SUPLEMENTO

El movimiento estudiantil en su laberinto: a propósito de las elecciones de la UBA

Jesica Calcagno

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Fotomontaje: Juan Atacho

El movimiento estudiantil en su laberinto: a propósito de las elecciones de la UBA

Jesica Calcagno

Cuando todavía el país procesaba el resultado de las PASO, la devaluación y golpes de mercado, llegaron las elecciones de la UBA. Macri fue ampliamente repudiado, pero en la UBA la Franja Morada, radicales ligados al gobierno, fue la ganadora sumando cuatro nuevos centros de estudiantes (Medicina, Psicología, FADU y Sociales en alianza con la UES). El peronismo y kirchnerismo sumó Exactas (desplazando a la Mella) y Filosofía y Letras (superando por 200 votos a la izquierda, en el único centro que mantuvo tradiciones combativas los últimos años). La izquierda retrocedió, especialmente en Psicología, producto de la polarización; en Sociales fue dividida (por la negativa a la unidad de algunas agrupaciones) y sumada mantuvo su espacio. En Filosofía y Letras amplió su apoyo haciendo una muy buena elección, que no alcanzó frente al crecimiento del espacio peronista (a costa de otras listas “intermedias”). En FADU, Derecho y Económicas se mantuvo, y en Medicina fue la primer elección del “Frente de Izquierda” (PTS+IS) con más de 1000 votos. Para ampliar sobre los resultados se puede consultar acá.

Se expresó mayoritariamente un voto conservador con el avance de radicales y peronistas, aunque no puede considerarse directamente un apoyo a su política. Lo que triunfó fue el modelo de centros de estudiantes de gestión. Esta definición incluye necesariamente la consumación del fracaso de la adaptación de la izquierda a ese modelo que inauguró el PO post 2001. Haber ocupado el aparato de servicios de los centros de estudiantes con algunas banderas de izquierda sin transformarlos, allanó el camino como un boomerang para que retornen los originales y auténticos administradores.

Las agrupaciones que en algún momento se postularon “independientes” como La Mella-Patria Grande sufrieron un retroceso. Integradas directamente a la órbita del PJ, serán recordadas por haber colaborado enormemente con la reconstrucción en la UBA del peronismo en sus distintas vertientes.

La alianza entre radicales y peronistas es el esquema de poder que co-gobierna la UBA luego de la crisis del 2001. Hoy, esta misma alianza conquista un espejo con sus respectivas patas estudiantiles que tendrán el control prácticamente total de todos los centros de estudiantes (y muy probablemente la FUBA que actualmente conduce un sector del peronismo en alianza con el PO).

El impacto de la crisis en el movimiento estudiantil

Algunos se preguntan cómo es posible que frente al enorme rechazo al macrismo que se expresó en las urnas, sean las agrupaciones ligadas al actual gobierno en decadencia las que triunfen en la UBA. Pero la tendencia conservadora que se expresó en la universidad acompaña el actual clima político nacional, aunque los beneficiarios sean de distinto signo.

Atravesamos una coyuntura donde la atención y las expectativas están puestas en el recambio electoral, con un clima abrumador de “unidad nacional” de todos los partidos tradicionales y los factores de poder (empresarios, sindicatos) de “aguantar los trapos” como sea para que cualquier cambio de gobierno sea ordenado. Sin desmadre, aún mientras siguen pasando ataques al pueblo trabajador como la devaluación. Esta situación, que actúa a favor del conservadurismo, viene siendo construida con una gran contención hace más de un año bajo el lema “hay 2019” de organizaciones sindicales y estudiantiles lideradas por el peronismo, incluidos algunos grandes medios de comunicación. No cayó de la nada.

La universidad y el movimiento estudiantil han sido protagonistas en las últimas décadas de peleas importantes en defensa de la educación pública y los y las docentes, de distinta magnitud e intensidad. En los ´90 enfrentando las leyes privatizadoras del menemismo (contra la “Ley de Educación Superior”), en el 2002 por la democratización con experiencias como la elección directa en Sociología o enfrentando los mecanismos de elección feudal del rector de la UBA, en 2005, 2008, 2010, 2016, por mencionar algunos ejemplos.

Aunque más recientemente hemos presenciado expresiones de la lucha de clases, como fueron las jornadas de diciembre de 2017, han sido limitadas para el desarrollo mayores experiencias. Hoy prima un “giro al centro” de la política argentina, con Alberto Fernández como la máxima expresión de la moderación.

En la universidad, aunque en 2018 hubo conflicto en apoyo a los docentes universitarios [1] en sus paritarias, fue de corta duración e impidió profundizar una experiencia de lucha de una amplia vanguardia que había empezado a surgir. Rápidamente actuaron las burocracias docentes (en manos del kirchnerismo) levantando la lucha y dejando bien en banda a estudiantes e investigadores que los apoyaban y seguían sin resolver sus reclamos. Las burocracias estudiantiles del kirchnerismo colaboraron en ponerle un freno desde a FUBA (con la ayuda del PO), sin impulsar la autoorginazación para el desarrollo de la lucha.

La expresión conservadora en las elecciones de la UBA, es hija de múltiples factores que moldearon esta coyuntura. Pero no es exclusiva del estudiantado, sino que éste expresa (como caja de resonancia“ [2]) tendencias más generales del estado de ánimo de las masas, y en especial de sectores medios.

Esta foto que vemos hoy, sabemos que está atada con alambres. Hay elementos desestabilizadores latentes que pueden abrir nuevos escenarios, porque la situación del país es muy precaria económicamente y no habrá salidas fáciles a la crisis. Reflexionar sobre este balance, repensar la práctica y las peleas en la universidad, son preparatorios para esos nuevos escenarios.

La encrucijada de la universidad

Llegamos a esta crisis del fin de la era Macri con una universidad más precarizada, en un mundo más precarizado. Sin ir más lejos, en sólo dos semanas luego de las PASO con la devaluación, el presupuesto educativo se vio reducido en un 17%. Contamos con un largo camino recorrido de desfinanciamiento, flexibilización y mercantilización de la universidad desde el impulso de la LES en los `90. En momentos de crisis, esos problemas estructurales se agravan. Uno de los más críticos es el de la permanencia: sólo 1 de cada 4 estudiantes que ingresan a la UBA llegan a recibirse. La deserción aumenta con la carestía de vida (transporte, materiales, viandas, etc.). Además, 2 de cada 3 estudiantes también trabajan, la mayoría entre 7 y 9 horas diarias; y nadie puede pensar hoy en la opción de dejar de trabajar. Los docentes universitarios tienen salarios cada vez más licuados, y también se sostienen más de 10.000 que siguen trabajando gratis (según datos oficiales, aunque las gremiales calculan el doble).

El “modelo LES” [3], que mantuvieron todos los gobiernos desde el menemismo, dejó una herencia que es aprovechada por los poderes de turno. Aunque la universidad pública sea disfuncional desde el punto de vista económico capitalista para un país dependiente como el nuestro, que no puede absorber tantos profesionales; a su vez tiene una función política para canalizar y contener las expectativas de mejorar la situación individual en el marco de una sociedad cada vez más desigual (sobre todo de sectores medios). El estado y sus gobiernos pueden no atacar directamente la universidad, y evitar ganarse de enemigos a la comunidad educativa y otros sectores que saldrían a defenderla. Total, con “el modelo LES” la dejan ser: con menos recursos, metiendo financiamiento privado y convenios con grandes empresas.

Las agrupaciones estudiantiles radicales y peronistas (y también de una parte de la izquierda como es el caso del PO) que promueven y sostienen el modelo de centro de estudiantes de gestión son funcionales a este esquema precario y para la contención. Como expendedores de servicios, suplantan (y encubren) lo que el estado no garantiza para una verdadera gratuidad y excelencia de la educación y la investigación. En vez de poner el centro de la actividad en organizar al movimiento estudiantil, entre otras cosas, para, justamente, pelear por arrancarle al estado el acceso a becas, apuntes y materiales gratuito, boleto educativo, comedores y todo lo que permita cambiar las condiciones precarias de una universidad desfinanciada.
La pauperización de la vida y de la universidad, no tiene perspectiva de que vaya a mejorar con un país empantanado en la deuda. Sin apostar a transformar las organizaciones estudiantiles en organizaciones militantes para la lucha, se allana el camino para una asfixia educativa que irá destrozando hasta el desierto la educación pública.

Puertas adentro y puertas afuera

Esta realidad al interior de la universidad contrasta con múltiples fenómenos políticos que se vienen manifestando en la juventud. El más destacado es el de la marea verde por el derecho al aborto, previamente en las manifestaciones por la aparición con vida de Santiago Maldonado que también cobraron masividad, o por otras demandas como las marchas mundiales por la legalización de la marihuana. Gran parte de esa juventud que es protagonista en esos fenómenos es universitaria, pero se expresa políticamente más “puertas afuera”, dispersa y suelta en múltiples movimientos, no en sus centros de estudiantes.

Hasta navegando por youtube es más fácil encontrarse con todo un mundo de jóvenes (muchxs universitarios) que debaten ideas, polemizan, discuten proyectos de país, valores con total desparpajo; que contrasta con el clima chato, gris y diplomático de la vida de las agrupaciones estudiantiles.

Si la juventud se ha venido expresando en las calles, en movimientos por distintas demandas donde la izquierda juega un papel importante, si te encontrás con pibxs debatiendo en las redes sociales, si hay nuevas movidas culturales con expresiones contestatarias… el problema parece estar puertas adentro de la universidad y el peso de múltiples aparatos que obtura la expresión y desarrollo de cualquier movimiento juvenil progresivo.

En la propia UBA, la simpatía, apoyo e identificación política con el Frente de Izquierda tiene peso e influencia en miles de universitarios como también expresaron estas elecciones. Es una gran conquista de la que partir, con la apuesta de organizar a todas esas y esos estudiantes de manera amplia, desde abajo y democráticamente. Para que esa fuerza se exprese en una poderosa corriente de izquierda en el movimiento estudiantil en alianza con trabajadores ocupados y desocupados, y sea capaz de intervenir en esta crisis para una salida favorable al pueblo trabajador.

Las organizaciones de izquierda no concentramos todos nuestros esfuerzos para ese desafío y patear el tablero de este clima creado para la contención en la universidad. Nuestra apuesta tiene que ser la de retomar las mejores tradiciones del movimiento estudiantil, como la del Cordobazo. Buscar darle expresión desde los centros de estudiantes a todas esas manifestaciones políticas y de izquierda, ideológicas y culturales que existen en la juventud, para potenciarlas.

El debate con la izquierda sobre el movimiento estudiantil

Con este nuevo panorama que queda luego de las elecciones de la UBA, vuelven a ponerse en discusión viejos debates en la izquierda, que tienen completa vigencia.
Especialmente con el PO, que ha conducido la FUBA los últimos 18 años con variopintas alianzas políticas, llegando al colmo de unirse a La Cámpora, y manteniendo lo esencial de la estructura de gestión y militantes rentados heredada de la Franja Morada.

No vamos a desarrollar acá un balance más general de la FUBA (ya hemos polemizado acá, acá y acá). Simplemente señalar algo respecto al balance que publicó el PO. Ahí reconocen que triunfaron en estas elecciones las listas que explotaron su vínculo directo con las autoridades de las facultades para “presentarse como centros de servicios, que facilitan algunas cuestiones básicas a los estudiantes”. Cierto. Pero omiten que ellos han defendido ese modelo de gestión y la adoptaron como práctica en cada centro de estudiantes que tuvieron responsabilidad y en la FUBA.

Bajo el pretexto (o ilusión) de “dirigir al movimiento estudiantil en su conjunto”, desarrollaron una orientación oportunista y corporativa de gestionar servicios y mantener un aparato de militantes rentados, en vez de apostar a la organización para exigirle y arrancarle al estado esas demandas. Mientras la UBA siga mercantilizada y precarizada ¿a quién favorece el modelo de gestión?

La consecuencia de esta práctica fue la de relegar a tal punto la construcción de corrientes de izquierda en el movimiento estudiantil, que ni siquiera intentaron construir algún emblema de unidad entre trabajadorxs y estudiantes que impacte verdaderamente en las facultades. ¿Por qué no tomaron la iniciativa para que “La FUBA piquetera” sortee todos los puestos de trabajo de bares y fotocopiadoras entre las organizaciones independientes del movimiento de desocupados? ¿Hacer convenios o pactos obreros-universitarios con las organizaciones barriales de desocupados, como hicimos desde el PTS y otras organizaciones con la fábrica recuperada Zanon en la Universidad de Comahue? Preguntas que, después de 18 años, siguen sin tener ninguna respuesta, degradando con el paso del tiempo su militancia en la universidad.

Recuperar y crear nuevas tradiciones en el movimiento estudiantil

Con este resultado se vuelve necesario recapitular para preparar mejor los próximos desafíos y batallas que tiene la izquierda en el movimiento estudiantil, que será al calor del desarrollo de una nueva crisis en el país. Las expectativas que tienen hoy sectores de masas de mejorar sus condiciones de vida tenderán a chocar con el próximo gobierno, probablemente de Alberto Fernández, aunque está por verse con qué ritmos se hará esa experiencia. El movimiento estudiantil tendrá el potencial de aparecer como actor político progresivo, si desde la izquierda apostamos a organizarlo para que se una a las y los trabajadores ocupados y desocupados.

Desde las agrupaciones que impulsamos con la juventud del PTS (En Clave ROJA, ContraImagen, La izquierda en Derecho) buscamos darle continuidad a las mejores tradiciones del movimiento estudiantil combativo y pro obrero. Desde el CEFYL como vidriera los últimos 6 años, intentamos hacer algunos aportes en este sentido. En la lucha de Lear, Pepsico y la fábrica recuperada MadyGraf como símbolos de resistencia en conflictos difíciles con represión policial incluida. Con el paro en la facultad por Santiago Maldonado que tuvo una masiva participación. Con jornadas de debate del centro de estudiantes en el aniversario del Cordobazo y el Mayo Francés. Apostando a organizar la marea verde, las disidencias y el reclamo de “Ni Una Menos” en la facultad. En las luchas educativas buscando la coordinación impulsando asambleas interfacultades donde se exprese el activismo, o llevando debates a los cursos, con asambleas y comisiones de base. Exigiendo becas integrales para los estudiantes financiadas por el estado. Estas peleas por construir nuevas tradiciones las hemos dado en minoría.

En toda la UBA siempre peleamos por construir alternativas independientes de los gobiernos y las autoridades, que expresamos con listas referenciadas en el Frente de Izquierda junto a estudiantes independientes. Es una importante conquista que, producto de esta pelea, hayamos logrado amplificar la fuerza con un programa de izquierda sumando al PO, y más recientemente al MST -que venían de priorizar alianzas con sectores conciliadores o que no eran independientes- en facultades como FADU, Económicas, Psicología para esta política. Este año también lo expresamos en Medicina (junto a IS).

Si hay algo que nos ha identificado los últimos años fue nuestra participación en todas las luchas progresivas junto al resto de las organizaciones de izquierda, la unidad obrero-estudiantil, y la pelea por expresar el programa del Frente de Izquierda con una mayor referencia política. Pero somos conscientes que son conquistas limitadas por la disputa abierta y los nuevos desafíos en el movimiento estudiantil.

Es necesario recuperar y fortalecer la lucha ideológica que dispute desde el marxismo el debate de ideas y valores hegemónicos que se imparte en la universidad, llevando también esa agenda a los centros de estudiantes. Debates como el que hicimos en Económicas, una facultad enemiga del marxismo, sobre el libro de Esteban Mercatante “Salir del fondo” junto a Bercovich, Botto y Schorr son los que necesitan multiplicarse. Parte de la tradición que se cortó la última década es el cuestionamiento al antidemocrático régimen universitario, los planes de estudio y el rol social de los profesionales. La lucha por una nueva intelectualidad es un desafío fundamental en esta nueva etapa. Que quiera poner sus conocimientos al servicio de las necesidades del pueblo trabajador, saliendo de la rutina de una academia pauperizada que es expulsiva de los sectores populares y que, a los que llegan a los posgrados pagos, los ata a la mercantilización y la competencia de papers. Desde el PTS tenemos iniciativas como la Editorial del IPS, el Campus Virtual Socialista de diversos cursos y debates con miles de suscriptos de distintos países, el semanario y la revista Ideas de Izquierda que cuenta con la participación y colaboración de estudiantes universitarios. Son herramientas potentes para desarrollar el debate de ideas a gran escala en las universidades. También la pelea porque los centros de estudiantes creen espacios de cultura y socialización que hoy están perdidos o devaluados, buscando la confluencia con otros sectores sociales, jóvenes precarizados que no acceden a la universidad, movimientos sociales de desocupados, trabajadores. Las tendencias conservadoras que hoy se expresan a flor de piel en la UBA, son fuerzas materiales alentadas “desde arriba”, a las que no se las enfrenta si no es oponiéndole una nueva y renovada fuerza material desde abajo que rompa el afuera y el adentro que divide a la juventud, buscando todos los canales para ligarse a las y los precarizados, a las y los trabajadores ocupados y desocupados.

Nuestro objetivo es la verdadera liberación de la creatividad, el pensamiento, el desarrollo humano individual a condición de que sea colectivo, peleamos porque la educación sea para todxs, que no quede ninguno en el camino. Para lo que se necesita construir una fuerza social dispuesta y con la capacidad de dar vuelta esta realidad decadente. Estos son algunos de los desafíos necesarios para fortalecer organizaciones estudiantiles y con ellas desarrollar franjas político-ideológicas de izquierda que preparen las próximas peleas de la lucha de clases.

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NOTAS AL PIE

[1“El retorno del movimiento estudiantil”, Gabriel Pyro y Fabián Puelma, Semanario Ideas de Izquierda, 23/09/2018, https://www.laizquierdadiario.com/El-retorno-del-movimiento-estudiantil

[2Consideraciones sobre el movimiento estudiantil”, Celeste O´Higgins y y Luisa Romo, Revista Ideas de Izquierda Nº 42, abril-mayo 2018, https://www.laizquierdadiario.com/ideasdeizquierda/consideraciones-sobre-el-movimiento-estudiantil/

[3“¿Qué universidad para qué socidad”, Gabriel Pyro, Revista Ideas de Izquierda Nº 41, abril-mayo 2018, https://www.laizquierdadiario.com/ideasdeizquierda/que-universidad-para-que-sociedad/
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Jesica Calcagno

@Jesi_mc
Dirigente de la juventud del PTS. Licenciada y profesora en Sociología. Fue presidenta del Centro de Estudiantes de Ciencias Sociales de la UBA.
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