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Estudiar y trabajar: ¿en qué invierte su tiempo la juventud?

En promedio, se calcula que 8 de cada 10 jóvenes mexicanos que estudian también trabajan. Menos del 50% de ellos lo hace en un empleo relacionado con su carrera. Las cifras sobre jóvenes que abandonan sus estudios son crudas; en la mayorías de los casos la urgencia de trabajar debido a los bajos ingresos familiares es la principal razón.

Yara Villaseñor

Socióloga UNAM - Integrante del MTS

Viernes 29 de julio de 2016 | 21:55

Es común escuchar que la mayoría de los jóvenes en esta situación son perfectamente capaces de superar estas dificultades y concluir sus estudios mientras laboran. Se argumenta, sobre todo, que los trabajos de medio tiempo son los mejores para un joven que también estudia.

En el caso de México, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico(OCDE), arrojó resultados que indican que jóvenes invierten más tiempo en sus trabajos que en sus estudios. Poco más de la mitad de jóvenes entre 15 y 19 están inscritos en alguna institución educativa y conforme aumentan su edad, el número que continúa estudiando disminuye de manera alarmante.

Es así que entre los 15 y 29 años, el 78% de los jóvenes destina en tiempo promedio un año más en trabajar que en estudiar. Mientras, el 22% restante, unos 6.5 millones, no tienen posibilidad de acceder ni a la escuela ni al trabajo.

Según algunos periodistas lo ideal es que los trabajos aceptados por los jóvenes sean de medio tiempo y con horarios flexibles para no afectar sus jornadas académicas. Quizá sea por esto que, muy atentamente, los puestos laborales ofertados para las y los jóvenes sean más flexibilizados (varios turnos y con menos horas por día que se reponen con uno o dos días extras a la semana), aumentando el tiempo de trabajo y por lo tanto el nivel de explotación.

Y es que al entusiasmo de los jóvenes que se apuestan a cumplir ambas metas, se oponen los ritmos extenuantes de trabajo, los bajos salarios y las reglas laborales que buscan generar más ganancias para las patronales, como es el caso los call centers o las cadenas transnacionales de comida rápida.

Para Roxana, una joven estudiante y trabajadora, cubrir estas dos responsabilidades fue muy tortuoso y encontró poca ayuda para aligerar la carga de trabajar y estudiar.

“Fue complicado porque tenía que acomodar muy bien mis horarios, pedir las primeras horas en el trabajo y, cuando no querían, quedarme sin comer hasta tarde. Cuando llegaba tarde al trabajo o no podía asistir por un final, me lo descontaban de la quincena.”

Me acostaba entre 2 y 3 de la mañana y me despertaba 5.30. A veces solo dormía 2 horas y empecé a padecer ansiedad. Dos veces casi colapso por distintas enfermedades que me dieron por estrés en los finales. Fines de semana tenía que sacrificar fiestas, reuniones y amigos por hacer mis quehaceres domésticos y tareas que en la semana no podía terminar.

“Si en la facultad tenía un profesor muy estricto y superaba las 6 inasistencias, reprobaba la materia. Siempre me vi acotada para elegir a mis maestros y las materias optativas.”

Trabajar y estudiar requiere mucho esfuerzo y desgaste. Muchos jóvenes en esta situación optan por abandonar los estudios principalmente por fatiga extrema o por necesitar otro trabajo para sobrevivir (recordemos que el medio tiempo implica menor salario).

Luchar por mejores condiciones de trabajo, representación sindical libre que defienda el bienestar de los y las trabajadoras, así como un mejor salario son hoy demandas que no conciernen sólo a la clase trabajadora, sino al conjunto de jóvenes y estudiantes que más temprano que tarde estarán integrados a una dinámica laboral cada vez más precarizada.






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