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Red Internacional

Centroamérica. Deporte y geopolítica: Nuevo estadio en El Salvador, financiado por China

Un estadio con capacidad para 50 mil personas, nuevo episodio del acercamiento del gobierno de Bukele a Pekín. Quinientos millones de dólares de inversión china como parte de un plan firmado en 2019.

Bárbara FunesMéxico D.F | @BrbaraFunes3

Viernes 7 de enero | 22:17

Las obras de este estadio ‒semicubierto y de formas redondeadas‒, que se destinará a la selección nacional salvadoreña de fútbol y a conciertos, iniciarán en este 2022, con fondos no reembolsables aportados por China. Se edificarán en los terrenos donde ahora está la Escuela Militar de la Fuerza Armada, en la periferia oeste de San Salvador, la capital.

Pero a pesar de las declaraciones de Bukele y de diplomáticos chinos, este desarrollo, que se suma al de una planta potabilizadora de agua y de la nueva Biblioteca Nacional de El Salvador, no son desinteresados.

Se inscribe en el proyecto de la Nueva Ruta de la Seda, lanzado por China en 2013, en el cual Centroamérica tiene un papel más estratégico que económico. En 2018 El Salvador rompió relaciones con Taiwán, y se sumó así a Costa Rica y Panamá, que hicieron lo propio en 2007 y 2017 respectivamente.

De acuerdo con distintos medios, está en desarrollo una Zona Económica Especial (ZEE) en El Salvador por la cual el gobierno de este país concesionará 14% del territorio a China. El plan del gobierno de Xi Jinping es desarrollar una zona de libre comercio en el sureste de El Salvador, un área considerada estratégica de casi 2,800 kilómetros cuadrados al norte del Golfo de Fonseca, del Puerto de La Libertad al de La Unión, con accesos a Honduras y Nicaragua. La inversión rondará los 23,000 millones de dólares y se construirá un parque industrial, un puerto, un aeropuerto y zonas turísticas. En la ZEE China tendrá exenciones fiscales y podrá obrar a su antojo, por ejemplo, en cuanto a condiciones laborales.

¿Pero la importancia de la relación de El Salvador con China es económica? No, China no es su principal socio comercial. Su importancia, a pesar de las declaraciones de inocencia de la diplomacia de Pekín, es geopolítica. Consigue un puesto de avanzada más en el tablero donde disputa el liderazgo mundial a Estados Unidos.

Bukele y su confrontación con EEUU

El anuncio de las obras del estadio tiene como trasfondo la tensión entre Bukele y el gobierno de Biden. Dos años después de haber asumido la presidencia de El Salvador, cuando afirmó que Estados Unidos era su principal socio y todavía gobernaba Trump, busca distanciarse de momento del imperialismo estadounidense.

La destitución de los jueces de la Sala de lo Constitucional en mayo de 2021, llevada a cabo por la Asamblea Legislativa de mayoría oficialista, una medida bonapartista realizada con el apoyo por militares y policías, fue cuestionada por distintos organismos internacionales y por Washington, que acusaban de ir “contra la división de poderes”.

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El establecimiento del Bitcoin como una divisa nacional, que convirtió al de Bukele en el primer gobierno del mundo en tomar esa medida, es interpretada como un desafío a Estados Unidos porque la economía salvadoreña está dolarizada. La lectura de algunos analistas es que es una manera de “desdolarizar el país, sin hacerlo por completo”.

Sin embargo, a pesar de todo, la relación con Estados Unidos sigue siendo significativa: alrededor de un tercio de las y los salvadoreños vive ahí, y la migración no tiene visos de terminar. Las remesas enviadas por los migrantes desde Estados Unidos contribuyen aproximadamente al 20 % del PIB salvadoreño. Además, cerca de la mitad de las exportaciones de este país centroamericano se destinan a Estados Unidos.

Evan Ellis, un profesor de estudios latinoamericanos del Instituto de Estudios Estratégicos del U.S. Army War College, entrevistado por El País se horroriza por la violación de la soberanía que hará China en El Salvador. Pero su naturaleza de nacionalismo imperialista deja de lado, por ejemplo, los efectos devastadores de la intervención del imperialismo estadounidense durante la administración de Ronald Reagan.

Apoyarse en China en esta coyuntura esa es la política del gobierno de Bukele, y nada bueno puede traer para la clase trabajadora y los sectores populares de El Salvador. Toda vez que entre los resquicios que dejan las disputas entre las grandes potencias no pueden ser aprovechados en favor propio y del pueblo centroamericano, ya que la política de empresarios y trasnacionales es entregar los recursos nacionales al mejor postor.

La potencia hegemónica en el patio trasero lationoamericano, Estados Unidos, tendrá la oportunidad de acotar esta política de penetración económica y geopolítica de sus adversarios chinos pues en este año se negociará un nuevo acuerdo con el FMI, el cual, de concretarse, implicará un castigador recorte de 4% del PIB, lo cual se traducirá en un nuevo ajuste para el pueblo, y tal vez se configure un escenario de descontento social, como el que se dio el 15 de septiembre de 2021, bicentenario de la independencia, llamado por los manifestantes “día de la resistencia".

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Con información de El Salvador.com, La Prensa de Honduras, Deutsche Welle, France24, El País, BBC y Heinrich Böll Stiftung




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