad de México hasta las 12 semanas, solo puede realizarse en clínicas privadas o en 13 clínicas, restringiendo de por sí el acceso a este derecho. Con la nula ejecución de abortos en los hospitales públicos, cerrar un centro como el Marie Stopes es negar el acceso a la salud y el derecho a decidirde las mujeres, hombres trans y demás personas gestantes.

Aunque no pasamos por alto que las clínicas Marie Stopes son centros privados -al que millones de mujeres no tenemos acceso pues un aborto en esta clínica cuesta hasta 5,900 pesos-, es preocupante que estas acciones sean realizadas bajo la bandera "de defender la vida" y comiencen a extenderse a todos los espacios destinados a este servicio, porque nuestra salud y nuestro derecho de elección no debería de estar condicionado ni por el Estado ni por grupos religiosos.

A pesar de que en la CDMX el aborto lleva doce años despenalizado, la mayor parte de los estos son realizados clandestinamente, en condiciones insalubres, inseguras y criminalizadoras. Donde incluso el precio de la clandestinidad es inalcanzable para algunas mujeres en situaciones de pobreza, para quienes no viven en la Ciudad de México, para quienes son mujeres indígenas, trabajadoras, para aquellas que ganan el salario mínimo y sostienen familias enteras, o para aquellas que viven en situaciones de violencia con sus parejas.

La mujeres trabajadoras y pobres somos obligadas a parir porque, para el Estado, no somos más que incubadoras y mano de obra barata. Mientras el gobierno ocupa la figura femenina para ganar votos y nos utiliza como botín político, intenta silenciar nuestras demandas y fortalece su alianza con grupos religiosos y de derecha, nosotras no podemos interrumpir nuestros embarazos más que en la CDMX y en Oaxaca gracias a la despenalización, a pesar de las promesas del Morena de despenalizar en todo el país.

Esto ha ocasionando que cientos de mujeres mueran por abortos clandestinos al año, sin mencionar las 10 que son asesinadas al día por la violencia feminicida propagada por la militarización del país.

Este tipo de campañas “provida’’ fuera de los centro de ILE no sólo ponen en riesgo el acceso a este servicio, sino que además, se encargan de atemorizar a las mujeres que acceden a éste, con ultrasonidos falsos, argumentos religiosas y de moral conservadora, infundado miedo.

Pero algo innegable es que en México y el mundo las mujeres abortamos, sea legal o no. Abortamos las niñas, las estudiantes y las trabajadoras. Mujeres de todos los sectores abortamos día con día en condiciones precarias e insalubres con personal no capacitado.

Y está en nuestras manos cambiar esta realidad e impedir que un Estado que se pavonea como “laico” tenga una alianza tan fuerte con la Iglesia, como lo ha demostrado Lopez Obrador en diversas mañaneras y con su alianza con el PES.

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Por eso el movimiento de mujeres necesita que avancemos en la lucha por la separación efectiva de la Iglesia y el Estado, por aborto libre legal seguro y gratuito en todo el país.

Para que esto sea real, tenemos también que conquistar educación sexual en todos los niveles educativos para acabar con prejuicios y que todas las niñas y mujeres sepan que tienen la posibilidad de interrumpir su embarazo.

Por último exigimos que pare el desmantelamiento del sector salud, que se destine mayor presupuesto a este ámbito, para que no sólo las ricas tengan acceso a un aborto de calidad que se pueda abortar en cualquier clínica y hospital del país, una consigna fundamentalen tiempos del covid-19 y que el movimiento feminista y de mujeres deben levantar con fuerza para que no seamos nosotras quienes paguemos por esta crisis.






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