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Red Internacional

Europa. Hungría: ¿qué significa la reelección de Orbán?

La Hungría de Viktor Orbán seguirá siendo un punto de apoyo para las fuerzas más reaccionarias de Europa, una situación que no está exenta de contradicciones para el régimen húngaro... ni para la Unión Europea.

Viernes 8 de abril | Edición del día

Para algunos analistas, esta es la mayor victoria política de Viktor Orbán teniendo en cuenta el contexto político actual en el que se enmarca. En primer lugar, hacía frente a una coalición de seis partidos que iban desde la derecha dura de Jobbik, hasta los ecologistas, pasando por los social- liberales y por la propia disidencia de su partido. Además, la guerra de Ukrania ha complicado la situación de Orbán a causa de las buenas relaciones que mantenía con Putin. Finalmente, se enfrentaba también a las presiones de la Unión Europea sobre el “respeto del estado de derecho”. Una nueva UE que se siente reforzada gracias a la mayor unidad conseguid a raíz de la invasión rusa de Ucrania. En este contexto, no había nada que asegurase que Orbán pudiese lograr de nuevo una mayoría absoluta en el parlamento. Lo consiguió. Aún así, todavía quedan muchas cuestiones pendientes para el futuro.

Bonapartismo y corrupción

En la presa europea el discurso sobre el “peligro democrático” en Hungría persiste. Un discurso hipócrita, como veremos más adelante. Sin embargo, es verdad que nos enfrentamos al control por parte del FIDESZ y de sus amigos capitalistas de prácticamente todas las instituciones estatales, así como de los medios de comunicación. De este modo, las consecutivas reformas constitucionales e institucionales realizadas desde el 2010 han permitido a Orbán establecer un sistema electoral y político hecho a su medida, que reduce al mínimo las oportunidades de sus rivales, y compuesto de partidos burgueses.

El feroz control del partido de Orbán sobre estas instituciones y sobre el panorama mediático se combina con una política clientelista que le asegura el apoyo de ciertas clases populares. Explicado por Zsuzsanna Szelényi: “el FIDESZ ha obtenido unos resultados especialmente buenos en las zonas rurales. En la región oriental del país, la más pobre, el partido ha obtenido el 93% de los votos. En general, estas personas tienden a informarse de política en los medios públicos de telecomunicación dominados por el gobierno. En esta región pobre y con una importante población gitana, una alta parte de la ciudadanía depende laboralmente de los programas de ayudas sociales estatales controlados por alcaldes afiliados al FIDESZ”.

Aún así, no podemos afirmar que el control por parte del FIDESZ de la vida política e institucional del país lo explique todo. La oposición burguesa y liberal ha, sin duda, conseguido poner respuesta a las inquietudes de una gran parte del electorado, empezando por los trabajadores y por los más pobres. Aún así, una gran parte del pueblo húngaro identifica a Orbán con una especie de estabilidad, prosperidad económica y orgullo nacional. Al mismo tiempo que la oposición liberal no propone una política económica radicalmente diferente a la de Orbán pero sí aboga por una mayor integración en la UE, algo que muchos no ven con buenos ojos.

Sin embargo, todo el régimen sobre el que se apoya Orbán podría verse sacudido si la situación económica internacional cambiase drásticamente afectando negativamente a países de la periferia capitalista como Hungría. En este caso, el descontento social y económico se podrían combinar con ciertos aspectos de la lucha de clases (presente esporádicamente en el país estos últimos años). Dando por supuesto el feroz control de las voluntades institucionales, esto podría propiciar formas de protesta extraparlamentaria. Orbán y su gobierno son conscientes de esto, más aún en este momento en el que la guerra de Ucrania y las sanciones económicas a Rusia están encaminadas a deprimir la economía mundial.

Hungría y la guerra de Ucrania

Al igual que en muchos otros países europeos, la guerra de Ucrania se ha convertido en un asunto con repercusiones también en su política interna convirtiéndose en efecto, en uno de los temas principales campaña electoral en Hungría. Esto ha puesto a Orbán en una situación difícil, ya que el primer ministro húngaro mantiene buenas relaciones con Rusia y con China desde hace años. Habiéndole servido esto como una herramienta para asegurarse fuertes aliados internacionales, así como para mejorar su posición frente a Bruselas.

Sin embargo, el frente unificado de la UE y de la OTAN contra Rusia y su invasión de Ucrania contribuye a aumentar la presión ejercida sobre líderes nacionales como Orbán. Habiendo apoyado este último las sanciones de la UE y de la OTAN pero, al mismo tiempo, habiendo denegado el tránsito de armas a Ukrania por territorio húngaro. Orbán defiende una cierta “neutralidad” húngara frente al conflicto. The New Stateman lo explica así: “Mientras su posicionamiento en favor de Putin lo excluye de la comunidad europea y sus homólogos liberales polacos del partido Derecho y Justicia (PiS) denuncian su posición, la mayor parte de los votantes húngaros han recibido constantemente una dieta de propaganda prorusa por parte de los medios húngaros, que afirman que Orbán está protegiendo la pueblo húngaro manteniéndolo al borde de una guerra apoyada por la oposición”.

Evidentemente, su posición no se explica desde un punto de vista exclusivamente político, sino también desde uno económico. Rusia suministra el 90% del gas y el 65% del petróleo que consume Hungría. Esta situación dibuja los bordes de la política “rebelde” del gobierno de Orbán con respecto a la UE. Como leemos en el Financial Times: “durante años, el Sr. Orban ha recurrido a lo que llamamos su “juego de peones” para recalcar diferencias con sus aliados antes de hacer retiradas tácticas. Aunque haya recriminado a Kiev —con quien Budapest mantiene un largo conflicto en base a las minorías húngaras en Ucrania— y no haya atacado a Rusia de una manera tan dura como han hecho sus vecinos occidentales, siempre ha votado al unísono de la UE en el aspecto de las sanciones. Sin embargo, la invasión de Ucrania ha hecho de la retórica amigable de Orbán hacia Rusia algo insostenible en la política occidental. En particular, la guerra crea un conflicto con Polonia, que ha sido una fuerte aliada de Hungría en los aspectos económicos frente a la Unión Europea, pero que, a la vez, hace una fuerte oposición a Rusia (...). Los analistas esperan que la UE trate de manera diferente a Hungría de Polonia, que se ha acercado a la UE gracias a su hostilidad frente a Rusia y a su recepción de más de 2 millones de refugiados”.

Dicho de otra manera, la unidad europea encontrada tras el inicio de la guerra de Ukrania está siendo utilizada por Bruselas (las principales fuerzas imperialistas europeas) para apaciguar a los “chicos malos” de la UE. Cuanto más dure la guerra y cuanto más se degrade, más fuerte será la presión a la que se verá sujeto Orbán para alinearse más abiertamente en contra de las acciones rusas. Sin embargo, está política de presiones puede acabar siendo un arma de doble filo y afectar negativamente a la unidad europea, principalmente si Rusia consigue obtener una posición ventajosa sobre el terreno, algo que avalaría al gobierno Húngaro a la hora de amenazar con bloquear ciertas decisiones de la unión europea.

Sin embargo, a pesar del discurso contra la “autocracia” húngara, hace falta recordar que el gobierno húngaro es un fiel colaborador de los grandes capitalistas europeos y de los gobiernos imperialistas centrales. Ya lo demostró en el momento más crítico de la ola de refugiados que llegó a Europa en 2015. Durante esta crisis, Hungría jugó un papel fundamental en el control del flujo migratorio cerrando sus fronteras a los refugiados procedentes de oriente medio que se dirigían hacia Alemania. Hungría es también un país en el que las grandes multinacionales alemanas, principalmente las del sector automovilístico, obtienen enormes beneficios gracias a los bajos salarios y a la sobreexplotación de la clase obrera húngara.

De este modo, la reelección de Viktor Orbán representa un punto de apoyo para las políticas más reaccionarias de Europa, como evidencian las visitas de los dirigentes de la extrema derecha francesa. Pero, al mismo tiempo, el nuevo mandato del FIDESZ tendrá lugar en un mundo alterado. Las condiciones políticas y económicas internacionales están cambiando rápidamente y podrían representar amenazas para la estabilidad política del país. Solo falta saber si la clase obrera y los sectores populares de la sociedad húngara podrán jugar un rol central en la crítica a este gobierno reaccionario, o si, por el contrario, serán otras fuerzas reaccionarias las abanderadas de dicha crítica.

Articulo publicado originalmente en revolutionpermanente.fr

Traducción de Alex Tanasescu




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