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Entrevista a Joseffe Cáceres y Camila Meza: trabajadoras revolucionarias se presentan a constituyentes por Puente Alto, La Florida y La Pintana

Ideas Socialistas

Entrevista a Joseffe Cáceres y Camila Meza: trabajadoras revolucionarias se presentan a constituyentes por Puente Alto, La Florida y La Pintana

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Joseffe Cáceres y Camila Meza son candidatas a constituyentes por el Distrito 12 que agrupa a las comunas de Puente Alto, La Florida, La Pintana, San José de Maipo y Pirque. La primera es auxiliar de aseo, madre, dirigente sindical de los funcionarios del ex Pedagógico y egresada como técnico en gestión local de la Universidad ARCIS, a punto de titularse; la segunda, arquitecta de la USACH y participante activa del movimiento estudiantil del 2011, actualmente es parte del mundo social organizado en Puente Alto. Ambas militan en el Partido de Trabajadores Revolucionarios y en Pan y Rosas. Conversaron con nosotros sobre sus principales ideas para el proceso constituyente.

¿Para qué se presentan como candidatas?

J: En primer lugar, creo que hay que partir por las aspiraciones más sentidas por los trabajadores y sectores populares: nuestras candidaturas son herramientas para que nuestras abuelas y abuelos tengan jubilaciones que les permitan pasar la vejez bien, no como ocurre ahora con las pensiones miserables; nos presentamos para que exista un sistema de salud de calidad, que sea gratuito y solidario y no estemos sometidos a la voluntad de laboratorios privados y farmacéuticas que son monopolios; para que se realicen las aspiraciones que expresamos en la rebelión; para que el país lo construyamos trabajadoras y trabajadores según nuestras necesidades y proyectos. Sabemos que para todo eso tenemos que enfrentar a las familias más poderosas del país y vivir grandes procesos sociales y eso es algo que va mucho más allá de lo que se puede lograr en la Convención, de hecho sabemos que en esta instancia no conquistaremos todo esto. Pero si nos presentamos como candidatas es porque todavía hay millones de personas que confían en que los cambios de fondo los vamos a lograr redactando una nueva Constitución. Nosotras queremos acompañar esa experiencia, porque no nos creemos iluminadas, y al mismo tiempo poner sobre la mesa el programa de la rebelión y una perspectiva claramente anticapitalista sin atemorizarnos frente a las trabas que ya vemos en pleno desarrollo, con la prohibición de los jóvenes estudiantes que saltaron los torniquetes, con las restricciones de los ⅔ que favorecen a qué los partidos tradicionales y de los 30 años de la herencia de la dictadura, puedan seguir perpetuandose, suma a eso que buscarán poner los representantes de los grandes capitalistas en el debate constitucional.

Nos importa mucho que nuestras ideas, estén al lado de los intereses de las mayorías, de dónde provenimos, en mi caso de la clase trabajadora, es decir una política con independencia de clase.

Queremos enfrentar a la política de los acuerdos o negociaciones entre gallos y media noche. Pero por sobre todo, queremos que nuestras candidaturas o eventuales cargos como convencionales, sirvan para que miles o decenas de miles podamos empezar a organizarnos en los lugares de trabajo y barrios, para construir la fuerza social necesaria que pueda enfrentar los intereses de los dueños de Chile, lo que se definirá en el terreno de la lucha entre clases, es decir, no sólo en la Convención que tiene miles de trabas muy bien pensadas para favorecer los intereses de los sectores dominantes del país, sino con un proceso de movilización permanente en las calles y la preparación de una huelga general.

¿A qué se refieren cuando hablan de “trabas” en la Convención?

C: A cuestiones muy concretas y por todo el mundo conocidas: al quórum de dos tercios para validar una norma constitucional, lo que le da un poder a la derecha para impedir la validación de leyes que no sean de su gusto; a la imposibilidad de discutir tratados internacionales lo que incluye tratados comerciales; a la restricción de las libertades de reunión y circulación disfrazadas de medidas sanitarias como el toque de queda.

¿Entonces ustedes dicen que eliminando esas “trabas” ya tendríamos una Convención Constitucional más apta para definir la nueva Constitución?

C: No, no decimos eso. Podemos eliminar esas trabas, pero hay otras tantas más o menos evidentes. ¿Te has preguntado por qué los menores de 18 años no tienen derecho a voto si son ellas y ellos quienes iniciaron la rebelión saltando los torniquetes el 2019? ¿Esas y esos jóvenes tienen que conformarse con que otros les representen o con quedarse siempre fuera del sistema electoral? Nosotras creemos que los mayores de 14 ya deberían tener derecho a voto. El hecho de que en la elección de convencionales se use el mismo criterio que para la elección de diputados ¿no es una muestra de que a los políticos que tienen el poder en las instituciones oficiales les asusta abrir más el juego? ¿Qué impedía convocar a una Asamblea Constituyente en la que se eligiese un representante cada 10.000 o 20.000 personas por ejemplo? Una sola cosa impidió eso: el acuerdo del 15 de noviembre, cuando representantes de casi todo el espectro político firmaron el “pacto por la paz”. En ese acuerdo ellos pusieron las reglas para proteger mejor los intereses de los capitalistas. Crearon una institución como la Convención, con el objetivo de que las cosas no se escapen de su control. No hay que olvidar eso. Nosotras no lo hemos olvidado. Por eso nuestras candidaturas no tienen el objetivo de alimentar las ilusiones sobre lo que podremos lograr en la Convención. Al revés: queremos que sean una herramienta para que se fortalezca la fuerza social de la clase trabajadora, de la juventud, las mujeres y los jubilados y jubiladas, porque es esa fuerza la que podrá enfrentar a los dueños de Chile con alguna chance de ganar. Nosotros hacemos política para esas peleas grandes y cada propuesta que hagamos en la convención tendrá el objetivo de preparar la lucha contra esos poderes.

¿Qué propuestas plantean para la Convención Constitucional? ¿Tiene sentido plantearlas si dicen que hay tantas trampas?

J: Planteamos dos ámbitos de propuestas. En primer lugar, defendemos un programa claramente anticapitalista que se debería expresar en medidas como la nacionalización de todos los recursos y servicios estratégicos como el cobre, los recursos forestales y los puertos y la gestión de éstos por trabajadoras y trabajadores junto a las comunidades. Pienso en la comuna donde vivo: está la papelera, del grupo CMPC, de la familia Matte, uno de los grupos de poder más centrales del país, que hace algunos años estuvo en la palestra por el caso de la colusión con el papel higiénico, que están ligados al opus dei, una corriente conservadora y reaccionaria extrema de la Iglesia Católica y que impulsan el Centro de Estudios Públicos, uno de los centros de pensamiento más influyentes en la “opinión pública”. ¿Cómo puede ser que un recurso tan básico como el papel esté en manos de empresarios como los Matte? Pienso que también es necesaria la creación de un sistema de pensiones estatal en el que se garantice pensiones nunca inferiores a $500.000 y que se acerque al 70% u 80% del sueldo a la hora de jubilar. Eso implicaría que las administradoras, las AFP, dejen de existir. Que su negocio no se permita más y que los propios trabajadores y jubilados decidan y manden sobre los fondos previsionales, poniendo en primer lugar nuestras vidas. Hoy es demasiado lo que se roban por concepto de “comisiones” o costos de operación. Los grandes grupos económicos hacen lo que quieren con los fondos. Que los fondos previsionales vuelvan a pertenecerle a las y los jubilados.

C: En este ámbito anticapitalista del programa, creo que también podemos incluir otra de las propuestas que hacemos para combatir la cesantía: repartir las horas de trabajo entre trabajadores que actualmente tienen trabajo y quienes no lo tienen y lo necesitan, reduciendo la jornada laboral, pero no los sueldos. ¿Quién debería pagar esto? Todos los que se han enriquecido en estas décadas de neoliberalismo, los empresarios a costa de sus ganancias. También, desde mi área como arquitecta, pienso que la pandemia ha significado una crisis en cómo construimos la ciudad y las viviendas. Para muchas familias el “quédate en casa” cuando son cinco habitantes bajo un mismo techo, donde hay 2 o 3 piezas, tuvo la consecuencia de propagar el virus, todo lo contrario a lo que pensaban las autoridades. A mi el discurso de Bernardita Ossandón, concejal, candidata a constituyente por RN por este distrito, me resulta incluso irrisorio: ella dice que va a pelear por que el derecho a la vivienda sea un derecho constitucional, pero dice que eso no asegurará que todos tengan vivienda. ¿Entonces sería un derecho de papel?

Yo, por el contrario creo que hay que tomar algunas medidas básicas, en el marco de un gran plan de obras públicas. Medidas concretas frente a ese problema. Te digo varias:A) Que el uso del suelo sea planificado democráticamente por trabajadores y comunidades. B) Estatización de los suelos en manos de bancos y especuladores que mantienen sitios baldíos para venderlos al mejor postor. C) Que el Estado desarrolle planes de viviendas sociales con altos estándares de calidad, con costos de arriendo bajos y derecho de tenencia para sus habitantes. D) Basta del dominio de los bancos: que a nadie lo puedan sacar de su casa si no tiene para pagar dividendos. Nacionalización de la banca y gestión de trabajadores y comunidades, para terminar con todas las formas de robo de estas entidades financieras.

Yo a veces recorro Puente Alto, miro grandes sitios baldíos y pienso ¿si fuésemos trabajadoras y trabajadores quienes decidiéramos cómo construir nuestros espacios cotidianos? El otro día pasé por la Monse y habían unos carabineros apostados con una actitud muy prepotente: obviamente es porque esa plaza se ha transformado en un centro de encuentro de muchas y muchos jóvenes de Puente Alto, con expresiones culturales, políticas y deportivas. Los grupos de poder no quieren nada de eso. Quieren que nada se escape de su control que consumamos y trabajemos.

Este tipo de cosas son la muestra cotidiana del problema que mencionaba más arriba: la cocina del 15N de 2019. Nosotras, ante eso es que defendemos una lucha contra todas las restricciones al pueblo trabajador, y estamos por una verdadera Asamblea Constituyente Libre y Soberana en la que tengan derecho a voto los mayores de 14 años y donde no exista ninguna traba en cuanto a los temas que pueden abordarse. Pero también estamos por la disolución de la policía. Es absurdo que una institución que no tiene ninguna utilidad social reciba tanto dinero. Las funciones de seguridad podríamos organizarlas de otra manera, bajo nuestra dirección, como trabajadores y sectores populares. Este es el segundo ámbito de nuestro programa para la Convención: las demandas democráticas radicales con las cuales queremos demostrar que el discurso de “valores democráticos” en boca del gobierno o la ex Concertación es totalmente falso.

J: Hay también ciertas medidas mínimas que deberíamos discutir, como que a igual salario corresponda igual salario para que terminemos con las brechas de género, que exista un posnatal de emergencia que se pueda extender sin restricciones en el contexto de pandemia.

También en este terreno, no puedo dejar de mencionar las demandas orientadas a la defensa de los derechos de las mujeres. En el Distrito 12, la candidata Bernardita Ossandón, opus dei al igual que la familia Matte, plantea como primer punto de su programa a la Convención Constitucional, la defensa del derecho a la vida del que está por nacer. Es decir, es una defensa completamente conservadora de un punto de la actual Constitución, dirigido en contra de nosotras, el movimiento de mujeres, en contra del derecho a aborto, en contra de que podamos decidir sobre nuestros cuerpos. Nosotras desde Pan y Rosas hemos sido parte de las luchas del movimiento de mujeres, en 2016 nos movilizamos por Ni Una Menos y en 2017 impulsamos un programa de emergencia contra la violencia machista. Ahora queremos llevar nuestra solidaridad con las mujeres que en Argentina pelean por que este derecho sea ley.

¿Pero por qué tendría sentido plantear todo esto si la Convención, según ustedes, es un trampa?

C: Es una trampa pero es el terreno en el que estamos obligadas a caminar si queremos acompañar la experiencia de millones de trabajadoras y trabajadores. Acompañar no significa quedarnos calladas: por eso en el plebiscito llamamos a votar nulo en la segunda papeleta. Si queremos que nuestra voz se escuche, tenemos que buscar todos los medios para abrirnos paso, y si eso implica participar en las elecciones, bueno, hay que hacerlo. Ciertos grupos que defienden consignas como “yo no voto, me organizo” me parece que están condenados a no cumplir ningún papel relevante, porque prefieren permanecer en sus espacios seguros y no disputarle influencia a las fuerzas reformistas como el PC o el Frente Amplio. Ideas como las que defendemos nosotras no se abren paso por milagro, sino que requieren un esfuerzo largo y con luchas políticas sostenidas, construyendo una organización militante arraigada en los lugares de trabajos y barrios. Por eso reunimos más de 7.000 firmas en Santiago, para abrirle paso a estas ideas. Y en las elecciones y en la Convención aprovecharemos cada espacio que se nos de para defender estas ideas. De esa manera la fuerza social para batallar por su realización crecerá.

¿Y cómo piensan que sus propuestas podrían implementarse si van a afectar intereses tan poderosos?

J: Es obvio que si nos quedáramos esperando que los mismos personajes que diseñaron las trampas para la Convención y que han gobernado tanto tiempo nos den grandes cosas, nos podemos quedar esperando toda la vida. Por esa razón, como te decía al comienzo, el centro de gravedad donde se definirá el destino del país, no será la Convención Constitucional. Eso se definirá en otro terreno, el terreno de la lucha de clases. Si trabajadoras y trabajadores aprovechamos este tiempo para organizarnos en nuestros lugares de trabajo y barrios, si desarrollamos un plan de movilizaciones y le exigimos a las grandes organizaciones de trabajadores como la CUT o el Colegio de Profesores que no se queden de brazos cruzados y que impulsen el debate y la movilización, entonces estaremos en mejor pie para preparar una huelga general, para proponernos derribar este régimen de los 30 años y para que sean las organizaciones de trabajadores y sectores populares -y no el gobierno asesino de Piñera- quienes convoquen a una Asamblea Constituyente Libre y Soberana.


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