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SUPLEMENTO

El papel del Partido Comunista en la rebelión y en la pandemia: ¿ayudante de la cocina?

Juan Valenzuela

El papel del Partido Comunista en la rebelión y en la pandemia: ¿ayudante de la cocina?

Juan Valenzuela

Para nosotros esta lucha va de la mano con una absoluta desconfianza a los partidos empresariales de la ex Concertación y una política claramente anticapitalista y está en las antípodas con la “unidad de la oposición” que impulsa el Partido Comunista. Una verdadera independencia de clase no puede defender ni pactos con la ex Concertación ni la creencia de que las transformaciones de fondo se realizarán en los marcos de un Estado que posibilite una especie de convivencia entre los intereses de la clase trabajadora y los intereses de la clase capitalista.

El XXVI Congreso del Partido Comunista -que se realiza mientras redactamos estas líneas- ha postulado una idea que considera central para el periodo: en su documento de Convocatoria, el PC señala que estamos en un momento propicio para propinarle una “derrota estratégica al neoliberalismo y a la derecha”.

Esa posibilidad, para el Partido Comunista, tiene un fundamento. En la Convocatoria al XXVI Congreso, leemos que el rasgo central del periódo “es la capacidad creciente del pueblo de Chile, en su proceso de conciencia y movilización, que lo lleva a sobreponerse a condiciones completamente adversas”. Para el PC existe una “tendencia histórica de luchas sociales” que “se abre camino para enfrentar las desigualdades profundas que asolan a nuestro país”. De allí, el PC concluye que debe “trabajar para que esta tendencia se haga permanente”. ¿El PC considerará que durante 2020 ha trabajado para eso?

Para el Partido Comunista, ese trabajo implica reconocer que existe una confrontación política, ideológica, social y cultural entre quienes defienden el modelo y la Constitución, por una parte, y el pueblo que busca nuevas formas de entender la sociedad, la política y la economía.

Según el Partido Comunista, de consolidarse esa tendencia transformadora del pueblo, podríamos conformar un “Estado Social y Democrático cuya Constitución sea una Constitución de derechos que distribuya el poder político mediante una democracia participativa y avanzar resueltamente hacia la distribución del poder económico”. Para ellos, un Estado así es posible sólo abandonando el principio neoliberal del Estado subsidiario que actualmente rige la política pública y realizando una ruptura constituyente. Ambas cuestiones para el PC permitirían tanto que el Estado pueda “participar de manera estratégica en la actividad económica de la matriz productiva” y apuntar a realizar una “profunda intervención en la redistribución de la riqueza” en el marco de un Proyecto Nacional de Desarrollo basado en una “economía abierta y mixta”; como que la “soberanía” radique en el pueblo, en contraste con lo que señala la actual Constitución para la cual la “soberanía” reside en un abstracto concepto de “nación”. En la conclusión de este artículo, volveremos sobre este asunto.

Contradicciones

El Partido Comunista se ve a sí mismo fortalecido para llevar adelante sus objetivos políticos, con una creciente influencia social y política que se expresa en hechos como el crecimiento de Jadue en las encuestas, el trabajo de concejales y cores, el aumento de la cantidad de proyectos de ley elaborados por el partido, la mayor presencia de artistas ligados al partido, el dinamismo de las JJCC y las relaciones con aliados en Unidad para el Cambio y Chile Digno. Desde esa postura, el PC dice estar pujando para que el proceso constitucional en curso pueda pavimentar efectivamente el terreno a ese “ciclo de transformaciones profundas en base a un movimiento social protagonista y deliberante”. Su diputada Camila Vallejo, por ejemplo, buscó encabezar un proyecto de reforma al capítulo XV de la Constitución, con el objeto de eliminar el quórum de 2⁄3 que fue acordado en la cocina el 15 de noviembre de 2019, como mínimo para la aprobación de las normas constitucionales. En el informe al Congreso que dio Guillermo Teillier el viernes 4 de diciembre, explicaba que para ellos, si una norma constitucional es aprobada con mayoría simple, no debería simplemente rechazarse como pasará con la actual normativa, sino plebiscitarse. Al mismo tiempo, el PC insiste en que la Convención Constitucional, por reglamento, debería dialogar con los cabildos, las organizaciones sindicales, estudiantes y territoriales. Por otro lado, ve necesario “rodear de movilización de masas la Convención Constitucional” a fin de evitar que decidan o la cocina o los tecnicismos jurídicos.

El PC basa estos planteamientos en la idea de que la Convención Constitucional tiene las características básicas de una Asamblea Constituyente, presente en su proyecto de reforma al artículo XV de la Constitución que regula el proceso constitucional.

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La Convención, según los militantes del PC, no sería una instancia creada con el objetivo de limitar o desviar el proceso constituyente sino una expresión del poder constituyente del pueblo. Por esa razón ven que es posible “mejorar la convención” proponiendo reformas canalizables en los marcos estrechos de la acción parlamentaria actual.

Un balance clave: la lectura del pacto por la paz del 15 de noviembre de 2019

Esta tesis es perfectamente coherente con la caracterización que hace el PC de lo que fue el acuerdo del 15 de noviembre de 2019 y las circunstancias que condujeron a él. En sus palabras, aquél fue más “resultado de la multitudinaria movilización popular” y no el “precursor del proceso constituyente”. ¿Quién fue ese precursor? El propio movimiento popular que surgió el 18O. Ahora bien, el PC no ve que la forma que tomó el proceso constituyente después del acuerdo del 15 de noviembre, se configuró sobre la base de un desvío del proceso de lucha de clases que se abrió el 18 de octubre. El PC sólo ve una “concesión” que tuvo que dar el gobierno, una especie de “ganada”:

«Las organizaciones de trabajadores agrupadas en la CUT y la coordinación que se ha dado como Bloque Sindical, ha contribuido a establecer convergencias político-sociales y a orientar la dirección principal de la lucha en momentos claves que sin duda obligaron a una concesión del gobierno, la derecha y los poderes fácticos, a la apertura a un proceso constituyente, que de ninguna manera se trata de una acción de generosidad gubernamental».

El Partido Comunista confunde las cosas. Decir que la apertura al proceso constituyente no es producto de la generosidad gubernamental es afirmar algo bastante obvio tratándose de un gobierno de derecha. Pero esa verdad no niega que el pacto por la paz fue también una opción del gobierno una vez que se descartó un segundo estado de excepción para responder al fervor de las calles y al peligro de la huelga general. Recordemos que la magnitud de la jornada del 12 de noviembre -con una huelga general en la que paralizaron el 90% de los trabajadores del sector público y el 60% del sector privado-, y que incluyó protestas y choques con las fuerzas represivas en todo el país- encendió todas las alertas en el gobierno y el empresariado. Una opción podría haber sido, volver a sacar al ejército a las calles, pero esa opción implicaba mayores peligros políticos, porque el clamor del lema Fuera Piñera era muy extendido en las calles y ya se había expresado la fuerza de la clase trabajadora con el método de la huelga general. Es por esa razón que el gobierno prefirió el camino del pacto por la paz y una nueva Constitución. Prefirió desviar y no chocar frontalmente con el movimiento de masas, avanzar en una agenda represiva-legislativa de tiempos largos y mantener a cientos de presos políticos de la rebelión, pero ingresando también en el debate constitucional. Por esta razón, aunque el pacto no sea producto de la generosidad del gobierno, sí le sirve al gobierno, y el Partido Comunista no lo dice claramente. Le sirvió porque evitó que los métodos de la lucha de clases como la huelga general y la protesta en las calles lo derribaran.

Por otro lado, el Partido Comunista afirma que el pacto del 15 de noviembre es el resultado de la multitudinaria movilización popular, sin denunciar que fue la expresión máxima de una “cocina política”. Una cocina en la que participaron activamente Giorgio Jackson de Revolución Democrática y Gabriel Boric de Convergencia Social, el Partido Liberal, junto a lo más granado del régimen político. Fue entre gallos y medianoche que negociaron cómo iba a ser el órgano que llevará adelante la redacción de una Nueva Constitución y el quórum calificado de ⅔ para la aprobación de las nuevas normas, que le da a la misma minoría de siempre poder de veto. El Partido Comunista, de esta manera, además elude responder un problema no menor ¿cuál fue su propio papel en la realización de esa cocina? Es de público conocimiento que el acuerdo por la paz no lleva su firma. ¿Pero el PC contribuyó a la realización de ese acuerdo? Sí. Sus llamados a paro siempre fueron desde arriba y sin mayor preparación en la base. Además, al no desarrollar la política de prolongación de la huelga general hasta la caída del gobierno de Piñera, que la realidad misma planteó el 12N, el PC ayudó a que la salida del pacto por la paz pareciera “la única salida posible”. En plena rebelión, el PC aclaró que no era su propósito la caída de Piñera. Por esos días, el PC también se hizo cada vez más activo en separar discursivamente a los manifestantes “pacíficos” de los “violentos” operación que repitió en innumerables ocasiones, pese a que discursivamente hablan a favor de la primera línea y los métodos de protesta. Por eso, la relación simple de “causa y efecto” que plantea el PC entre la movilización popular y ese acuerdo por la paz, no es más que una justificación de su política actual: “mejorar” la Convención canalizando eso en proyectos de ley y usando la movilización sólo como un factor para presionar.

Esto también se evidencia en su lectura de la CUT. Su balance es positivo. Como citábamos, para ellos la coordinación del bloque sindical habría sido clave para conducir en momentos claves y habría ayudado al establecimiento de convergencias político-sociales. Pero después del 12N de 2019 condujo a la desmovilización. Su conducción en momentos claves fue hacia la desmovilización. Eso, obviamente, lo omite su documento de Convocatoria al Congreso.

¿Y en 2020?

Y si bien su documento de Convocatoria parece reconocer que la CUT en parte es afectada por la crisis que atraviesa a toda la institucionalidad, para el PC su papel habría sido contributivo al fortalecimiento de los trabajadores y sectores populares en Chile, lo que sería muy importante pues “de la independencia de [email protected] [email protected] y su organización sindical, en tanto sector ampliamente mayoritario de la sociedad, depende de manera sustantiva el carácter de procesos políticos y sociales”. Pero bien ¿cuál ha sido la actuación concreta de la CUT que dirige el PC en la pandemia? Es evidente que no ha desarrollado ningún plan de lucha serio para hacerle frente a los despidos. Por su parte, la diputada Camila Vallejo presentó un proyecto para que en pandemia no se realicen despidos por necesidades de la empresa o el impuesto a los super-ricos, ambos rechazados, pero el PC no ha desplegado la fuerza de su militancia e influencia de masas como factor de resistencia contra la cesantía. Incluso votaron a favor de la ley de protección del empleo. Entonces, aunque definan que la clase trabajadora es el “sujeto principal” en su Congreso, hablen de “independencia de clase” y apuesten por nuevos trabajos de inserción en la nueva clase trabajadora vinculada a la economía de las apps, el PC es un obstáculo para el desarrollo político y la independencia de clase. No es un secreto para nadie que los directivos de la CUT prefieren más pasársela en reuniones con empresarios y en mesas que impulsando la lucha y la organización de la clase trabajadora desde las bases y que durante la pandemia fueron los primeros en entrar en cuarentena.

La afirmación que realiza su documento de Convocatoria al XXVI Congreso que citábamos más arriba: que la lucha popular es capaz de sobreponerse a condiciones completamente adversas, es una afirmación que aparentemente muestra una gran confianza sobre la iniciativa de las masas, pero que en realidad busca ocultar su propio papel en el movimiento obrero: una completa pasividad frente a los despidos y la precarización en el contexto de la pandemia.

Una falsa “independencia de clase” con unidad de toda la oposición

Además, es extraño hablar de “independencia de clase” cuando toda la política se basa en la “unidad de la oposición”. El documento de Convocatoria insiste en marcar una “clara disposición a primarias de toda la oposición”. Para ellos es esa la “mirada estratégica más consecuente” teniendo en cuenta que el próximo presidente tendrá que desplegar su actividad en los marcos de una nueva Constitución. Si en la oposición caben desde la Democracia Cristiana hasta el Frente Amplio, claramente no hay independencia de clase en la forma que tiene de pensar las elecciones presidenciales venideras el PC si está abierto a que el nuevo candidato exprese una unidad de toda la oposición incluyendo a los viejos partidos concertacionistas. El PC ve la enorme popularidad que tiene Daniel Jadue pero el propio Daniel Jadue hace poco decía que “los procesos deben completarse” a propósito de la idea de algunos parlamentarios de adelantar las elecciones presidenciales para abril. El precandidato presidencial también dijo que "si alguien quisiera terminar antes a este gobierno, hay fórmulas constitucionales para hacerlo y que están establecidas en la Constitución".

El PC, como vemos, llama a actuar en los marcos regulados por la actual carta magna y se abre a la vieja política de coalición con partidos progresistas empresariales. En realidad, un camino coherente con la participación que tuvieron hace años en el segundo gobierno de Bachelet. La resultante de todo esto es que el PC termina siendo una especie de último engranaje de la actual cocina.

Tras esa forma de hacer política, hay una concepción política. Para el PC la principal contradicción en la sociedad para el Partido Comunista es entre “neoliberalismo y democracia” y no la lucha entre la clase capitalista y la clase trabajadora. De esa definición se desprende la unidad antineoliberal, que puede ser con políticos burgueses. En esa unidad caben muchos, incluidos los personeros actuales de la oposición que militan en los partidos de la ex Concertación.

Conclusión

Para enfrentar esta política que no le hace bien al movimiento obrero ni a los sectores populares movilizados, es necesario construir una verdadera alternativa de independencia de clase. Como parte de esa pelea, quienes militamos en el PTR venimos de reunir miles de firmas en Santiago, Valparaíso y Arica, lo que se suma a la legalidad que ya tenemos en lugares como Antofagasta o Temuco. Estamos impulsando candidaturas para la Convención Constitucional para denunciar las trampas y desarrollar los métodos de lucha extraparlamentarios, comenzando por llamar a preparar un paro nacional hacia el 10 de diciembre por la libertad de los presos de la rebelión y contra los despidos y los abusos empresariales.

Para nosotros esta lucha va de la mano con una absoluta desconfianza a los partidos empresariales de la ex Concertación y una política claramente anticapitalista y está en las antípodas con la “unidad de la oposición” que impulsa el Partido Comunista. Una verdadera independencia de clase no puede defender ni pactos con la ex Concertación ni la creencia de que las transformaciones de fondo se realizarán en los marcos de un Estado que posibilite una especie de convivencia entre los intereses de la clase trabajadora y los intereses de la clase capitalista.

En el fondo, esta es precisamente la creencia que difunde el PC con su concepto de “Estado Social y Democrático cuya Constitución sea una Constitución de derechos que distribuya el poder político mediante una democracia participativa y avanzar resueltamente hacia la distribución del poder económico”, que citábamos al inicio de nuestro artículo. El PC -por mucho que diga que se referencia en Marx- no se anima a reconocer que el poder estatal necesariamente es un poder de clase: o un poder de los capitalistas o un poder de la clase trabajadora. Por ello espera una “distribución del poder económico” y una democratización sostenida del Estado.

Las y los militantes revolucionarios del PTR, en las antípodas de las concepciones políticas del PC, peleamos por un gobierno de trabajadores de ruptura con el capitalismo como única garantía de que las grandes mayorías de trabajadores y trabajadoras gobiernen democráticamente a través de sus organismos de autoorganización. Peleamos por una sociedad socialista que será posible no “equilibrando mejor” al capital y al trabajo sino superando la propiedad privada capitalista y transformando los medios de producción en propiedad de toda la sociedad. Es en esta perspectiva que nos orientamos en el presente, confiando plenamente en las fuerzas de la clase trabajadora.


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Juan Valenzuela

Profesor de filosofía. Dirigente del Partido de Trabajadores Revolucionarios.
Santiago de Chile
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