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Red Internacional

Niños y niñas regresan después de un año a las aulas, pero la realidad es que, al llegar se encuentran con que no hay protocolo alguno, y los y las familiares han tenido que aportar económicamente para el mantenimiento y limpieza de las escuelas. A pesar de que oficialmente se tiene programado el regreso a clases para el 30 de agosto, hay escuelas que ya han regresado.

Emilia Macías@EmiliaMacas1

Martes 24 de agosto | 17:40

A más de un año de clases en línea, los y las niñas han regresado a presenciales a pesar de que la pandemia no ha llegado a su fin. Los padres y madres de familia se han encontrado con que no hay condiciones óptimas para que sea seguro estudiar en las escuelas.

La Secretaría de Educación Pública (SEP) es fuertemente criticada, pues a las escuelas no se les ha garantizado insumos, infraestructuras y conectividad; lo único ha sido la compra de espacios televisivos para el programa Aprende en Casa, pero no hay cambios en la estructura, en los programas y mucho menos en sus presupuestos.

Los y las que han tenido que invertir en el trabajo de la limpieza escolar como en los insumos, son las madres y padres de familia en los “Comités Participativos” que se supone que también eran conformados por la dirección escolar.

Además, no hay ningún lineamiento oficial y claro que explique cómo se vuelve a clases o quiénes vuelven. Han dejado esto como responsabilidad de cada escuela sin acompañamiento académico o apoyo de especialistas. Sólo ha habido publicaciones de la SEP, por ejemplo:

Es claro que no existen las condiciones para un regreso a clases seguro. Además el apuro por volver a clases presenciales responde a la política de la reactivación económica total, llegando incluso a decretar a la educación como sector esencial. Nos han demostrado que no les interesa la educación o la salud mental y física de las y los niños.

El confinamiento ha tenido muchas repercusiones terribles para adolescentes, niños y niñas, los programas en línea y el Aprende en casa —los cuales le han generado una fortuna a Salinas Pliego— no fueron pensados desde un plano pedagógico, complicando los procesos de aprendizaje. El rezago educativo, es algo que tampoco interesa a las autoridades educativas, pues no esta claro como este podría revertirse con la vuelta a las aulas. Esto además dignificó un aumento en la carga laboral para las y los docentes.

Sin la seguridad de que el regreso a presenciales no sea un riesgo tanto para estudiantes como para la familia, en tanto que aun el conjunto de la población no está vacunada, es irresponsable exponerles al contagio, pues no hay manera de asegurar que no haya hacinamiento en grupos que rebasan los 40 alumnos.

Es inaudito que la SEP y el Estado ni siquiera garantice los insumos mínimos —gel antibacterial, cubre bocas, agua, jabón— para estudiantes y profesorxs, mientras sigue la insistencia de no cerrar las escuelas a pesar de que haya contagios y que las familias han dicho que no hay condiciones óptimas en las encuestas.

Una medida mínima para el regreso a clases seguro es la vacunación universal, algo que el gobierno federal ha dejado en claro que no va a hacer, pues no vacunara a infantes, pese a que los contagios van en aumento en este sector a partir de las nuevas variantes de COVID-19.

Esto vinculado a exigir que se garantice -hasta en la escuela más recóndita- la seguridad (insumos, infraestructura acorde) para estudiantes, profesoras y profesores, así como para todo el personal de intendencia.

Los y las que sabemos cuándo y cómo podemos regresar somos quienes damos vida a las escuelas: docentes, trabajadores, estudiantes y padres y madres de familia. Por esto es importante conformar asambleas para poder discutir las condiciones para un regreso seguro, vinculado a la lucha por un aumento presupuestal y la gestión de los recursos para cubrir todas las necesidades de las escuelas.




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