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Red Internacional

En su nueva emisión el periódico la Regeneración, impulsado por la Secretaría de Mujeres de CEN Morena, se señala que, con el regreso presencial a clases, se abren nuevas posibilidades para que las mujeres vuelvan a desempeñarse en su vida laboral o política, sin violencia. ¿Esto es posible?

Francisca DanielaMaestra de primaria. Agrupación Magisterial y Normalista Nuestra Clase

Jueves 11 de noviembre de 2021 | 11:54

En el artículo titulado “Regreso a clases presenciales” en el diario La Regeneración, impreso con erario que viene de los impuestos del pueblo trabajador: ¿con quién debate? ¿Hacen ideología? ¿Pretenden que normalicemos la violencia que genera la nueva normalidad en nuestras vidas?

Las mujeres de MORENA nos sacan de la sartén para meternos en el fuego

El texto indica que el confinamiento derivado de la pandemia generó condiciones de inequidad en la realización de tareas domésticas y de cuidados, y colocó a muchas mujeres en riesgo de sufrir violencia doméstica.

Nos proponen un esbozo sobre la violencia, pero abordada desde una realidad paralela, sin recuperar lo que enfrentamos a diario las trabajadoras. Realicemos un breve análisis al respecto.

En este primer planteamiento, podemos ver que se ignora que las mujeres trabajadoras y pobres, históricamente bajo el sistema patriarcal y capitalista, ejercemos dobles jornadas, por un lado, laboramos por largas y extenuantes jornadas en condiciones de alta precariedad, y por el otro, garantizamos las tareas domésticas y de cuidado sin ninguna remuneración.

No obstante, también debemos aclarar que, lo que sucedió durante el confinamiento de la pandemia de covid-19 fue que ese trabajo no remunerado aumento considerablemente. Pero, esa realidad no es algo que se originó con la crisis sanitaria, y tal como está estructurado en este sistema exacerba la desigualdad de género.

También, parece ser que las mujeres de Morena que escriben sus publicaciones, obvian que fueron parte de permitir que bajo el confinamiento ordenado por la pandemia, las mujeres trabajadoras tuviéramos que enfrentar rebajas salariales, suspensiones ilegales, despidos, trabajo en riesgo, aumento de las jornadas de trabajo, contagios, muertes por covid-19 y la carga de las tareas domésticas, el acompañamiento a nuestros enfermos, así como a nuestros hijos con su educación a distancia, y el cuidado en nuestros hogares donde se multiplicaron nuestras tareas por todo lo anterior.

Demostrando que, aunque el encierro se puede utilizar como medida para disminuir contagios y la disminución de la ocupación hospitalaria, no puede llevarse acabó en abstracto, por lo que, para hacer efectiva la cuarentena se requería de medidas de emergencia que jamás llegaron de parte del gobierno de Morena, tales como: licencias con salarios al 100% a todos estos trabajadores (formales o no formales), financiadas mediante impuestos especiales a los beneficios empresariales y a las grandes fortunas, acorde a los precios de la canasta básica.

La 4T también fue incapaz de garantizar un decreto elemental que prohibiera los despidos, las suspensiones ilegales y el trabajo en riesgo sin equipo de protección.

Así que, lo que realmente presenciamos fue que sectores como el de servicios, altamente feminizados, padecieron una severa agudización de la precarización por ser sectores no esenciales y las trabajadoras de esta rama no contaron con herramientas para defenderse de los abusos patronales ante la amenaza de perder su trabajo siendo sostén de sus hogares.

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También, durante la crisis sanitaria que aún perdura y promete volver a agudizarse, hemos padecido la violencia feminicida que no tuvo cuarentena y lidiamos con el aumento de los embarazos no deseados producto de la falta de anticonceptivos gratuitos e irrestrictos, así como de las violaciones dentro y fuera de los hogares ligada a la violencia patriarcal, sin que las mujeres y las personas con capacidad de gestar pudiéramos ejercer nuestro derecho a decidir.

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¿La presencialidad es violencia?

Ahora bien, un segundo planteamiento del artículo de la Regeneración aborda que, “con el regreso a clases a partir del 30 de agosto, avanzamos en el camino para regularizar las actividades cotidianas de miles de familias; pero también mejorar las condiciones de mujeres que tenían una carga laboral o de cuidados extenuantes. Así, se abren nuevas posibilidades para que muchas de ellas vuelvan a desempeñarse en su vida laboral o política, sin violencia”, según nos dicen estas mujeres de Morena.

Y en esa aseveración, estas mujeres de Morena dejan nuevamente de lado que ahora, las mujeres de la clase trabajadora, hemos pasado a otro momento de la crisis, uno en el que se instala el “o te arriesgas a trabajar sin condiciones o te mueres de hambre”, porque claramente la 4T fue incapaz nuevamente de garantizarnos nuestro derecho a trabajar sin riesgo al contagio.

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Por ejemplo, en el sector educativo, observamos que pudieron imponer el regreso a la presencialidad solo bajo la declaratoria de la educación como un sector esencial, pero sin aumento de su presupuesto ni condiciones seguras, a pesar del hacinamiento y la falta de insumos e infraestructura para implementar una necesaria sana distancia.

Pero esto pudo lograrse, con la complicidad de los charros sindicales y los amedrentamientos a las mujeres docentes, y sus compañeros maestros, que no dejaron de cuestionar este actuar de las autoridades educativas bajo el ordenamiento del gobierno federal.

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¿Qué salida tenemos las mujeres trabajadoras y humildes?

En primer lugar, sigue más vigente que nunca, la necesidad de unir nuestras fuerzas para en el desarrollo de un potente movimiento de mujeres; para ello, lejos de contentarnos con la romanización de nuestras vidas en panfletos que nos reparten mientras viajamos hacinadas en el metro exponiendo nuestras vidas, requerimos de mantenernos organizadas para imponer nuestras demandas por medio de la movilización independiente en las calles.

No podemos alentar bajo ningún motivo la perspectiva de que nuestros derechos se conquistarán por medio de acciones legislativas de los partidos del régimen, ni depositando expectativas en su desempeño electoral, ni mucho menos, confiando en mujeres que, pueden hablar con discursos bonitos, pero no representan los intereses de las grandes mayorías humildes y poco conocen de nuestras vidas.

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Este 25N las maestras, pero también todas las mujeres que vivimos esta realidad desconocida por quienes escriben románticamente de ella, tenemos el enorme desafío de pelear contra la violencia y la precarización laboral que hoy se expresa en el aumento de los feminicidios, las desapariciones, el aumento de la carga de tareas domésticas y de cuidado, la violencia patriarcal que enfrentamos por nuestra condición de mujeres, pero también, porque es violencia el hecho de que tengamos que trasladarnos a nuestros trabajos en un transporte hacinado, laborar en riesgo y obligarnos a naturalizar que vendrán más muertes de nuestra clase sin que el Estado se responsabilice de otorgarnos todas las condiciones para volver a nuestros centros de trabajo de forma realmente segura mientras sí garantiza la apertura económica para que los empresarios sigan acumulando riquezas a costa de nuestras vidas.




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