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Red Internacional

El aumento de la violencia no ha cesado. Junto a las agresiones, se han convertido en la primera causa de muerte en jóvenes de entre 15 y 34 años en México. Tan sólo entre enero y junio del 2021 fueron asesinados 8,448.

Emilia Macías@EmiliaMacas1

Miércoles 9 de febrero | 18:26

México. Tan sólo entre enero y junio del 2021 fueron asesinados 8,448 jóvenes.
Las cifras son terroríficas: de acuerdo con el Inegi, en total se registraron 16,972 homicidios durante la primera mitad del 2021, de los cuales la mayoría son de población masculina, relacionadas a “ajustes de cuentas”, agresiones directas o enfrentamientos violentos.

En el caso de las mujeres, la mayoría de estos crímenes están relacionados con la cuestión de género, o sea, feminicidios. Y seguro la realidad es mucho más cruda, pues no se cuentan las desapariciones, los cuerpos irreconocibles, los casos no denunciados, etc.

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Aunque las complicaciones por Covid-19 se ha convertido en la principal causa de muerte de la población total, siendo 145,159 descensos en el periodo ya mencionado (enero a junio del 2021), ni el confinamiento por la pandemia logró frenar la ola homicida en el país. Latina Consultores reportó que el año pasado, las dinámicas violentas en contextos pobres y zonas controladas por organizaciones criminales dejaron 24,807 homicidios.

Porque claro, la violencia hacia la juventud es principalmente hacia las y los que viven en las zonas más pobres y de la periferia de las ciudades principales. El discurso de las instituciones para justificar este terrible fenómeno ha sido estigmatizar y criminalizar a la juventud de los estratos populares señalando a las víctimas como partícipes de actividades ilegales (como el caso de Ayotzinapa) naturalizando la represión.

Después de tres años del comienzo de la supuesta Guerra contra el Narco impulsada por el gobierno de Felipe Calderón, el Inegi reportó que entre 2007 y 2009 el asesinato pasó a ser la primer causa de muerte entre jóvenes de entre 15 y 29. La militarización del país no hizo más que profundizar la crisis de violencia al interior del país.

Ahora, la promesa de López Obrador por desmilitarizar el país se vuelve cada vez más lejana. Al suplir al Ejército por la Guardia Nacional como un organismo “del pueblo para el pueblo” el gobierno prometió que la violencia disminuiría, pero ha pasado todo lo contrario, pues se pone en manos de un cuerpo armado acusado por violar una cantidad impresionante de derechos humanos.

La policía tampoco se queda atrás, pues detiene, extorsiona, violenta y asesina a jóvenes por verse “sospechosos” como el caso de José Eduardo Ravelo, quien fue golpeado y violado por los elementos policíacos y días después falleció en el hospital.

La policía y la Guardia Nacional trabajan coludidos con el narco, las redes de trata y con los famosos “polleros” que se encargan de atravesar a millones de migrantes entre fronteras. Es imposible acabar con la violencia si la solución propuesta por el gobierno es la misma que la imparte.

Muchas veces, la juventud se ve orillada a insertarse en las filas de la delincuencia organizada por la circunstancia económica y cultural que atraviesa. O son asesinados a fuego cruzado por vivir en zonas donde es recurrente el conflicto entre cárteles y elementos de seguridad.

La precarización de la juventud también es un fenómeno que va al alza aceleradamente, y se relaciona completamente. Son miles las y los que tienen que trabajar en vez de estudiar, que laboran 8, 10 y hasta 12 horas, seis o siete días a la semana, con turnos rotados y sin estabilidad, con horarios de entrada pero no de salida. La crisis económica originada por la pandemia ha recaído en los hombros de la juventud trabajadora.

Por su parte, es claro que el gobierno no tiene nada qué ofrecer a una juventud que se enfrenta cada vez más al desempleo, a la precarización, a la violencia y en el contexto actual, al riesgo por contagio de coronavirus. Los programas como “Jóvenes Construyendo al Futuro”, “Pilares” o las becas para los distintos sectores no resuelven el problema de raíz ni permiten un mejor desarrollo económico y social para nosotras y nosotros, pues no alcanza ni para la canasta básica y profundiza la precarización laboral.

Por esto, opinamos que ya no da más el gran peso que tiene el Ejército disfrazado de una Guardia Nacional que violenta a la población más pobre y a los sectores de la población más discriminados. Que el presupuesto otorgado a la GN y a la policía sea completamente destinado al servicio de satisfacer las necesidades básicas de las grandes mayorías como educación, salud y cultura.

Es urgente organizarse y denunciar que el carácter de la violencia es estructural. Por un país sin fosas clandestinas, sin feminicidios que arrebatan la vida de 11 mujeres al día, sin juvenicidios, sin crímenes de odio, sin que la clase trabajadora tenga que continuar laborando en condiciones precarias.

Y no es ninguna utopía. Todo esto puede suceder si organizamos un movimiento masivo que abrace la exigencia de desmilitarización inmediata del país, que denuncie la colusión del Estado y el crimen organizado, contra el brazo armado que defiende a la burguesía, contra la precarización de la vida. Te invitamos a la Agrupación Juvenil Anticapitalista para organizarte por una vida que merezca ser vivida.




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