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Red Internacional

El gigante inmobiliario hizo temblar las bolsas del mundo. Cruje su esquema de especulación financiera propiciado desde el Estado. Se habla de un rescate de las autoridades chinas, que están en un giro de mayor control y regulación de los millonarios.

Miércoles 22 de septiembre | Edición del día

Evergrande es el segundo grupo inmobiliario más grande de China. Emplea en forma directa a 200.000 personas. Y empezó a hablarse de él porque puso en vilo al mundo. El lunes las principales bolsas se derrumbaron.

En tiempo de descuento se dio a conocer un comunicado de la empresa donde se habría llegado a un acuerdo con uno de los acreedores por una parte de la deuda que vence este jueves (U$S 35,9 millones) de un total de 83,5 millones. Si bien de conjunto este vencimiento es insignificante frente a la deuda total del grupo que ascendería a U$S 305.000 millones, la crisis que se venía incubando, finalmente se desató.

Incluso se llega a hablar de “Evergrande, el Lehman chino”. Una alusión a Lehman Brothers, el cuarto banco de inversión más grande de los Estados Unidos que quebró en 2008 -luego de apostar a la especulación inmobiliaria- y detonó la mayor crisis financiera desde la gran depresión de los años 30’.

¿Qué podría pasar?

Entre los analistas aún reina la incertidumbre, aunque están quienes afirman que luego de la experiencia caótica por dejar caer a Lehman Brothers, las autoridades chinas intervendrían de alguna forma ante la posibilidad de una quiebra de Evergrande. De lo contrario, los efectos sobre el gigante asiático podrían ser severos y golpear sobre la economía mundial. Por ahora la decisión oficial de implementar algún tipo de rescate aún no ha sido comunicada. Resta conocer si podrá llegar a un acuerdo con el conjunto de los acreedores que tienen vencimiento de sus bonos este jueves. Mientras tanto sigue la tensión en las bolsas y la bronca de las y los que se consideran estafados.

¿Por qué se desata la crisis?

La posibilidad del impago de un vencimiento de deuda esta semana estaría vinculada con un esquema financiero que empezó a hacer aguas. Evergrande utilizó la actividad de la construcción como plataforma de negocios financieros (además de diversificar su capital a otros rubros). De esta forma, ingresó a la especulación que se genera a través de la captación de fondos de distintos clientes (desde grandes especuladores, Ashmore group, BlackRock, UBS, HSBC hasta sus propios empleados) a los cuales se les ofrecen altas tasas de interés que pagan bonos respaldados por hipotecas.

Los inversores/clientes ingresaron sus fondos a este modelo de “gestión patrimonial” apostando a valorizar sus patrimonios dinerarios. Si bien hay denuncias de todo tipo sobre el destino del dinero de los inversores, un motivo de fondo que explica esta crisis, se encuentra en la merma en los ingresos de efectivo ocasionados por la caída en las ventas de las viviendas y propiedades. Este año solo alrededor del 60% de los apartamentos que salieron a la venta se han vendido, a pesar de un descuento del 15% en el precio (datos de la oficina municipal de vivienda de Qidong).

Esta supuesta falta de efectivo pone en apuros a la compañía al momento de pagar el vencimiento de los bonos. Las operaciones con sus acciones que venían a la baja este año se suspendieron en Shangai y el grupo contrató a especialistas para reestructurar su deuda. La Policía terminó resguardando al edificio con sede en Shenzhen frente a los ahorristas que exigían el reembolso de su dinero.

¿Cómo se gestó todo esto?

El economista Michael Roberts, afirma que se trataría esencialmente de un “esquema Ponzi”, en alusión a Carlo Ponzi un estafador profesional de principios del siglo pasado. Su legado consiste en tomar dinero de inversores y pagar con el mismo los intereses de aquellos inversores que ingresaron antes al esquema. En este caso, Evergrande recolecta efectivo a través de la preventa de propiedades, además de los inversores individuales, y usa ese dinero para financiar más ventas acelerando la construcción de las propiedades y el pago a los inversionistas financieros. Todo va viento en popa mientras ingresen más inversores y compradores de viviendas, o sea, no se detenga el flujo de dinero.

Pero como dijimos antes, una caída en las ventas de propiedades, a lo cual, se sumaron mayores regulaciones del sector inmobiliario -por parte del gobierno- que pretende ahora actuar sobre la especulación que hay en el sector (y comenzó a fines de 1990) fueron suficientes para hacer temblar toda la arquitectura financiera. Evergrande tiene 800 proyectos inmobiliarios sin terminar y hay 1,2 millones de personas esperando mudarse.

“Todo lo de Evergrande viene dado por el Partido, el Estado y la sociedad” dijo Xu Jiayin el presidente de Evergrande quien supo ser el hombre más rico de China, hoy bajo la lupa de las autoridades es considerado el “rey de la deuda”.

Está por verse si esta crisis refuerza la política de China por intensificar la corrección de uno de los aspectos más controvertidos de su modelo de desarrollo: el endeudamiento masivo para impulsar algunos sectores estratégicos que patrocinó el propio Estado, el cual sigue teniendo un peso decisivo en la economía y en el control del sistema financiero que actúa en público y bajo las sombras (se puede profundizar en "El Imperialismo en tiempos de desorden mundial" de Esteban Mercantante, ediciones IPS). Todo esto en el marco del giro a la política de “prosperidad común” con la cual el gobierno apunta a mitigar la desigualdad de los ingresos y otras medidas tendientes a fortalecer el mercado interno y evitar estallidos sociales.

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Por último, en la película de Evergrande no se puede naturalizar la irracionalidad de los negocios capitalistas. Y acá no se trata de una mala apuesta o de un simple grupo de estafadores –que actuó sin o escaso control-, aunque cada vez que nos aproximamos al estallido de una burbuja financiera aparezcan a aquellos que digan, “faltó regulación”, “esto no se puede volver a repetir”. El afán de ganancias del sistema capitalista conduce a la ilusoria idea decía Marx, por la cual el dinero por sí mismo genera más dinero, valor que se valoriza a sí mismo, sin mediar el proceso de producción de mercancías que es la única fuente de valor y plusvalor (ganancia). Esta última, la ganancia, recordemos surge como parte del trabajo impago de una parte de la jornada laboral del asalariado. Y además de la ganancia es de donde se descuenta el interés que se paga luego en cada bono de deuda. Esta relación social entre el dueño del capital y el obrero asalariado que hace posible la existencia de la ganancia, es la que intenta ser superada, bajo la alquimia del dinero que se autovaloriza. ¡Qué mejor que enriquecerse sin afrontar todas las dificultades de la producción y venta de mercancías! Pero sin embargo, este sueño tarde o temprano termina, despertando en una pesadilla. Mejor ser realistas y prepararse para superar al capitalismo.




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