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ELECCIONES ESTADOS UNIDOS

Hillary Clinton es la candidata

Después de una convención inaugurada por la filtración de emails de la dirección demócrata confirmando las maniobras contra Sanders y las protestas de sus seguidores, Clinton es la candidata.

Celeste Murillo

@rompe_teclas

Viernes 29 de julio de 2016

Sin dudas, fue un camino mucho más largo y plagado de obstáculos de lo que Hillary Clinton hubiera deseado cuando lanzó su candidatura en abril de 2015. Después de una convención intensa, cruzada por el escándalo de los emails filtrados por Wikileaks, Clinton será la candidata demócrata a la presidencia.

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El martes 26 se llevó a cabo el tradicional “roll call vote”, donde cada estado anuncia qué candidato votan sus delegados. La votación sirvió para encauzar el descontento y la decepción que representó para los seguidores de Bernie Sanders el llamado del senador a apoyar a quien había sido señalada durante todas las primarias como la “candidata del establishment”. Y de esta forma, se evitaron protestas y momentos de mayor tensión.

A pesar del apoyo de Bernie Sanders es y será un interrogante si sus seguidores obedecerán el llamado a apoyar a quien ven –con motivos de sobra– como la candidata del establishment. Con la convención, se amplía la brecha entre Sanders y sus seguidores, incluso cuando sectores de ellos voten por Clinton como “mal menor” ante el miedo que despierta la posibilidad de una victoria de Donald Trump.

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La noche de cierre estuvo precedida por una jornada protagonizada por figuras centrales, empezando por Barack y Michelle Obama, que mostraron el respaldo con el que cuenta Clinton y la presentaron como la candidata de la unidad (con los debidos reconocimientos a Bernie Sanders, como un gesto inteligente y calculado hacia sus seguidores).

La retórica sobre la grandeza de Estados Unidos, con constantes referencias irónicas a la campaña de Trump, estuvo presente en todos los discursos. Y todos, incluía la propia Clinton, buscaron subrayar la diferencia con el personalismo extremo del magnate, que aseguró poder resolver los problemas del país por sí solo. A diferencia del candidato republicano, se presentó como la futura presidenta de “todos los estadounidenses” y no solo de quienes voten por ella.

La candidata del mal menor

La elección de noviembre será histórica. No solo estará atravesada por la crisis del bipartidismo y la elite política, como ya se vio en las primarias, sino que además enfrentará a dos candidatos impopulares. Tanto Clinton como Trump se acercan al 50 % de imagen negativa.

Donald Trump, devenido vocero de la base de derecha republicana incluso en contra de los deseos de la dirección de ese partido, representa hoy para muchos la peor perspectiva. Su retórica xenófoba y su discurso reaccionario explotan las peores frustraciones y miedos de sectores de la población blanca pobre y trabajadora, a quienes se dirige como un emprendedor exitoso que se hizo a sí mismo, haciendo realidad el “sueño americano”. Su calidad de outsider lo convirtió en alternativa para quienes están hartos de la elite política y financiera.

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Las mujeres, la juventud y las comunidades afroamericana y latina, que también exigen su parte de ese “sueño americano” ven en el multimillonario la suma de todos los miedos. Sus promesas de deportaciones masivas, la construcción de un muro para bloquear la entrada de inmigrantes desde México y la promesa de guerra permanente, lo transforman en el mal a combatir.

Para ellos, Hillary Clinton y el partido demócrata se presentan como el mal menor necesario para derrota a Trump. Las recientes y prematuras encuestas que lo muestran liderando son funcionales a la estrategia que empuja, incluso a quienes dudan de Clinton, a votar por los demócratas contra el magnate.

Sin embargo, también muestran los obstáculos que deben ser superados por Clinton, una candidata que no cuenta todavía con el apoyo de la juventud. Y a pesar de los esfuerzos de su campaña por apuntalar su imagen como candidata de las mujeres, como aliada de las familias afroamericanas y latinas (sin duda, los bloques electorales privilegiados por los demócratas), sigue siendo vista por muchos sectores como una aliada de Wall Street y parte de la elite que gobierna el país al servicio de los ricos.

Clinton sabe que debe conquistar a los sectores que motorizaron la campaña de Bernie Sanders, por eso tomó en su discurso de cierre algunas de las demadnas que motorizaron la campaña del senador como el salario mínimo, la gratuidad de la educación superior, y acusó recibo de parte de la bronca de esos sectores con Wall Street y las corporaciones. Conquistar esos sectores es uno de sus principales desafíos para derrotar a los republicanos en noviembre.

Para la juventud, las mujeres y otros sectores que transformaron a Sanders en el “candidato del 99 %” queda por delante el enorme desafío de confirmar que su movimiento y sus demandas no serán sepultadas en Filadelfia.






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