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Cómo nos afecta la entrega de 5 mil millones de dólares a Pemex para pagar su deuda

El gobierno asignó millones para refinanciar la deuda de Pemex, que asciende a más de 100 mil millones de dólares. Esta decisión tendrá consecuencias no sólo en las finanzas públicas, sino también en la economía familiar. Acá te explicamos por qué.

Bárbara Funes

México D.F |

Jueves 12 de septiembre de 2019 | 15:38

Estos millones que sólo servirán para pagar intereses de una deuda eterna se suman a la ampliación de los fondos del presupuesto para Pemex que ordenó López Obrador, algo más de 523.000 millones de pesos ante los 481.000 millones de pesos del año anterior, junto con la expectativa de crecimiento de 17% de la producción de crudo, demasiado optimista según analistas.

Los 5 mil millones de dólares ahora asignados van para cumplir con el calendario de repagos de la deuda de los años por venir. Intereses leoninos que privan a los trabajadores y al pueblo mexicano de usar los recursos generados por la petrolera para garantizar necesidades como salud, educación y vivienda para las mayorías.

La Secretaría de Hacienda, encabezada por Arturo Herrera, da excusas en un comunicado: la medida es “parte de los esfuerzos del Ejecutivo para fortalecer la estabilidad financiera de Petróleos Mexicanos y mejorar su rentabilidad y contribución estratégica a largo plazo a la economía”.

Los multimillonarios fondos ahora asignados tienen como destino reducir la deuda, repagar los bonos que vencen entre 2019 y 2023 y llevar a cabo un intercambio de bonos "con el fin de suavizar el perfil de vencimientos". Es decir, tomar más deuda para patear para adelante el problema.

Y peor aún: según el analista Ramsés Pech, "es dinero público a fondo perdido: la operación convierte deuda de Pemex en deuda del Estado". Así, todos terminamos pagando la deuda, con los impuestos como el IVA.

Previo a esto, el gobierno de López Obrador redujo la carga fiscal, el mecanismo “legal” mediante el cual las anteriores administraciones desviaban las utilidades para financiar campañas electorales o incrementar fortunas personales, entre otros “méritos”.

A pesar de esto, lo cierto es que en la primera mitad de 2019, Pemex registró una pérdida de más de 4,500 millones de dólares, y van más de cinco años de déficit.

Las agencias calificadoras tienen en la mira a Pemex: Fitch ya degradó la calidad crediticia de la petrolera a bono basura (es decir, su capacidad de pago de la deuda) y otras, como Moody’s, manifiestan preocupación por su situación financiera.

De acuerdo con analistas, si se vuelve a degradar la calificación de la deuda de Pemex, eso llevará a la degradación de la deuda del Estado. Crecerá la presión de los acreedores –fondos de inversión, otros gobiernos y organismos internacionales-. Y la postura de López Obrador es “honrar” la deuda, es decir, ser tan cumplido con los compromisos financieros como con la persecución a migrantes.

La perspectiva para la clase trabajadora y el pueblo no es nada alentadora. Más austeridad y recortes para pagar los intereses de la deuda significan más despidos y precarización en instituciones del Estado, incluyendo servicios sociales elementales como salud y educación.

¿Qué salidas hay para la crisis de Pemex?

La crisis financiera de la petrolera es una piedra en el zapato para el gobierno: décadas de que los directivos de Pemex, las administraciones de turno y la burocracia sindical encabezada por Carlos Romero Deschamps se sirvieran con la cuchara grande de los ingresos generados por la estatal la llevaron a la situación actual. Todas las medidas que tomó hasta ahora López Obrador es pagar la deuda e inyectar fondos. Y busca retomar la apertura a las trasnacionales, como explicamos acá, para sean las principales beneficiarias de las ganancias de Pemex.

¿Hay otra salida? Sí: primero, no pagar la deuda de la petrolera y segundo, expropiar a quienes saquearon las arcas nacionales, como Peña Nieto, Lozoya, Fox, Calderón y sus amigos, para obtener fondos para la operación de Pemex. Pero a la vez es necesario reformular la exploración, extracción y refinación de hidrocarburos, para minimizar el impacto ambiental, algo que sólo pueden hacer las y los trabajadores con el asesoramiento de científicos y técnicos que no sean comprados por las trasnacionales y las administraciones de turno.

Sólo las y los trabajadores petroleros, organizados desde las bases, democráticamente, pueden expropiar sin pago los sectores de Pemex entregados a las trasnacionales, hacer operar la empresa y administrar sus utilidades en beneficio de la mayoría de la población.






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