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Fortalecer seguridad: apuesta para garantizar la subordinación

La noche del pasado miércoles 14 de octubre, Enrique Peña Nieto se reunió en privado con el secretario de Seguridad Interna de Estados Unidos, Jeh Johnson, para dialogar la agenda bilateral y colaboración entre ambos países en materia de seguridad. El fortalecimiento de la seguridad es un paso fundamental para la garantía de aprobación y aplicación del Tratado Transpacífico en el patio trasero de Estados Unidos.

Lucía Rodríguez

México D.F.

Viernes 16 de octubre de 2015

El encuentro realizado en Los Pinos, residencia oficial del presidente, fue precedido por el acontecido entre el secretario Jeh Johnson y el secretario de Gobernación Miguel Ángel Osorio Chong, donde también se trataron los temas de seguridad y migración.

En el encuentro, Peña Nieto hizo un reconocimiento a la confianza y cooperación que ha llevado con el gobierno de Barack Obama.

Las principales temáticas abordadas fueron las estrategias fronterizas entre el puente ferroviario Matamoros, Tamaulipas, Brownsville, Texas, el programa piloto de preinspección aduanera que se desarrollará en los aeropuertos del área y el cruce binacional entre el Aeropuerto de San Diego y Tijuana.

A la reunión asistieron los secretarios de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong; y de Relaciones Exteriores, Claudia Ruiz Massieu; el embajador de México en Estados Unidos, Miguel Basáñez, y el jefe de la oficina de la Presidencia, Francisco Guzmán Ortiz.

¿Fortalecer la seguridad para quién?

El encuentro entre los funcionarios mexicanos y los estadounidenses se da tras el fin de las negociaciones secretas empezadas desde 2010 para configurar el Acuerdo de Asociación Transpacífico (TPP) que ahora se encuentra en la fase de aprobación en los países que participan. Tanto Peña Nieto como el Jeh Johnson reconocieron la relevancia de los temas de seguridad y migración frente al TPP (por sus siglas en inglés Trans Pacific Partnership).

El TPP, negociación impulsada por Estados Unidos, agrupa a 12 países del área Asia-Pacífico y tiene como objetivo hacer un contrapeso regional frente a la economía emergente de China. México se incorporó a su elaboración en el año 2012 con la presidencia de Peña Nieto.

El TPP es una enorme apuesta de Estados Unidos para fortalecer su hegemonía internacional que se ve amenazada frente a los efectos de la crisis económica y la emergencia de otras economías. Los países participantes del Tratado abarcan el 25% del total del intercambio internacional y en su conjunto tienen más de 800 millones de habitantes.

La firma del TPP implica la eliminación de miles de impuestos y aranceles aplicados hasta ahora en distintas exportaciones e importaciones de bienes y servicios. Sin embargo, estos acuerdos han sido elaborados bajo los intereses de las grandes trasnacionales que quieren ampliar su campo de extracción de recursos naturales y explotación humana.

Como se plantea en un artículo anterior, los efectos de la reforma laboral se profundizará nuevamente por la competencia para aumentar las ganancias, con base en la mayor explotación, entre los trabajadores de Vietnam, Brunei, Malasia, etc.

Si la militarización y la intervención de los Estados Unidos en materia de seguridad ha sido fundamental para aprobar y empezar a operar las reformas estructurales en México, para la firma y aplicación del TPP es también estratégica.

Desde la firma del Tratado de Libre Comercio (TLC) los saltos en la dependencia económica hacia Estados Unidos se han profundizado, implicando también mayor subordinación política y militar hacia el país vecino.

La Iniciativa Mérida, acordada desde el 2008, es una enorme muestra de ello. El compromiso de un aporte de 2,300 millones de dólares para seguridad de Estados Unidos para México, fue traducido en entrenamiento militar, aumento de agentes de seguridad estadounidenses e introducción de armamento de forma legal e ilegal.

La Iniciativa Mérida fue fundamental para la militarización del país y para el aumento de la persecución y represión a los migrantes mexicanos, centroamericanos y sudamericanos que intentan cruzar hacia Estados Unidos.

La militarización y la intervención estadounidense ha sido justificada por el combate al narcotráfico. Sin embargo, decenas de ejemplos existen sobre su función para perseguir y reprimir a los luchadores sociales, a los trabajadores en lucha y los pueblos en resistencia. El asesinato de seis personas y la desaparición de 43 normalistas de Ayotzinapa el año pasado son la muestra más degradada de los efectos de la militarización y la subordinación al imperialismo.

Hoy enfrentar en forma consecuente el TPP, la Iniciativa Mérida y el paquete de planes imperialistas para la región va de la mano de la lucha contra la militarización y la injerencia estadounidense en la región. Sólo así la clase trabajadora y los sectores populares podrán impedir que avancen la precarización y la opresión imperialista.






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