Sociedad

TRIBUNA ABIERTA

Dejar una religión: una experiencia personal

Cuando se es una persona que empieza a mirar la realidad con ojos críticos se vuelve muy difícil ignorar lo que una Institución como la Iglesia ha cometido a lo largo de los años. Este texto es una experiencia personal que deseo compartir, pues en ocasiones resulta necesario dar un vistazo crítico a todo lo que creemos.

Lunes 6 de febrero de 2017

Es pertinente empezar por aclarar que respeto el derecho de todas las personas a tener una creencia, sin embargo en ocasiones resulta necesario dar un vistazo crítico a todo lo que creemos.

Vivir en un país donde pareciera que la religión ha sido, no sólo una necesidad, sino parte esencial de su historia, la imposición de la cruz a un pueblo que ha aceptado que comete pecado por prácticamente todas sus acciones, para beneficio propio o de unas cuantas personas es lo que me llevó a cuestionar si realmente creía en lo que durante toda la vida se me había inculcado.

Jamás estuve de acuerdo en “temer” a quien describen como “Amor”, sentir que cada acción debe juzgarse de forma moralista y conservadora, como “buena o mala”, y que por más esfuerzo que haga terminaré yendo al “infierno”.

Tampoco he estado de acuerdo con la posición que toman quienes predican la doctrina y los innumerables casos de abusos cometidos por estas mismas personas. Dirán que no son todos, de acuerdo, pero estos, muchos, han resultado protegidos por una Institución que de “Santa” no tiene nada. Solo hace falta mirar la historia de la colonización para darse cuenta de ello.

Actualmente, el rol de que ha jugado la iglesia ha sido cada vez más reaccionario. Hablan de “amor” y suena muy bien, pero a la vez pelean porque sectores de la población sigan sufriendo la desigualdad en sus derechos, y se laven las manos usando el nombre de "Dios". Pegan de gritos por el derecho de una mujer a decidir sobre su cuerpo, niegan la posibilidad a personas de establecer relaciones legales, incluso justifican a políticos cuando cometen actos de corrupción. En fin, tratan de enseñarnos a vivir “en sociedad” y predican la mansedumbre frente a la miseria y el yugo.

Cuando se es una persona de sectores populares, consciente y que empieza a mirar la realidad con ojos críticos se vuelve muy difícil ignorar lo que una Institución como la Iglesia ha cometido a lo largo de los años. Ahora, creo que rogar a un “ente superior” en las alturas, depositar todas las ilusiones en una vida mejor en el más allá, lleva a que el pueblo se resigne y acepte mansamente su situación.

La finalidad de este texto no es imponer creencias de ningún tipo, tampoco que abandones la religión que actualmente prediques, pues no se trata de declararle la guerra a las creencias. Lo que se pretende lograr es despertar la mirada crítica de quienes movemos día a día los engranes de este planeta, es que empecemos a tomar conciencia de que somos parte de un sistema podrido que no tiene nada que ofrecer más que miseria. Vivimos en un momento de la historia donde es necesario tomar conciencia de la realidad y tomar partido. Yo ya decidí, mi lugar es con quienes luchan contra la opresión, la explotación y la miseria, con quienes alzan la voz y no se callan pues, tal vez no podamos corregir de inmediato las miserias del mundo, pero podemos luchar por mejorarlo.






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