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TRIBUNA ABIERTA

Despidos ante la pandemia: testimonios de un docente de la UACM en lucha

Los que se dicen humanistas ahora demuestran que ese discurso sólo les sirve para obtener presupuesto, porque sintiéndose la cabeza de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM) no escuchan y, peor aún, desconocen a miembros de su comunidad, como a los profesores de asignatura.

Sábado 28 de marzo | 22:56

El discurso incluyente y democrático es lo que diferencia a la UACM de otras instituciones de educación superior. Nos permitió identificar la situación de desigualdad de nuestra sociedad y con todo lo que me identifiqué como estudiante de la universidad en aquellos tiempos.

Pero su proyecto innovador y dirigido a todos los habitantes de la Ciudad de México, en especial a los marginados del sistema, se fue perdiendo en la última década y ya siendo docente me enfrentó a señalamientos, comportamientos y comentarios elitistas dentro de la institución.

Los que se atrevieron a reclamar derechos humanos laborares, como la estabilidad en el empleo, salario digno, seguridad social fuimos marginados y excluidos de su planta académica a pesar de haberle entregado años de servicio.

Las autoridades dividen a sus docentes en los de primera y los de obra determinada o segunda clase.

Ante una pandemia lo más inhumano por parte de un patrón hacia el trabajador o trabajadora es despedirlo y quitarle su derecho adquirido a la seguridad en salud y de salario digno.

Cuando era estudiante abracé honestamente los ideales de “Nada humano me es ajeno”. Hoy refrendo ese compromiso, sin embargo, las autoridades de la UACM me han invisibilizado, porque para ellos los años en que demostré capacidad para cumplir las labores docentes no valen, violando derechos laborales y el Contrato Colectivo de Trabajo, al igual que a muchxs de mis colegas.

No obstante, como profesores de asignatura somos parte de la comunidad uacemita le pese a quien le pese.

Es más preocupante para mí, en mi calidad de despedido en plena epidemia, que la UACM esté enseñando ahora a excluir, a distinguirnos entre nosotros en lugar de enseñar la virtud de la equidad social.

Qué atrevimiento tienen aquellos que hoy enfrentan una pandemia con la certidumbre de que su esfuerzo les es reconocido con empleo estable y continuo, señalarnos como "golpistas", cuando le entregamos nuestra dedicación a esta institución que es de todos, no de sus autoridades; con condiciones desiguales con respecto a nuestros compañeros de trabajo durante años y que hoy nos desconocen.

La pandemia del egoísmo y falta de empatía es más peligrosa que otras.






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