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ANÁLISIS

Cuando la muerte viaja en tren: Ebrard, Slim y el metro de la línea 12

Un reportaje de investigación de The New York Times levantó revuelo. Uno de los presidenciables y el principal magnate de México en la mira. Sheinbaum busca poner paños fríos.

Lunes 14 de junio | 21:34

Un proceso de construcción apresurado y materiales de mala calidad es la respuesta a la pregunta “¿Por qué colapsó la línea 12?” con la cual abrió su portada el NYT el pasado domingo.

El periódico estadounidense fundamenta su reportaje en documentos gubernamentales, entrevistas con ex trabajadores de las obras del metro de la línea dorada y análisis de expertos. Ebrard, ya con la mira de una candidatura presidencial cuando era jefa de gobierno de Ciudad de México, y Carlos Slim, el magnate propietario de Carso Infraestructura y Construcción, la empresa que sin experiencia en este tipo de obras, edificó el tramo que colapsó, son quienes aparecen como responsables directos de los fallos en la construcción.

Según NYT, el entonces jefe de gobierno apuró las obras aún cuando no se contaba con un plan ejecutivo, lo cual fue una de las causas de las fallas de la infraestructura. Recuerda también el medio estadounidense los 14 meses de autoexilio de Ebrard tras las críticas al metro.

En 2017, luego del sismo de septiembre, la administración que sucedió a Ebrard, en manos de Miguel Ángel Mancera, el policía encumbrado como jefe de gobierno de la mano del PRD, una inspección identificó fallos en la construcción original, “entre ellos el vaciado de concreto y componentes de acero faltantes”.

Ante los cuestionamientos, Ebrard, hoy canciller y uno de los posibles presidenciables del Morena, refutó que la obra está certificada “por el consorcio integrado por las empresas DB International, GMBH, ILF BERATENDE INGENIEURE A. G., TÜV SÜD RAIL GMBH y HAMBURG CONSULT GMBH, de 2012), el de ILF CONSULTING ENGINEERS (2013), el de SYTRA (2014), el del Colegio de Ingenieros Civiles de México (2014), además de la resolución del Tribunal Superior de Justicia del Distrito Federal (2017)”.

Como si en este sistema donde todo es reducido a una mercancía, los altos funcionarios y las grandes empresas no pudieran negociar una certificación. Su cinismo no tiene límites.

A su vez, el titular de Relaciones Exteriores, busca desviar la responsabilidad sobre Miguel Ángel Mancera, ya que los documentos sobre el mantenimiento del metro permanecen reservados.

Ambición y privilegios del poder

Lo cierto es que nadie está limpio: ni Ebrard que promovió el proyecto desde sus inicios con defectos estructurales graves, ni Mancera que lo recibió y dejó que funcionara en esas condiciones ni Claudia Sheinbaum. La nefasta combinación entre problemas de construcción y falta de mantenimiento se cobraron la vida de 26 jóvenes, trabajadoras y trabajadores.

Sheinbaum reclama que no se haga política con la tragedia. AMLO acusa a la derecha de sembrar la discordia entre la jefa del gobierno de Ciudad de México y el canciller, sus favoritos para sucederlo de cara a las elecciones presidenciales de 2024.

Pero la crisis del transporte público en el que millones de personas se trasladas a sus trabajos, a sus hogares, a sus escuelas, es un problema político. La turbia asociación entre las grandes constructoras y los gobiernos de turno también, porque a cambio de miles de millones de pesos y proyección para su carrera política en los más altos cargos están dispuestos a sacrificar familias trabajadoras.

El destino de millones no puede quedar en manos de quienes se mueven por el lucro y los privilegios. Las y los trabajadores del metro, organizados en forma independiente, desde las bases y sin la burocracia sindical que acepta todo de los gobiernos de turno, junto con los usuarios, deben administrar este transporte sin altos funcionarios.

Son ellos quienes deben hacer inspecciones minuciosas de todo el sistema del metro, definir qué obras de mantenimiento hacen falta e imponer la gratuidad de este transporte. Que se financie con impuestos extraordinarios a Carlos Slim y el resto de los grandes magnates, que antes, durante y después de la pandemia, han demostrado que para ellos las vidas de la clase obrera no valen nada.

Contra su cinismo y su prepotencia, las y los trabajadores debemos demostrar con la lucha y la movilización, que nuestras vidas valen más que sus ganancias.






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