Géneros y Sexualidades

LGBT

Despatologización vs transfobia; ¿en qué condiciones está la comunidad trans en México?

El 17 de mayo de 1990 la OMS, sacó de la clasificación internacional de enfermedades (CIE 10) a la Homosexualidad. Por esto hoy se conmemora el día internacional contra el odio a la diversidad sexual; un mes y 28 años después, la OMS sacó del CIE 11 a la transexualidad. Con motivo de conmemorar la despotalogización de la homosexualidad, pensemos en qué condiciones se encuentra la comunidad LGBT y que causa esta situación.

Domingo 17 de mayo | 17:48

El 17 de mayo de 1990 la OMS, sacó de la clasificación internacional de enfermedades (CIE 10) a la Homosexualidad. Por esto hoy se conmemora el día internacional contra el odio a la diversidad sexual; un mes y 28 años después, la OMS sacó del apartado de “trastornos de la personalidad y el comportamiento” en el CIE 11 a la transexualidad, que pasó a pertenecer al apartado de “condiciones relativas a la sexualidad”, esto siendo un gran avance para la despatologización de las personas transexuales.

Aunque ya hace 30 años que la Homosexualidad dejó de ser considerada como un trastorno mental, todavía en 72 países en el mundo la homosexualidad está penada; en México, a pesar de que la homosexualidad no está penada, entre los años 2013 y 2018 hubo 473 asesinatos de personas LGBTI, siendo el 55.2% mujeres trans, como indica el informe sobre crímenes de odio de la organización Letra S.

Según la Red Latinoamericana y del caribe de personas trans (REDLACTRANS) el promedio máximo de vida de una persona trans es de 41.25 años, mientras que la de la población en general es de 75 años.

La Encuesta Nacional sobre Discriminación y Juventudes realizadas por Yaaj A.C. expresa que de 1079 personas encuestadas pertenecientes a la comunidad LGBTI de entre 29 y 12 años, el 62% fue violentando en la escuela, 41% asegura haber sido marginado o excluido del ambiente familiar, mientras que a un 30% la policía les ha violentando algún derecho.

Mientras que en el diagnostico situacional de personas LGBTIQ en México 2015 se concluyó que, de las 6,596 personas encuestadas, un 63% ha sufrido algún tipo de discriminación por su orientación sexual y/o identidad de género, que a un 38.64% de la población Trans le negaron algún servicio y un 36.4 han tenido la idea de suicidarse.

Como podemos poder ver con estos datos, aún falta un largo camino para poder acabar con los crimines de odio y la discriminación a la comunidad LGBT. Ser homosexual o trans ya no se considera un desorden mental, en la constitución está asentada la discriminación por motivos de inclinación sexual como algo ilegal y en la Ciudad de México es legal el matrimonio igualitario y existe la tipificación de los crímenes de odio; sin embargo, como decía Lenin, “la igualdad ante la ley no es la igualdad ante la vida”, menos aún en un sistema capitalista y patriarcal, y las cifras antes expuestas lo comprueban.

Ante este difícil ambiente de discriminación y exclusión que viven las personas LGBT, nos hace preguntarnos, y más en este día: ¿qué es lo que provoca todo esto?

El heteropratiacado

La homolesbitrasfobia surgió con la imposición patriarcal de lo que es “normal”, imponiendo así como debía ser un hombre (Fuerte, Valiente, alguien que no llora) y una mujer (dócil, obediente, sensible), es decir, los roles de género, esto sirviéndole al capitalismo, junto con la Familia (Heterosexual), lo utilizó para que las mujeres, madres, se quedaran en casa haciendo el trabajo doméstico mientras los hombres salían a trabajar y generar las ganancias del patrón; no siendo muy diferente años después, cuando las mujeres empezaron a incorporarse al ámbito laboral haciendo una doble jornada.

Así y todo, aquel que se saliera de esta heterónoma era, y es, sentenciado con, por ejemplo, las leyes burguesas, como lo es en los más de 70 países que la homosexualidad es un delito o utilizando a la misma familia que castiga a sus integrantes excluyendo y dejando bien en claro que está mal ser un “desviado”.

El patriarcado junto con el capitalismo ha intentado imponer la heteronorma de distintas maneras, desde utilizar instituciones milenarias como lo son la familia y la iglesia para castigar y aterrorizar a quienes se salían de la normalidad impuesta, hasta valerse de la “ciencia” para justificar esta normalidad y patologizar a la comunidad LGBT, como se puede ver en la psiquiatría, que a quienes se salían de esta heterónoma se los catalogaba como enfermos mentales, dando paso (y justificación) a diversas leyes homofóbicas que permitían poner a todas estas personas incomódas para el heteropatriarcado y su “normalidad” impuesta en manicomios o en cárceles, o dar paso a atroces prácticas (que en muchos lugares siguen existiendo) para buscar una “cura” de la homosexualidad, que partía de la tortura para lograr su cometido.

Claro que estas prácticas de patologizar lo no convencional también están ligadas a los capitales de la industria farmacéutica para que los capitalistas se enriquezcan más a costa de la medicalización de la vida, como explica Allen Frances, uno de los autores del Manual de Diagnóstico y Estadístico de Trastornos Mentales III (DSM III), en su libro ¿Somos todos enfermos mentales?.

Un claro ejemplo de que quien se aleja a la heteronorma es castigado son las personas trans, quienes probablemente son lxs que más retan la heteronorma, y esto en una sociedad capitalista y patriarcal regida por ella, trae consecuencias. La comunidad trans se ve normalmente forzada a recurrir al trabajo sexual o fungir como estilistas, pues son comúnmente excluidxs y discriminxs para ocupar otros puestos de trabajo, además de tener promedios de vida mucho más bajos que la mayoría de la población, esto mucha veces provocando depresión y ansiedad como consecuencia de la misma discriminación, tal y como muestran estudios anteriormente citados (diagnostico situacional de personas LGBTIQ en México 2015 y el informe sobre crímenes de odio de la organización letraese).

A pesar de que el panorama es desolador, es posible hacerle frente a todo esto, pero para eso es necesario impulsar un movimiento de la diversidad sexogenérica para pelear por todos nuestros derechos. Ahora esto es más urgente que nunca, pues con la pandemia la precarización laboral aumenta, y siendo que nosotres, como parte de la comunidad sexodiversa somos de los sectores sobre quienes recaerá la crisis que se viene, hay que pelear por derechos laborales, cupo trans, y salarios de descanso al 100% para todos los y las trabajadoras de la diversidad. Además, hoy luchar contra el desmantelamiento de la salud pública implica también que todos los hospitales sean abastecidos con medicamentos retrovirales para VIH.

Esto debe ser financiado con impuestos progresivos a todos los empresarios que en la marcha del orgullo salen hipócritamente a celebrar la diversidad mientras continúan precarizando a todos sus trabajadores. Además, puede reducirse a cero el presupuesto a la Guardia Nacional y la militarización del país, que profundiza la violencia y dispara los números de feminicidios y transfeminicidios.

Así como en los años 60 y 70, organicémonos con perspectiva anticapitalista; en esos años, la diversidad sexogenérica se alzó en contra de la represión de la diversidad sexo-genérica. Esta lucha tiene que ser también en unidad con el movimiento de mujeres, las otras grandes oprimidas por el patriarcado, para juntos luchar contra la alianza criminal patriarcado-capital con el horizonte de construir una sociedad en la que no haya ni explotados, ni oprimidos.






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