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Red Internacional

Jujuy. Empresa Ledesma: ¿de qué hablan, cuando hablan de desarrollo y progreso?

A inicios de una nueva zafra en el ingenio Ledesma, realizamos un pasaje histórico sobre el emporio del NOA y el por qué de la presencia de los funcionarios del gobierno en la apertura.

Cintia VargasEstudiante de Historia UNJu

Sábado 14 de mayo | Edición del día

Se dio el inicio de una nueva zafra en el ingenio Ledesma, con presencia de funcionarios del gobierno provincial, intendentes, ministros y diputados oficialistas y “opositores”.

En el discurso de apertura a cargo del gerente general, Javier Goñi, hizo mención a los 114 años de la existencia del ingenio:

“Esa trayectoria de 114 años , que no es tan común en nuestro país, responde a una pasión por hacer, a una vocación de crecer, de innovar, de insistir. Desde acá, desde la provincia de Jujuy y distintos puntos de Argentina para poder generar desarrollo sostenible”

A raíz de esta mención solemne, sobre su “desarrollo y progreso” que, también, reivindicó Gerardo Morales en su discurso en torno al desarrollo económico y social, la generación de oportunidades laborales, el fortalecimiento de la “cultura del trabajo” y los procesos productivos amigables con el ambiente. Desde LID nos preguntamos ¿Cómo pudo el ingenio azucarero tener esta vigencia?

La explotación de los pueblos originarios fue la piedra basal del despegue azucarero

A saber, la producción azucarera venía desde la fundación del Virreinato del Río de la Plata, es decir, sobre la usurpación de tierras a los pueblos originarios. El territorio que hoy conocemos como departamento de Ledesma, en tiempos coloniales fue una región de fuertes, presidios y reducciones de pueblos originarios oriundos de la región.

Una vez cumplido el rol de reprimir todo intento de insubordinación y rebelión de las etnias de la zona, se instalaron haciendas en Ledesma, administradas por familias, que tenían peso en el estamento militar como clerical en el régimen colonial. Por ejemplo, la familia del comandante general de frontera Gregorio de Zegada. Posteriormente, las tierras serán adquiridas por las familias oligárquicas salteñas Ovejero y Zerda, y se profundizará la producción artesanal con trapiches de madera para el azúcar y el alcohol de caña.

A comienzos del siglo XX, la casi totalidad de las tierras del valle eran propiedad de tres ingenios: Ledesma, la Esperanza y otro menor, Río Grande en La Mendieta. En nuestra provincia el azúcar quedó en manos de la unidad familiar terrateniente-industrial, dueña de las plantaciones y la fábrica. Y al igual que la mayoría de los ingenios azucareros que se desarrollaron en las provincias del NOA, Ledesma se forjó a través de la utilización de mano de obra proveniente de pueblos originarios de la región del NOA y NEA (Salta, Jujuy, Chaco, Formosa y Santiago del Estero) y del sur de Bolivia.

El ingenio azucarero Ledesma lo fundaron en 1908 Carlos Dellcasé y Enrique Wollman, adquieren el crédito de un banco francés para la compra de la maquinaria moderna por una gestión del socio capitalista que era Dellcasé. Hacia 1911, Ledesma era una empresa capitalista súper tecnificada y está va a ser comprada íntegramente por el ingeniero alemán Enrique Wollmann.

En 1914 los productores capitalistas jujeños apoyados en la superexplotación de las tribus originarias fueron los tres principales ingenios jujeños, que ocuparon 10.000 nativos en condiciones de semiesclavitud.

Los traslados hacia los ingenios se daban en situaciones deplorables, viajaban hacinados en vagones de tren como si fueran animales y eran rociados con insecticida en polvo al llegar a la estación de tren de Ledesma.

La apropiación de tierras, la explotación en condiciones de semi esclavitud de los pueblos indígenas de las tierras bajas (selva de Yungas y Chaco argentino y boliviano) y luego de las tierras altas (quebrada y puna, argentina y boliviana); la expansión de las vías férreas hacia la región de los ingenios conocida, desde ahí en mas, como Ramal jujeño, permitió el llamado despegue de la industria azucarera.

Tales características, capitalista moderna y oligárquica, permitió el rápido enriquecimiento de los ingenios jujeños, que acaparaban un inmenso poder económico y político. Obtenían créditos, protección arancelaria contra una eventual competencia extranjera y el respaldo militar para garantizar la zafra con fuerza de trabajo indígena, combinando coacción, engaño, presión y violencia. Con el ejército, a punta de fusil, obligaban a tobas, wichis, chiriguanos y mocovíes, y guaraníes del territorio del Chaco, Formosa y Salta a levantar las cosechas de caña de azúcar. La jornada laboral en tiempo de zafra era de sol a sol, de 12 a 15 horas, sin descanso dominical.

Con trabajo infantil y de mujeres (en similares condiciones que los hombres) por cortar, pelar y transportar la caña, se entregaban monedas del ingenio, fichas y vales semanalmente solo canjeables por mercadería en los almacenes y proveedurías del mismo ingenio y al finalizar la zafra se pagaban los sueldos, si quedaba un saldo.

Las condiciones de los trabajadores provenientes de comunidades originarias era terribles, construían sus propias chozas para poder descansar. El resto de los trabajadores permanecían hacinados en pequeñas habitaciones y galpones cedidos por la empresa.

A las brutales condiciones de vida y de trabajo que padecían los trabajadores zafreros habría que sumarle la mala alimentación y las pésimas condiciones de salubridad e higiene que desembocaban en múltiples enfermedades, mortalidad infantil y un gran deterioro físico y mental.

Esta violencia fue ejercida directamente por la empresa avasallando derechos humanos y reprimiendo con la policía, que era pagada por Ledesma Sugar Company, los distintos levantamientos de los obreros guaraníes.

En 1914, el 80 % de la población tenía paludismo, tuberculosis y sífilis. En 1920 los atendió el doctor Guillermo C. Paterson, cuyo nombre se recuerda porque era el único médico en la región.

Los lazos matrimoniales unieron al Ingenio Ledesma con familias oligárquicas. Enrique Wollman tuvo una única hija (Paulette Wollman), que se casó con Herminio Arrieta, quién también fue diputado nacional en 1934 y senador en 1938 por el Partido Popular, del qué fue su principal dirigente y en el que estaban organizados los conservadores de Jujuy con lazos con el derechista salteño y dueño del Ingenio San Martín del Tabacal, Robustiano Patrón Costa, que llegó a aspirar a presidir el país de la mano de lo más granado de la oligarquía terrateniente en el periodo histórico conocido como la década infame. Así fue, que la oligarquía azucarera disfrutó bastante entre 1930 a 1943.

Una empresa impulsora de golpes y responsable civil de apagones

En 1970 fallece Herminio Arrieta y Carlos Pedro Blaquier, quien se había casado con su única hija, Nelly; asume la presidencia del grupo, en el mismo año. Aunque, desde fines de la década del 60’, Blaquier ya venía incidiendo en la política de la empresa, y en la relación de ésta con el gobierno nacional dirigido por el partido militar. Siendo el grupo económico concentrado de la actividad azucarera, que más se benefició con la política del gobierno dictatorial de Onganía con la liberación del cupo de producción azucarera y los cierres de decenas de ingenios en Tucumán amplió su cupo de producción de manera ilimitada e impuso el precio de la azúcar.

Como presidente del directorio de Ledesma, Blaquier, con tal de arrasar con el combativo movimiento obrero azucarero de la fábrica y el campo, que recuperaron el sindicato tras un un proceso de reorganización del movimiento obrero. En el marco de un ascenso de la lucha de clases post Cordobazo, y donde vuelven a realizar paros en el ingenio, después de mucho tiempo, y con un clima contextual de cuestionamiento de la clase trabajadora hacia las condiciones de vida; se funda el sindicato de obreros del campo y múltiples oficios en Calilegua y el sindicato papelero de Ledesma. Desde estás organizaciones se dan intensas luchas por salario, condiciones de trabajo y viviendas.

Impulsada la última dictadura cívico militar y eclesiástica de 1976, específicamente como responsable civil, Carlos P. Blaquier, junto al administrador del ingenio Alberto Lemos, durante “La noche del Apagón” en Libertador General San Martín y Calilegua, se realizaron más de 400 detenciones de trabajadores, delegados y dirigentes sindicales, amas de casa, docentes y estudiantes secundarios y universitarios de la UNT que se encontraban pasando sus vacaciones de invierno, con un gigantesco operativo en el que participaron el ejército, gendarmería, policía provincial y seguridad privada del ingenio.

Previamente la empresa contribuyó con listas “negras”, combustible, camionetas y trailers, camiones acoplados con pequeñas ventanas en los que, al día de hoy transporta día a día a obreros, desde las localidades a las fincas cañeras y citrícolas. Algunos fueron llevados a la comisaría y a otros al destacamento de Gendarmería, que se ubicaba dentro del Ingenio, en viejos inmuebles propiedad de la empresa que quedan frente a la fábrica de azúcar, y desde ahí eran llevados a los centros clandestinos de detención. De los detenidos y detenidas, hoy en día, al menos 33 permanecen desaparecidos.

Tras 46 años de estos delitos de lesa humanidad, que se le imputan al ex presidente del grupo Ledesma, Carlos Pedro Blaquier, e incluso los 8 años del inicio del proceso judicial, que se reconoció en un fallo fue demorado por la propia Justicia, no cesó la pelea de los familiares, hijos y los organismos de derechos humanos por la memoria, la verdad y la justicia, que siguen decididos en llevar a Blaquier ante la Justicia, a pesar de todos los favores estatales, de sus instituciones y representantes (de la casta). Incluso, al día de hoy, con la Secretaria de DDHH de Nación, que no ha generado el cese de la pelea de los familiares, sino todo lo contrario.

En los últimos decenios

Por 2011, tras la toma de 80 hectáreas, pertenecientes a Ledesma, protagonizada por familias sin techo, muchos eran trabajadores del azúcar, del citrus, empleados indirectos de Ledesma, municipales y estatales, que desató una brutal represión en la que fueron asesinados tres trabajadores, que apoyaban el reclamo y tenían familiares y amigos asentados. Ledesma coordinó directamente, a través de su jefe de Seguridad Carlos Ferro, la represión, llevada adelante por el gobierno kirchnerista de Walter Barrionuevo y para desatar la represión usaron la muerte de un policía. Este barrio se conoce como "El Triangulo".

Esta acción por la tierra y la vivienda terminó despertando por 2012, un movimiento de miles de tomas en la provincia, por familias que tomaron en sus manos la resolución de un anhelo tan postergado por los distintos gobiernos y que la misma casta política tuvo que ceder en un plan Un lote para cada familia jujeña y con la ayuda de las direcciones sindicales y sociales oficialistas fueron desactivando las tomas.

En 2016 los obreros de Ledesma realizaron una huelga de 8 días consiguiendo un aumento salarial por encima de lo que ofrecía la empresa, y en 2017 otra huelga de 24 días. En ambas hubo represión, pero en la última, los obreros movilizados y la organización de autodefensa hicieron que la policía tuviera que retroceder. Y el gobierno de Morales no habilitó la negociación en el Ministerio de Trabajo provincial, sino que hizo intervenir a Jorge Triaca ex diputado nacional, como quería Ledesma.

Actualmente, el grupo Ledesma ha despedido 20 trabajadores entre enero y febrero, que presentaron juicios por las ART.

El emporio, es líder en la producción de azúcar y papel, y con una importante participación en los mercados de frutas y jugos cítricos, alcohol, bioetanol, carne y cereales a nivel nacional.

Admite poseer 160.000 hectáreas en Jujuy y explotar en el departamento de Ledesma y Santa Bárbara alrededor 42.000 hectáreas destinadas, solo, a la cosecha de la caña de azúcar, y unas 3.000 hectáreas cultivadas con citrus (naranja, pomelo y limón), a su vez que tiene 100.000 hectáreas de “Paisaje Productivo Protegido” una reserva privada, integrada en la Reserva de Biósfera de las Yungas, cuya superficie total es de 1,3 millones de hectáreas protegidas. La visión que sustenta este concepto de “desarrollo sustentable” es que las actividades productivas son las generadoras de recursos económicos y por cada hectárea de producción, se conservan 2 hectáreas de bosque nativo.

A su vez, participa en la producción de petróleo y gas natural asociada a Repsol y otros grupos. Mientras, la familia Blaquier, según la revista Forbes tiene una fortuna de 550 millones de dólares.

La casta y las fuerzas represivas

Tras este recuento histórico, queda en evidencia que desde el inicio del estado moderno jueces, gobernadores, diputados e intendentes, comenzaron lo que hoy llamamos casta política. Esa casta de la que, en realidad, no reniegan los libertarios, quienes no dicen que la casta política responde a una clase social en particular, la clase capitalista. La burguesía diría Marx, es decir, los banqueros, los terratenientes, los industriales; los dueños de los medios de producción.

La casta política unifica y amalgama peronistas, kirchneristas, radicales, macristas; muchos de ellos estuvieron presentes en el acto inaugural del inicio de zafra 2022. Marcando una distancia abismal entre la vida de las grandes mayorías y la que garantiza el acceso al poder político con sueldos y dietas que multiplican por diez o por veinte el salario mínimo; vehículos oficiales a disposición; pasajes gratuitos en avión y colectivos; cargos vitalicios o cuasi intocables, sometidos a la sola fiscalización de sus pares, entre otros privilegios.

Estos privilegios son inseparables de sus lazos estructurales con el poder económico capitalista. Sus privilegios no vienen por su función, títulos (estudios) ni esfuerzo personal sino para mantener la estructura de impunidad de la opresión de una clase sobre otra; para comprar voluntades en contra de los trabajadores, en contra de la clase obrera.

Han actuado directamente en beneficio de los grandes terratenientes y empresas millonarias de nuestra provincia, como lo demuestra la historia de 114 años del Ingenio Ledesma, bajo el lema de desarrollo, progreso y el conocido “dan trabajo”.

Porque, la casta jujeña, como en otras provincias, es también empresaria y terrateniente. Y dijeron “presente”, el arco político oficialista (UCR) y el “opositor” (PJ) en el inicio de zafra; el gobernador Gerardo Morales, el ministro de Gobierno y Justicia, Normando Álvarez García; el ministro de desarrollo económico y producción, Exequiel Lello Ivacevich; la ministra de educación Maria Teresa Bovi; el Jefe del Regimiento, Teniente Coronel Abel Giménez entre autoridades de la policía, intendentes y diputados provinciales como Rubén Armando Rivarola y Daniela Vélez.

Lamen las botas del patrón, que dice que desarrolla con conciencia “en el cuidado del ambiente y tiene en el ADN el ser respetuoso y cuidadoso del ambiente” con leyes de bosques desfinanciadas y el fuego que curiosamente se extiende, solo, sobre bosques nativos y el parque nacional Calilegua, con incendios récords que se dan en las Yungas. O con la contaminación ambiental ocasionada por el ingenio, con la enfermedad llamada bagazosis. Dado que, las enfermedades que sufren comúnmente los habitantes de Libertador General San Martín están vinculadas a problemas respiratorios, tales como asma, alergias y cáncer derivados a la exposición constante con el bagazo; que es el desecho de la caña mediante el cual se realiza la pasta de celulosa. Este desecho es altamente volátil y ocasiona que los pobladores de la zona lo respiren permanentemente.

El gobernador, Gerardo Morales, en su discurso se refería de la siguiente manera al emporio explotador, que despidió 20 trabajadores durante enero y febrero del 2022, por presentar juicios a las ART.

“Como decía Javier (gerente general), cada inicio de zafra es una nueva apuesta a la producción y a más inversiones… felicitarlos y agradecerles por apostar al Libertador General San Martín, por apostar a la provincia, por apostar a la producción y por apostar al trabajo.”

Y respecto a la función que cumplen los funcionarios, dijo:

“Algunos debates que tenemos que seguir dando a nivel nacional, especialmente con los biocombustibles … necesitamos una actualización del precio cumpliendo con la ley. Están acá, la diputada Burgos que ahora es diputada provincial que como legisladora nacional acompañó ese marco normativo… así, que ratifico esa voluntad de luchar”.

Y como si esto no fuera mucho, comprobando los intereses a los cuales sirven y por los que “luchan” en los parlamentos. El gobernador se comprometió a dialogar con el Secretario de Energía de Nación para solucionar el problemita de la empresa con el precio del biocombustible.

También, resaltó el proyecto del parque industrial que incentiva el grupo Ledesma y que tiene al gobierno de la provincia de Jujuy con opositores y oficialista de aliados estratégicos, señalando “nos toca a las autoridades provinciales y municipales gestionar para que ese anhelo sea una realidad”, aduciendo a la teoría del derrame, que la historia de Ledesma nos muestra que las riquezas se las quedó la familia Blaquier.

Terminar con la explotación de El Familiar

Una de las formas, más significativa, histórica y nefasta mediante la cual se ejerció la violencia sobre los trabajadores fue el mito de El Familiar, que hace referencia a la existencia de un ser diabólico, que realiza un pacto con el dueño del ingenio (firmado con sangre) para obtener una buena cosecha, pidiendo a cambio la sangre de los obreros revoltosos, conflictivos o que pueden organizar alguna protesta por las malas condiciones de trabajo. Y cuando suenan las sirenas del ingenio o se produce un “apagón” en la zona, son señales de que El Familiar atacó o se llevó a alguien.

El mito de El Familiar es una metáfora cruel del poder de la patronal impune, protegido por la casta política, judicial y las fuerzas armadas de este Estado.

Y si bien, estos últimos años, el descontento contra la casta política se evidencia en los medios de comunicación. El combate contra la casta política y sus privilegios no se agotan en el terreno de las meras críticas. Es una pelea por imponer, por ejemplo, que funcionarios y legisladores cobren como un trabajador y sean revocables, enlazado a la lucha contra el poder de un Estado que, en su esencia, sirve a los intereses de la clase capitalista. Una maquinaria burocrática aceitada para perpetuar la dominación social y política del gran empresariado.

Las lecciones históricas de la clase trabajadora, como por ejemplo en La Comuna de París, ha hecho que desde que tiene representación parlamentaria -a nivel nacional y en las provincias-, el PTS-Frente de Izquierda Unidad ha insistido en debatir un proyecto para que todo legislador o funcionario político gane como un trabajador. Obviamente, en esta propuesta, macristas, peronistas y kirchneristas confluyeron en un programa común: los privilegios de casta son intocables.

Y lejos del uso demagógico de la pelea contra la casta, como lo hacen los liberales, desde el punto de vista de las lecciones históricas de poner en pie un "gobierno de los trabajadores", solo lo puede hacerlo la clase trabajadora, como fue en sus primeros ensayos en la heroica Comuna de París. Este horizonte implica una pelea de conjunto, que apunte a la transformación revolucionaria de la sociedad, de reorganización política; que adquiere pleno sentido e importancia solo en conexión con la “expropiación de los expropiadores”, es decir, con la transformación de la propiedad privada capitalista de los medios de producción en propiedad social.

En la perspectiva de un Gobierno obrero y popular, que solo puede garantizarse por medio del desarrollo de organismos de unidad y coordinación de trabajadores ocupados, desocupados, informales, familia sin techo y pueblos originarios, en la lucha y movilización por sus demandas sociales y políticas más sentidas.

En la construcción, desde ahora, de un partido revolucionario de trabajadores, jóvenes, disidencias y mujeres que se proponga ganar peso influyente y dirigente en los lugares de trabajo, estudio y barrios populares, para estar preparado para guiar y articular a toda esta fuerza social. Con el objetivo firme de la toma del poder por los explotados y oprimidos de las ciudades y el campo.




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