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Red Internacional

El 21 de agosto de 1940, mientras Trotsky escribía la biografía de quien sería su verdugo, Iosif Stalin, un sicario enviado por éste lo atacó por la espalda. Ahora, a más de 100 años de la Revolución Rusa y a 81 años de aquel artero asesinato, las y los trabajadores y la juventud del mundo entero podrían preguntarse: ¿por qué hablar de Trotsky?

Miércoles 18 de agosto | 20:15

Nacido en un pequeño poblado de Ianovka, el joven Lev Davidovich Bronstein creció en el viejo imperio absolutista ruso, el zarismo apenas unos años atrás había abolido la servidumbre en 1861, aunque no por voluntad propia, sino por el avance de la Revolución Industrial.

En su autobiografía, Trotsky describe esos primeros años así: “mi infancia no fue ni la pradera soleada de los privilegiados, ni un antro de hambre, golpes e insultos, como es para muchos, para la mayoría. Fue una niñez monótona, en una aldea en un rincón perdido del campo, donde la naturaleza es tan amplia como son de mezquinas y limitadas las costumbres, opiniones e intereses” 1.

Hacia 1888 inició sus estudios en Odesa y a la corta edad de 17 años ya militaba en los círculos revolucionarios de la época, cuando conoce a su primer compañera Alexandra Sokolovskaya, quien lo ganaría para el marxismo.

A lo largo de esa juventud, llena de libros, discusión y agitación política, lo que lo hacía peligroso para la época era sin duda su capacidad para organizar a los trabajadores de la zona. Fundó la Liga Obrera del Sur de Rusia, que rápidamente creció en militantes, pero también le valió estar bajo la mira de los poderosos servicios de inteligencia contrarrevolucionaria del aparato zarista.

En aquella época las ideas revolucionarias no sólo eran “mal vistas”, como podrían serlo ahora para algunas personas o instituciones gubernamentales, sino que eran perseguidas y castigadas por el zarismo y así es como nuestro profeta2 vive los últimos años del siglo XIX en cárceles y exilios, hasta que logra escapar y fugarse, bajo el nombre de León Trotsky.

Una vida de lecciones para el presente

Orador, escritor, agitador y genio militar, la vida de Trotsky es digna de ser contada y escuchada. El recorrido por su vida nos traslada a una época convulsiva. La guerra ruso-japonesa de 1905 y las evidentes consecuencias para la clase trabajadora, lo pusieron al frente del primer organismo de autodeterminación de la clase obrera en la Historia, el Soviet de Petrogrado.

Doce años después, con la revolución de febrero y la de octubre, ese proceso de organización y lucha de los soviets de la clase obrera (soviet significa consejo en ruso) fue un ejemplo -y sigue siendo- para las y los trabajadores del mundo, siendo Trotsky, junto a Lenin, su principal referente. Para la época, el Soviet fue un faro de luz en medio de las nubes de polvo, humo y sangre que levantaba la carnicería más grande de la Historia contra nuestra clase: la Primera Guerra Mundial. El Partido Bolchevique -liderado por Lenin y al cual se unió Trotsky convirtiéndose en uno de sus principales dirigentes- y su capacidad para fusionarse con la clase obrera, lideró la insurrección de los soviets, por la cual el proletariado logró tomar el poder. La necesidad de una organización revolucionaria, para que la movilización de las masas obreras y populares triunfe y para enfrentar a las direcciones reformistas y burguesas, es una de las principales lecciones del siglo XX y uno de los principios fundamentales de la perspectiva estratégica de León Trotsky.

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Aún con la burocratización de la revolución y la posterior desmoralización que este derrotero iba a producir en millones de personas, el bolchevique se dio a la tarea de explicar las causas de la degeneración. Esto con la intención de responder por qué una revolución proletaria triunfante como la que habían llevado adelante en Rusia, ahora estaba bajo la bota de la burocracia estalinista. Después de la muerte de Lenin -quien dio sus últimos combates contra esta degeneración- Trotsky y la Oposición de Izquierda rescataron las lecciones revolucionarias y combatieron contra la degeneración burocrática del Estado obrero.

El profeta desterrado

Inclusive en el exilio, sin revolución, sin partido y sin donde ir, con mucha tenacidad él y sus camaradas siguieron desarrollando las lecciones que dejaron las luchas del proletariado en diferentes partes del mundo. La crisis del 29 abrió la caja de Pandora y en los años posteriores, el proletariado en los principales países del globo protagonizó nuevos procesos revolucionarios.

El análisis magistral del carácter del fascismo y su ascenso en Alemania fue crucial para comenzar la lucha por un nuevo partido de la revolución mundial, ante la lamentable capitulación del estalinismo y su negativa a la unidad de las filas obreras (y en particular con los trabajadores socialdemócratas), lo que en los hechos fue la política que permitió la llegada de Hitler al poder. Considerando a partir de este hecho que la Tercera Internacional se encontraba ya completamente degenerada, Trotsky y sus partidarios impulsaron la fundación de la IV Internacional en 1938.

Luego de pasar por varios países en su exilio, México lo recibe y es en su casa de Coyoacán donde finalmente fue asesinado. A traición y con sangre fría se segaría así la vida de un gran “revolucionario proletario, un Marxista, un materialista dialéctico y, en consecuencia, un ateo irreconciliable”3.

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Solo así pudieron apagar una de las más grandes mentes políticas del siglo XX. Sin embargo, a 81 años de ello, habemos trabajadores, mujeres y jóvenes que reivindicamos su legado, para extraer las lecciones de nuestro presente, en donde se avizoran nuevas guerras y crisis que marcarán el destino de los trabajadores en todo el mundo, y que pueden conducir a nuevas revoluciones. Para eso nos preparamos.

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Notas
1 Trotsky, León: “Mi vida, intento autobiográfico” en Obras Escogidas Vol.2. CEIP, 2da Ed. Bs.As, p.52
2 En referencia a como lo nombra Isaac Deutscher a Trotsky en la biografía que escribe del Revolucionario Ruso.
3 Trotsky, León: “Mi vida, intento autobiográfico” en Obras Escogidas Vol.2. CEIP, 2da Ed. Bs.As, p.651




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