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Ejército reprime a indígenas de Ostula: hay muertos y heridos

Un nuevo escándalo en México levanta indignación. El domingo 19, el Ejército y la Marina dispararon contra indígenas de la comunidad de Ostula que protestaba por la detención del líder autodefensa y de la policía comunitaria. Se reportan 4 muertos, uno de 12 años.

Leah Muñoz

@DanmunozDan

Lunes 20 de julio de 2015

El 19 de julio por la mañana, un enorme destacamento del Ejército y la Marina, secundados por patrullas de la Fuerza Ciudadana, detuvieron sin órdenes de aprehensión al autodefensa Semeí Verdia -sin explicar los motivos- en la comunidad de Santa María Ostula. Fue trasladado en helicóptero a Morelia.

Mientras, otro grupo del ejército impactó sus vehículos sobre los puestos de vigilancia de la policía comunitaria y grupos de autodefensas de la costa-sierra y realizaron disparos. Horas más tarde, otro grupo del ejército, violentamente intentó detener a miembros del Comisariado de Bienes Comunales de Ostula. Esto lo denunció el Equipo de apoyo y solidaridad con la comunidad indígena de Santa María Ostula y en su actualización de las 19:30 horas, informaron que Semeí Verdia ha sido presentado ante la PGR de Morelia.

Así pues, en protesta y exigencia de la liberación inmediata de Semeí, los habitantes de Ostula se movilizaron y bloquearon las vías a las comunidades Duín e Ixtapilla. La respuesta del Estado fue brutal. El Ejército Mexicano y la Marina Nacional abrieron fuego indiscriminadamente y lanzaron gases lacrimógenos contra los indígenas de Ostula.

El saldo después de que los militares abrieran fuego fue de al menos 4 muertos y varios heridos. Entre los heridos hay niños de 4 a 6 años, además de que un niño de nombre Edilberto Reyes García murió por el impacto de los disparos.

También informó el Equipo de Solidaridad con Ostula que la comunidad mantenía retenidos a miembros del ejército que actuaron en las agresiones.

Desactivar a las autodefensas

Semeí Verdia es Primer Comandante de la Policía Comunitaria de Sta. Ma. Ostula y Coordinador General de autodefensas de la costa en tres municipios. Pero ésta no es la primera vez que el Ejército y grupos paramilitares atentan contra indígenas, autodefensas y la policía comunitaria.

Incluso, la mañana del 25 de mayo, el mismo Semeí fue herido por un grupo armado no identificado que emboscó el carro en el que viajaba el dirigente comunal. El del día 19 fue el tercer atentado contra a Semeí.

Esto forma parte de la política del gobierno de desactivar a aquellos grupos de autodefensas que se han organizado para enfrentar la violencia generada por los grupos del narcotráfico. El intento de detención forma parte de sostener cierta estabilidad del gobierno en el estado de Michoacán.

Ejército mexicano de historial asesino

Este hecho se da en el contexto de los crecientes actos de represión y violencia a nivel nacional, en los que el Ejército se ha visto involucrado, como la desaparición de siete jóvenes de Zacatecas el pasado 7 de julio por parte de elementos del batallón 97 de infantería, donde semanas después cuatro fueron encontrados muertos con disparos en la cabeza.

Desde el comienzo de la supuesta “guerra contra el narcotráfico” en el gobierno de Calderón, la política de sacar el ejército a las calles -que Peña Nieto ha continuado- no se ha traducido en una disminución de la inseguridad. Al contrario, lo único que ha generado es el incremento de la violencia en el país donde jóvenes, mujeres, migrantes y luchadores sociales son desaparecidos y asesinados.

El ejército, como brazo represivo del Estado, ha sido uno de los principales responsables en los hechos de violencia recientes como lo mostró su participación -que ahora la Procuraduría General de la República reconoce- en el asesinato de 22 civiles en Tlatlaya, Estado de México la noche del 30 de junio del 2014, además de haber estado involucrado en colusión con el narcotráfico en la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa, Guerrero el 26 de septiembre del mismo año.

Se suman a esto, Apatzingán y Tanhuato como otros dos escenarios de masacres que muestran el papel asesino del ejército como brazo represor del Estado.






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