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Red Internacional

América Latina.Elecciones México 2021: Avances y retrocesos del Morena y la derecha

En un contexto de gran polarización política, empieza a expresarse cierto desgaste del gobierno de Andrés López Obrador.

Bárbara FunesMéxico D.F | @BrbaraFunes3

Pablo OprinariCiudad de México / @POprinari

Lunes 7 de junio | Edición del día

En una jornada electoral donde estuvo presente la violencia -como en San Luis Potosí, Baja California, Campeche y Estado de México- destacó la alta participación del electorado, que según datos oficiales, podría llegar al 52%, cuando el promedio histórico, en elecciones intermedias, es de 45%. El aumento en la participación puede explicarse, en parte, porque se conjugaron elecciones a gobernador en 15 entidades, junto con diputaciones federales en todo el país.

Los resultados preliminares presentados por el Instituto Nacional Electoral señalan que Morena, el partido de López Obrador, habría obtenido alrededor de un 35 % de los votos, y que junto a sus actuales aliados -el Partido del Trabajo y el Partido Verde, otrora compadre del PRI- podría llegar a un 45 %. Cabe destacar que la mayoría de las encuestas proyectaban en los días previos a la elección, un 40 o 43 % para el partido oficialista, que finalmente quedó por debajo de esas expectativas. La alianza opositora, compuesta por el PRI, el PAN y el PRD, estarían obteniendo entre un 40 y un 41 %. La coalición oficialista se mantiene así como la primera fuerza electoral, pero acortando bastante la diferencia con la oposición, que se había expresado en las elecciones del 2018 empujada por el triunfo arrollador de AMLO.

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Según los resultados preliminares, de 330 diputaciones que en 2018 ganaron Morena y sus aliados a través de su coalición Juntos Haremos Historia, ahora podría perder hasta 60. Mantendría junto con sus aliados PVEM y PT unos 292 curules en el mejor de los casos. Esto significa que tendrá la mayoría absoluta, pero resignará la mayoría calificada de dos tercios.

Si esto se confirma, se debilita la hegemonía del partido de AMLO para garantizar reformas constitucionales como las que ha prometido el presidente. Así como para imponer su agenda legislativa, orientada a limitar levemente los privilegios de trasnacionales y empresarios que les garantizaron los gobiernos del PRI y del PAN, como sucedió con la regulación del outsourcing, o las reformas eléctrica y petrolera. Podría depender, mucho más que antes, de acuerdos con la oposición.

El resultado obtenido le habría alcanzado para conquistar, en el terreno de las gubernaturas, importantes avances. Si se confirma su triunfo en Michoacán (antes PRD), Colima (plaza histórica del PRI), Baja California Sur (antes gobernada por el PAN), Sonora (hasta ahora gobernada por el tricolor), Guerrero (también del PRI hasta este 2021), Tlaxcala (hasta ahora del PRI) y Zacatecas (otro bastión que pierde el PRI), por lo menos. Siete de 15, en este panorama, constituye un importante avance nacional del Morena, que arrebata varias gubernaturas al PRI. Y está por verse si amplía la cantidad de gubernaturas en las próximas horas.

Las causas del resultado electoral

En este proceso electoral, la derecha llevó adelante una campaña militante de no votar por el Morena. Un gran frente único integrado por el PRI-PAN-PRD, sectores del empresariado liderados por Gustavo de Hoyos y Claudio X. González, cabezas visibles de Sí por México, la jerarquía eclesiástica católica y medios masivos de comunicación nacionales e internacionales, se vio en acción durante todo el período electoral.

En el norte del país, alrededor de 500 mil trabajadores, directivos y proveedores pasaron por seminarios, conferencias y publicidad de todo tipo para que votaran por “cuidar su empleo y cuidar su empresa”, en nombre del Estado de derecho para los negocios capitalistas. Esta fue una campaña similar a la que llevaron las cámaras empresariales antes de las elecciones del 2018, luego de las cuales el presidente les “tendió la mano” y generó un diálogo permanente con las mismas.

Sin embargo, la campaña de la derecha y la emergencia de la misma coalición no explican el resultado electoral. Lo que se mostró este 6 de junio es que su gobierno, aunque mantiene parte de su fuerza, ha sufrido un desgaste relativo. Esto se expresa en la desilusión de parte de su base electoral, que en 2018 le dio a AMLO un 53% de los votos, basado en las expectativas generadas con su discurso antineoliberal y sus promesas de cambio. La causa de esto no puede adjudicarse a las campañas de la derecha.

En estos tres años se ha expresado la contradicción entre un discurso de tintes progresistas, respecto a una política que mantuvo mucho de los planes neoliberales ordenados desde Washington y aplicados por los gobiernos desde Miguel de La Madrid en adelante. Ejemplo de ello es la persistencia de la militarización y de la precarización laboral, el obediente pago de la deuda externa, conservar figuras como las “empresas productivas del Estado”, que permite la asociación con compañías privadas. Así como otras acciones como el anuncio del retorno a clases presenciales sin condiciones seguras, que han despertado gran descontento entre la comunidad educativa, así como la reciente represión a los normalistas y la situación que enfrentan distintos sectores en lucha, como las trabajadores de Notimex.

La pandemia implicó un retroceso en el nivel de vida de la mayoría de la población, pues empresarios y trasnacionales aprovecharon la crisis actual para imponer recortes salariales, despidos y mayor precarización laboral. Ataques de los cuales tanto el Morena como el PRI, PAN y PRD son cómplices, y que las direcciones sindicales actuales dejan pasar.

Si AMLO capitalizó en 2018 el descrédito de los viejos partidos y la ruptura de muchos votantes con estos, su política es lo que está abriendo el camino a la recomposición de la derecha.

Para combatir estos ataques, y los que vendrán, las y los trabajadores necesitamos impulsar una política independiente, basada en la movilización y la lucha por nuestros derechos. Para esto, es fundamental forjar una alternativa política independiente de los empresarios, de los partidos de la derecha así como de Morena, y de la burocracia sindical que mantiene la tregua con el gobierno. Un partido antiimperialista, internacionalista y revolucionario que proponga un programa obrero de emergencia ante la crisis, que enfrente la subordinación al imperialismo estadounidense y plantee una perspectiva de independencia de clase.




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