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Red Internacional

El rezago educativo se mantiene en la presencialidad sin ningún plan pedagógico

El nuevo marco curricular de la 4T no responde a la agudización del rezago, ni a los altos índices de deserción generados en estos dos años de pandemia. ¿La SEP podría haber generado un plan pedagógico para enfrentar estas problemáticas en vinculación con instituciones como PILARES?

Sulem Estrada, maestra de secundariaAgrupación Magisterial Nuestra Clase y Pan y Rosas

Lunes 4 de abril | 14:42

Alrededor de un 60% de niñas, niños y adolescentes se vieron obligados a abandonar sus estudios durante estos dos años de emergencia sanitaria debido a la profunda desigualdad social que enfrentaron las y los alumnos y sus familias, que se exacerbó con los despidos, las rebajas salariales, suspensiones ilegales, los contagios, las muertes por Covid-19 y por la misma crisis económica mundial, e incluso por el hecho de tener que garantizar con sus propios recursos su acceso a la educación pública.

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Sin embargo, el principal factor que originó dicho rezago y deserción fue la política de educación a distancia que implicó una fuerte inyección de millones de pesos a las grandes empresas en telecomunicaciones sin importar la poca funcionalidad ante la realidad de la comunidad escolar, que no cuenta con equipos de cómputo, ni acceso a Internet y en algunos casos con energía eléctrica. Las autoridades educativas, con Esteban Moctezuma al frente, negaron esta situación de exclusión y presentaron cifras maquilladas sobre los enormes resultados de dicha modalidad.

Pero, contradictoriamente Delfina Gómez, Secretaría de Educación Pública, impuso la presencialidad con el argumento de erradicar esas problemáticas. Sin embargo, las medidas generadas por el gobierno de la 4T y la SEP en estos meses no incluyeron un plan claro para este propósito y lo único que se ha hecho hasta ahora es adornar las cifras con calificaciones simuladas.

Aunado a esto no ha existido por parte del gobierno una política clara para un regreso a clases verdaderamente seguro e incluyente, que ponga en primer lugar las necesidades de las y los alumnos de forma integral enfocada en abatir el rezago y la deserción.

A unas semanas de la consulta de revocación de mandato se implementó el regreso total a las clases presenciales -sin el escalonamiento que posibilitaba la sana distancia- en todos los niveles educativos, en varios estados del país y se presentó el marco curricular de la 4T sin consultar a las y los maestros de base que han enfrentado las dificultades para que los aprendizajes continúen en cada escuela.

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¿Qué dificultades enfrentamos en el aula con el regreso total?

Una de las medidas que se implementó en las escuelas para poder sobrellevar la presencialidad fue el escalonamiento que permitía tener a los alumnos divididos en dos o más secciones, para que pudieran respetar la sana distancia. Esta experiencia permitió a los docentes -como nunca antes había sucedido- tener grupos reducidos, lo que dio la posibilidad de atender casi de manera personalizada a cada alumno y alumna, coadyuvando a combatir el rezago educativo que estamos enfrentando.

Sin embargo, esta medida también presentó el problema de tener a los niños, niñas y adolescentes recibiendo clases presenciales unos días sí y otros no para que todos pudieran asistir de forma escalonada en grupos reducidos, pues en todo este tiempo no se invirtió ni un peso en construir más escuelas para evitar el hacinamiento en las aulas -que es un problema viejo en la educación mexicana-.

Ahora, de un momento a otro, con el pretexto del semáforo verde, se impuso eliminar el escalonamiento y atender nuevamente a 30, 40 y hasta 50 alumnos por grupo en aulas pequeñas, sin ventilación y sin apoyo, lo que está generando un enorme riesgo sanitario y un problema pedagógico para mantener la atención personalizada que tanto necesitan nuestros niños y niñas. Asimismo, estamos enfrentando nuevamente problemas de violencia entre los alumnos, generado por el hacinamiento al que se ven sometidos.

¿Docentes de PILARES podrían ser un apoyo contra el rezago?

El programa de PILARES (Puntos de Innovación, Libertad, Artes, Educación y Saberes) se presentó como una estrategia para las comunidades más vulnerables de la Ciudad de México. A través de sus docentes en la modalidad de “ciberescuela” se apoya con regularización para los estudiantes de educación básica de los niveles de preescolar, primaria y secundaria; pese a que no gozan de ningún derecho laboral, ni de estabilidad con su trabajo apoyan a decenas de estudiantes que no cuentan con recursos económicos para ponerse al corriente en sus asignaturas.

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Y aunque esta medida se acordó desde las alturas entre la Secretaría de Educación de la CDMX (SECTEI) y la SEP, no tienen una verdadera preocupación para garantizarlo, puesto que no otorgan los recursos necesarios a sus docentes para luchar contra el rezago, ni tampoco les importa otorgar todas las garantías para que se desarrolle un proceso de aprendizaje que sea continuo, aprovechando que se les puede dar un acompañamiento personalizado a los estudiantes. La inmediata consecuencia de la insistencia de la jefa de gobierno Claudia Sheinbaum para el regreso a las aulas fue que las y los estudiantes se despidieran de su regularización. Entonces, ¿dónde queda la política pedagógica contra el rezago?

En los hechos estas autoridades solo quieren números, una buena cantidad de folios para mostrar políticamente la funcionalidad del presupuesto otorgado –el cual no se ve reflejado en satisfacer al 100% las necesidades de la comunidad- rumbo a las elecciones del 2024.

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Frente a esta abrupta realidad que se padece en el sector educativo requerimos la más amplia unidad entre docentes de las diversidades instituciones y del sistema escolarizado para construir un plan pedagógico acorde a las necesidades de la comunidad escolar.

No requerimos solo buenos discursos políticos, ni marcos curriculares elaborados desde las alturas que se apropien de las categorías elaboradas de la pedagogía crítica, sino hechos, aumento al presupuesto, horarios escalonados que formen parte del plan pedagógico que trace una ruta para recuperar los contenidos que se perdieron en estos años de pandemia, de la mano de plenos derechos laborales para que esta enorme tarea se garantice en las mejores condiciones para las y los trabajadores de la educación.




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