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Red Internacional

#ValemosMasQueEsto.El suicidio ya es la primera causa de muerte en la juventud en el Estado español

La precariedad y la falta de futuro agravadas por la pandemia se ceban en la juventud. Las cifras son alarmantes bajo los ritmos de un sistema que no tiene más que miseria que ofrecernos. Nuestras vidas valen más que sus ganancias. Organicemos nuestra rabia, nos va la vida en ello.

Miércoles 28 de julio | Edición del día

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) se calcula que cerca de 800,000 personas se suicidan al año, el 78% en países de bajos y medianos ingresos, siendo a nivel mundial la segunda causa principal de defunción en jóvenes de 15 a 29 años. Las últimas encuestas ya sitúan el suicidio como primera causa de muerte en la juventud en el Estado español. Uno cada dos horas y media.

Las cifras que enmarcan este drama no dibujan un panorama de casos individuales, sino colectivos. Las cifras de suicidio han subido un 30% desde 2010, en ascenso desde la crisis económica que se encandenó con la agravada por la pandemia. Desde marzo de 2020 las urgencias psiquiátricas en las que se atiende a menores se han duplicado.

Las cifras continúan en la consulta. Hay 9,8 psiquiatras por cada 100.000 habitantes, frente a los 17,2 de media en la UE y el Reino Unido; y 16,2 psicólogos clínicos frente a 29,9 de media. Estas cifras en la sanidad pública generan una realidad de privatización de la salud mental. Si en la sanidad pública te puede atender una persona durante 15 minutos una vez al mes a través de la regulación de medicación, la terapia existe a través de la sanidad privada, con costes difíciles o inasumibles para la clase trabajadora en el momento en que se necesita terapia.

Los padecimientos psicológicos no son puramente individuales. Existe una relación entre las cifras de salud mental en la juventud y el 40% de paro juvenil o que sólo 1 de cada 20 contratos para jóvenes sea indefinido y completo. No se trata de una relación automática y economicista, sino que se combina con los efectos de sufrir opresiones como raciales o de género que este sistema retroalimenta para subsistir. Es el mismo sistema que nos descarta como caballos enfermos que no pueden tirar del carro si no estamos en perfecto estado para aguantar la explotación capitalista.

La precariedad económica, generalizada en la juventud, se está consolidando y agudizando con la pandemia. La sensación de inseguridad respecto del futuro, la drástica caída de ingresos, el incremento del paro y la deficiente actuación de las instituciones educativas y los gobiernos dibujan un futuro desolador para la juventud del Estado español, que siente más que nunca que el actual sistema económico sólo tiene miseria que ofrecer.

A las difíciles condiciones económicas en las que viven muchos jóvenes se suma la ideología neoliberal que identifica tu valor como individuo a tu capacidad de hacer ganar dinero a una empresa y naturaliza la competencia en lugar de la solidaridad, multiplicando la soledad.

La “indefensión aprendida” ante esta situación de ofensiva tiene efectos sobre cómo nos sentimos, a nivel individual, pero también social. Creer que no podemos defendernos (o atacar) ante lo que nos sucede es un callejón sin salida hacia el desánimo. Hacernos creer que no podemos enfrentar colectivamente la precariedad, la miseria o la explotación también lo es. Pero las posibilidades de organizar la rabia y la transformación social son reales contra esa derrota que se nos ha inculcado.

No creemos en una salud mental que funciona como el mantenimiento de las máquinas para que nos consideren funcionales para el beneficio capitalista. En el camino de la transformación de este sistema de salud es necesaria la ampliación drástica de las plazas de PIR y profesionales psi en la sanidad pública, con posibilidad de elección para usuaries.

También es clave levantar en los centros de trabajo comisiones de trabajadoras y trabajadores, junto con secciones sindicales de riesgos laborales y profesionales psi independientes de la empresa, que acompañen e intervengan en los periodos de baja laboral por padecimientos mentales.

Estas comisiones no sólo le disputa ese rol a las mutuas afines a la patronal donde se reproducen prácticas mafiosas, sino que también pueden organizarse para combatir el acoso y la discriminación en los centros de trabajo. También se hace necesario organizarlas en los centros educativos, aumentando el personal de atención psi.

Estas medidas no pueden plantearse de forma aislada, sino junto a otras propuestas como el reparto de horas de trabajo sin bajada de salarios para reducir la jornada laboral y acabar con el paro, así como la prohibición de los despidos y los desahucios.

Sólo estos ejemplos ya atajan de forma directa condiciones que son una auténtica lacra para la salud mental de la mayoría trabajadora de la población. Sin embargo, deben ir más allá e insertarse en un programa que pelee por superar de conjunto una sociedad capitalista que ha probado ser incapaz de construir una salud mental sana para toda una generación.

En 2016 el lema “Valemos más que esto” #OnVautMieuxQueÇa se hizo popular en las movilizaciones que sacudieron Francia contra las reformas laborales, educativas y de las pensiones. Definitivamente valemos más que las migajas, la represión y la miseria que nos dan un puñado de capitalistas que cada día nos roba el futuro, el fruto de nuestro trabajo y organiza las relaciones económicas y sociales en base a ese fin. A costa, también, de nuestra salud.

Es difícil no sufrir cuando están convirtiendo el mundo en una sucia prisión. Pero es el momento de organizar esa rabia para pelear por una sociedad sin explotación ni opresión, en la que no seamos números descartables. Nos va la vida en ello.




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