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Red Internacional

Hace nueve años se sancionó en nuestro país la Ley de Identidad de Género que contempla a las infancias y adolescencias en su diversidad. Sin embargo aún no hay ninguna política hacia este sector. Del relato a la realidad de las personas trans-travestis parece que hay un abismo.

Nancy MéndezLic. en Trabajo Social UBA | Redacción Zona Norte Gran Buenos @NancyMariele

Valentina RodríguezTrabajadora precarizada

Martes 21 de septiembre | Edición del día

Con una enorme lucha en las calles, se conquisto la Ley de Identidad de Género (26.743) por la cual toda persona tiene derecho a reconocerse a sí misma sin importar el sexo biológico con el que haya nacido. Con esta ley, el Estado argentino, se comprometió a no patologizar a las personas trans y travestis, lo que quiere decir, que se deja de tratar como una enfermedad o un trastorno y también se reconoce la identidad autopercibida en el DNI a través de la elección de otro nombre con el que la persona se identifique. Pero ¿Qué tan respetados estos derechos? Del relato a la realidad de las personas trans-travestis parece que hay un abismo.

En nuestro país existen más de mil niñes y adolescentes trans. En esta nota, tomaremos algunos datos correspondientes a las últimas investigaciones que hay al respecto en nuestro país. La Asociación Civil Infancias Libres publicó un informe sobre las distintas experiencias de todas las infancias y adolescencias trans/travestis que transitaron por su asociación, donde se realizaron 200 encuestas con las madres, padres y responsables de les niñes durante el periodo de junio 2018 y junio 2021.

El 66% de estas familias residen en el Gran Buenos Aires, 8% en el interior del país, y el 16% restante residen en Capital Federal. El 60% de las familias declaró que no conocían ninguna experiencia de niñez trans travesti anterior a la de su hije. Se observa que el nivel de desconocimiento aumenta entre las familias residentes en GBA (74%). La mayoría tuvo como primer acercamiento a la temática, consultas con médicos que no dieron respuesta a su demanda de información.

El 89% de las responsables de les niñes son madres, mientras que el 10% son padres y el 1% tienen otro vínculo. Estos datos visibilizan que son las madres quienes están generalmente a cargo de la crianza.

Por otro lado, una estadística realizada por la Red latinoamericana y del caribe de personas trans (RED LAC) durante el 2020 que da cuenta que, existe un porcentaje del 70% donde la expulsión del hogar se realiza durante la adolescencia, entre una edad que ronda los 13 y 17 años.

Derecho a la identidad y obstáculos

Como señalamos, gracias a la lucha de la comunidad LGTTBI y diversos sectores que tomaron las calles reclamando su derecho a que el Estado reconozca su identidad de género. En 2012 se sancionó la ley 26.743 de Identidad de Género, la cual establece en su Art 2 que; “se entiende por identidad de género a la vivencia interna e individual de género tal como cada persona la siente”. El art. 5 determina que: “Los niños, niñas y adolescentes que deseen efectuar un cambio de género y nombre deben hacer el pedido a través de sus representantes legales, y con expresa conformidad del menor”. El Registro de las Personas está obligado a reconocer la identidad de género, sin trámite judicial (Art. 6).

Desde la sanción de esta ley hasta el 2018 el Registro Nacional de las Personas (RENAPER) realizó un informe, el cual discrimina según franja etaria los cambios de género realizados en el DNI:

De 1 a 5 años: 5 niñes
De 6 a 12: 30 niñes
De 13 a 15: 66 adolescentes
De 16 a 17: 154 adolescentes
De 18 a 21: 1400 jóvenes.
De 22 a 30: 3285 jóvenes.

Más allá de estos datos, el informe de Asociación Infancias Libres da cuenta que el 36% de las familias que realizaron el trámite de rectificación han tenido dificultades para poder concluirlo. Principalmente los realizados en Gran Buenos Aires, el nivel de incidencia de dificultades asciende al 44%.

Les niñes y adolescentes, autopercepción y construcción de las identidades

La última estadística realizada por la asociación de travestis, transgénero, transexuales de Argentina (ATTTA) que, frente a la pregunta: ¿Cuántos años tenía cuando se dio cuenta de su identidad de género? el 76% contestó que antes de los 18 años.

Al respecto, el informe de la Asociación Infancias Libres sostiene que la mayoría de les niñes y adolescentes de la asociación se percibe dentro de la feminidad trans (63%), mientras que el 37% restante lo hace dentro de la masculinidad trans.

La mayoría de les niñes se encuentra dentro del segmento etario 4 a 11 años (77%), si diferenciamos entre dos segmentos encontramos que la mayor cantidad de niñes tiene entre 6 y 11 años (55%), en segundo lugar son les adolescentes que alcanzan el 23% de les integrantes de la asociación, y luego le siguen les niñes entre 4 y 5 años (22%).

Las niñeces menores de 12 años, aún reafirman el binario de género masculino-femenino en su mayoría, mientras que algunas de las adolescencias están cuestionando fuertemente esta construcción binaria. Muchas niñas se autodenominan “travitas- niñas travestis” y esto se debe a que tienen otra representatividad por el acompañamiento de personas travestis y trans adultas que les abren esa posibilidad de identificación.

Sin embargo la posibilidad de cuestionar la propia identidad, sin la efectiva aplicación de la ESI, aún con su estructura binaria, es un obstáculo innecesario para miles de niñes y adolescentes, sobre todo en el interior del país, donde actores como el actual jefe de gabinete Juan Manzur, deciden políticamente que su acceso sea casi nulo.

Trayectoria educativa

Respecto al tipo de educación se encuentra repartido entre educación pública (65%)
y privada (35%). El 96% recibe una educación laica, mientras que solo el 4% recibe
una educación privada religiosa.
El 73% de los colegios no se encontraron preparados para brindar una respuesta adecuada a las experiencias de les niñes.

Mientras que en un 35% de incidencia las instituciones intentaron colaborar con lo que se encontraba a su alcance. Desentendiéndose de su responsabilidad, y con un número alarmante en cuanto al conocimiento de la Ley de Identidad de Género 26.743/2012 y su aplicación, en un 95% las escuelas desconocen la ley y cuando las familias la acercan, un 70% se niegan a respetarla.

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En este sentido, es importante pensar que, el presupuesto en 2021 para el Programa de Fortalecimiento de la Educación Sexual Integral en todo el país es de $112.764.300 (apenas más de $10 por estudiante), mientras la Iglesia Católica recibe $203.572.246 por un artículo que se mantiene desde la última dictadura militar. Una iglesia católica que tiene al trans-odiante del Papá Francisco a la cabeza.

En este sentido, la separación de la iglesia del Estado y el aumento de presupuesto para la Educación Sexual Integral es clave, todo lo contrario a lo que señaló ya el ex Ministro Trotta sobre que “hay que respetar la mirada de las Iglesias en la ESI”.

Salud mental

De acuerdo a un estudio realizado por Pediatrics (Academia Americana de Pediatría) en América Latina, las adolescencias trans tienen mayores probabilidades de suicidio que los adolescentes cisgenero. Su última investigación del año 2019 arrojo que el 85% de los adolescentes trans reportaron considerablemente el suicidio como una opción. Esta cifra baja al 56% cuando reciben apoyo y contención por parte de su familia.

En cuanto a la Argentina, el relevamiento realizado por la Asociación Civil Infancias Libres, el 47% de les niñes y adolescentes ha manifestado de alguna manera sentimientos vinculados con la muerte o deseos de morir. No se observan diferencias en cuanto al plano de la identidad de género, aunque sí es relevante remarcar que entre les adolescentes el nivel de incidencia aumenta hasta el 64%.

Pero frente a esta situación no hay ninguna política pública de salud mental, orientada al acompañamiento de esta población. Salarios de miseria y sobrecarga laboral de les profesionales, además de muchas veces la falta de formación en materia de géneros, es el resultado de años de desfinanciamiento de la salud pública, y que con la pandemia se hizo brutalmente evidente.

La pelea por infancias libres sigue en pie

Nuestro país cuenta con el Ministerio de Género, Mujeres y Diversidad y las políticas infancias y adolescencias tienen a Marisa Graham como titular de la Defensoría de Niños, Niñas y Adolescentes, organismo contemplado en la ley 26.061 de Protección integral.

Sin embargo, a pesar de la legislación vigente en nuestro país siguen ausentes políticas sociales para que las infancias y adolescencias puedan ser reconocidas en su identidad, libre de prejuicios y discriminación y puedan garantizarse sus derechos.

Basta solo con problematizar la Ley 26.150 de Educación Sexual Integral (2006) , que sigue siendo binaria (hombre/mujer), lo cual impide que quienes se autoperciben con otra identidad puedan verse reflejades. ¿Por qué no existe un programa que contemple además el acompañamiento a las infancias y adolescencias que se están autopercibiendo por fuera del binarismo?

El Estado debe contemplar a las infancias y adolescencias trans y esto debe ir acompañado por la pelea de las personas trans de derecho al trabajo, a una vivienda digna. Si los datos demuestran que la expulsión del hogar ocurre mayoritariamente durante la adolescencia. Es ahí donde inician un camino donde todos sus derechos empiezan a ser vulnerados por el Estado. Basta con preguntarnos: «¿A dónde podría ir un adolescente trans que no es aceptado en su hogar?»

Por otro lado, en relación con la situación de la juventud y la precarización laboral, la desaparición de Tehuel un joven trans puso al descubierto la situación de muchas personas travestis y trans, tanto en la provincia de Buenos Aires como en el resto del país. Situación que en pandemia se vio potenciada ante la crisis habitacional, laboral y el mayor acoso de la policía. ¿Dónde está Tehuel?, es la pregunta que se sigue haciendo su familia y la sociedad.

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Frente a la avanzada de un gabinete a la cabeza de Juan Manzúr, que en Tucumán, obligó a parir a una niña de 11 años, se torna más que relevante la pelea por la defensa de los derechos de niños, niñas y adolescentes. Para eso, es necesario que la plata que le quieren pagar al FMI sea destinada a mejorar la calidad de vida y el desarrollo de les pibes.


Foto: Priscila Pereyra




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