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Red Internacional

TRIBUNA ABIERTA. Cómo leer "Inventario de máquinas inútiles" de Alejandro Barrón

Reseña del nuevo libro de Alejandro Barrón, "Inventario de máquinas inútiles".

Sábado 22 de mayo de 2021 | 02:36

"¿Sabes en qué veo que las comiste de 3 en 3?, en que comía yo 2 a 2 y callabas"
Lazarillo de Tormes, Tratado primero.

En una época donde el valor de la lectura está en cuántos libros se leen al año o la rapidez de palabras que se pueden leer por minuto, llega el microrrelato en una suerte de ironía a impregnar de sarcasmo los retos y Programas Nacionales de Lectura donde la comprensión o calidad de la lectura está supeditada a las cifras alegres.

El microrrelato, cultivado desde hace ya muchos años ha saltado al escenario gracias a la popularidad de las redes sociales, lo que le ha dado carácter de protagonista. En este contexto es que surge la literatura de Alejandro Barrón, quien tras años de pervivencia se ha sabido colocar en el gusto de los lectores.

Ante una política insuficiente y polémica de becas y recursos para la creación literaria en su país natal, México; Alejandro Barrón apostó en sus inicios por la autopublicación, siendo Patrañas (2014), quien inaugura esa etapa, seguido de Desquiciados y Mozalbetes (2016-17) que dieron pie a que editoriales independientes se interesaran en su trabajo, y así nace: Pinche Malena, Editorial Morvoz (2016) y Tragedia en cinco actos, La tinta del silencio (2018).

Siendo un autor acostumbrado a picar piedra, su actividad por publicar en diversos medios es intensa, y es en este año 2021, en plena pandemia y casi desobedeciendo la instrucción de quedarse en casa, dos años antes de la crisis mundial, es que ahora habita del otro lado del charco, en Donostia, España. Lo cual le ha llevado a engendrar, junto a Ediciones Eolas, Inventario de máquinas inútiles.

La historia es bien conocida, Lazarillo, al ver que el ciego no respetaba el trato de comer uvas una por una, empieza a meterse de a dos, y luego de a tres, hasta atragantarse. El ciego al no escuchar reclamos de parte de éste, sabe que Lázaro ha comido más uvas que las pactadas. Lazarillo, en el afán de obtener revancha no reflexiona ni se detiene a degustar las uvas, lo suyo es una carrera contra el tiempo y cae en el perverso juego del amo. Así como Lazarillo, no se pueden leer los textos barronianos pretendiendo ser velocistas de las tantas palabras por minuto. Los microrrelatos se huelen, degustan, se regurgitan y se vuelven a masticar. Cada uno está cargado de un microcosmos que de tomarlo a la ligera podría uno empacharse o alterar los sentidos como si de dosis de café expresso se tratara.

Cómo pasar de la habitación de un triste viudo a la tumba de un habitante de Comala o al titiritero juguetón, cada cual tiene su tiempo y su momento de reflexión. El microrrelato barroniano tiene la densidad de un agujero negro, pretender salir de ahí de forma ligera es imposible.

El humor oscuro a veces melancólico va y viene a través de las páginas, el cotidiano se transforma en noche y espantos, en su narrativa el carnaval es lúgubre, nadie está vivo, si los personajes respiran, probablemente hay una fuga de gas cerca. La creación literaria y el autor establecen un juego donde ella es una señora triste atrapada en una página.

Por fortuna, el autor te brinda redención hacía el final del libro y te propone una salida a través de su epitafio. Has salido exitoso, y como juego de vídeo, esto puede ser un “game over” o un “insert coin”. No se pierdan Inventario de máquinas inútiles y no caigan en el juego del amo, degusten la uva lentamente, que este libro no tiene subvención del Estado y tampoco Taibo lo aprobó. Salud por eso.




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