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POLÍTICA EE. UU.

El discurso del estado de la Unión: un Trump racista, imperialista y antiderechos

El presidente norteamericano realizó una presentación digna de una campaña electoral. El golpista venezolano Juan Guaidó estuvo presente y recibió aplausos por igual de demócratas y republicanos.

Miércoles 5 de febrero | 10:05

Foto: EFE

Este martes por la noche el presidente Donald Trump se presentó ante el Congreso norteamericano para realizar el tradicional discurso del estado de la Unión.

Lo que quedó en evidencia, desde el inicio, fue la tensión que recorre la política norteamericana. Dos son las cuestiones principales que la cruzan. Por un lado, el juicio político (impeachment) que se sustancia contra Trump, donde hoy se conocerá la definición del Senado. Con mayoría republicana, todo indica que la causa contra Trump morirá este miércoles.

Por otro lado, de fondo está la campaña electoral que se desarrolla hacia noviembre próximo, cuando se elegirá presidente. El discurso de Trumpo funcionó, en cierto modo, como un adelanto de su estrategia de campaña.

La tensión se hizo evidente desde el inicio. A la ausencia de algunas de las legisladoras más conocida del Partido Demócrata se sumaron los chispazos entre Trump y Nancy Pelosi, la líder de los Demócratas en el Congreso.

Antes de subir a la tribuna de la Cámara de Representantes para hablar, el presidente directamente le negó el saludo. Pelosi es, además, una de las máximas autoridades parlamentarias.

El malestar se mantuvo a lo largo de toda la intervención de Trump. Las cámaras captaron más de un gesto de reprobación de la demócrata. El punto más alto llegó tras el final del discurso, cuando -ante los ojos de todo el mundo- la legisladora rompió la copia del discurso que el presidente le había entregado.

En su discurso -que duró casi una hora y media- el republicano se dedicó a reivindicar el estado de la economía al tiempo que volvió con sus ataques contra los inmigrantes, reivindicando la construcción del muro fronterizo con México.

Trump también aprovechó para atacar a las llamadas ciudades santuario de EE.UU. (aquellas donde se evita perseguir a los inmigrantes irregulares que no están acusados de ningún delito), señalándolas como responsables de “favorecer la delincuencia”.

El discurso implicó la defensa de su mandato, reivindicando en particular los números de la economía. De esta forma marcó el tono de lo que será su campaña electoral.

Dónde no hubo roces entre republicanos y demócratas fue en cuanto a la reivindicación de la ofensiva golpista en Venezuela. Durante el discurso, Trump presentó a Juan Guaidó como “el verdadero y legítimo presidente de Venezuela”. El aplauso fue casi unánime, con excepción de un par de congresistas. El presidente tachó a Maduro de “un dictador que actúa brutalmente contra su pueblo”.

A la hora de la política imperialista, las brechas entre demócratas y republicanos pasan a un evidente segundo plano.






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