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¿Educación sexual incompleta?, segunda temporada de Sex Education

La comedia británica logró, una vez más, empatía con miles de jóvenes alrededor del mundo y demostró que los tabues de hace diez años hoy no existen más.

Miércoles 29 de enero | 22:51

En diversas ocasiones las series con temática adolescente han intentado reflejar de distintas formas la vida que nos envuelve día a día, donde temas como el sexo, las drogas, los abortos, las diversas formas en que nos podemos relacionar e incluso nuestra propia sexualidad nos genera dudas que no son particulares.

En esta ocasión la serie pensada por Laurie Nunn y producida por Jon Jenning vuelve para enseñarnos que estos temas han dejado de ser un tabú, y que por el contrario existe una necesidad de la juventud por hablar de ello. Esto de la mano de nuevos personajes como el sensual francés Rahim (Sami Outalbali) quien mantiene una relación con Eric, Viv quién a pesar de sus múltiples conocimientos siente un estancamiento sexual e Isaac (George Robinson) un chico en silla de ruedas que entabla una relación amistosa con Mave (Emma Mackey).

Todo comienza con un brote de clamidia que demuestra la poca información que es manejada por los jóvenes respecto a las ITS y su contagio, a pesar de que es una de las cosas que las escuelas procuran involucrar en su educación sexual.

La serie ha tenido bastante éxito a lo largo del mundo pues cuenta con una trama interesante y dinámica y podemos ver reflejadas situaciones cotidianas tanto de la juventud como de los adultos que conviven con ellos y que además pasan por situaciones similares como le sucede a la Dra. Jean F. Milburn (Gillian Anderson), a quien después de muchos años la vida se le complica en el momento que conoce a un intrigante plomero que termina por moverle el tapete.

La variedad de personajes con la que cuenta el elenco de este rodaje nos muestra una alta gama de situaciones. Lo podemos ver con Aimee Gibbs (Aimee Lou Wood) quien sufre una agresión sexual en el transporte público que más tarde le genera cierta inseguridad hasta un punto donde se vuelve imposible usarlo; el problema de introspección de Otis (Asa Butterfield) e incluso la negación de ciertos personajes adultos a entablar diálogo con esta nueva generación y sus demandas.

La educación sexual no se reduce a saber usar métodos anticonceptivos

Aún ahora, pero más acentuado hace algún tiempo, el sexo era uno de los tabúes más comunes dentro de nuestra sociedad, lo que provocó que en la mayoría de las escuelas públicas en México la Educación Sexual se redujera a conocimientos generales de las enfermedades de transmisión sexual, de los métodos anticonceptivos, el funcionamiento de los aparatos reproductivos, la advertencia sobre embarazos no deseados, etc.

Esto omite que una Educación Sexual Integral (ESI) incluye entender sin tapujos la autoexploración, el auto goce y el disfrute, acompañado de una enseñanza de respeto hacia nuestro propio cuerpo y el de los demás, con un entendimiento profundo y no moral de la responsabilidad sexual y afectiva, e incluso el saber qué hacer ante situaciones de riesgo y violencia sexual.

Las cifras en México según citas oficiales manifiestan que una de cada 10 mujeres adolescentes ha concebido un hijo y ha empezado su vida sexual a los 15. Por otro lado, 44.9% de las mujeres de entre 15 y 19 años tuvieron su primera relación sexual sin protección, siendo esta una de las principales causas del embarazo adolescente.

Esto nos encamina a un cuestionamiento de las formas que las escuelas tienen para impartir este tipo de educación, que hoy en día debería de ser parte del plan de estudios. Es decir, una materia más como matemáticas o inglés, impartida desde preescolar hasta nivel superior de forma gradual y consecutiva, con programas científicos y no sexistas, de forma laica y gratuita, que permita un autoconocimiento de nuestros cuerpos y sexualidad, es decir que cuente con una ESI.

En este contexto se enmarca la decisión del gobierno de la 4T de implementar la visión y participación eclesiástica en "la reconstrucción del tejido social", bajo la influencia de asociaciones religiosas católicas y evangélicas. Organizaciones que han declarado abiertamente su desacuerdo en cómo la - ya de por si deficiente- educación sexual en el sistema educativo mexicano aborda, por ejemplo, el matrimonio y la sexualidad sin reivindicaciones morales, visión contrapuesta a su perspectiva pro-vida.

Es momento de abolir ideologías patriarcales y reaccionarias donde la actividad sexual, e incluso el cuerpo de las personas gestantes como las mujeres u hombres trans, es únicamente para la reproducción. Y abrir el horizonte a que esta puede ser para el disfrute de la juventud, sin culpas, creencias erróneas, discriminación o violencia, de una forma segura y responsable donde el conocimiento permita la libertad para decidir sobre nuestros cuerpos y el ejercicio de nuestra sexualidad.






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