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Red Internacional

No se trata de hechos aislados, sino de violencias estructurales fomentadas desde un Estado capitalista y patriarcal. Urge la organización y movilización independiente de la comunidad disidente y el movimiento de mujeres para enfrenar estas violencias.

Miércoles 19 de enero | 22:48

Apenas trascurren los primeros días de 2022 y ya son múltiples las agresiones y crímenes contra la comunidad LGBTIQ+ en México. Recordemos que a finales de diciembre del año pasado, las redes sociales estallaron denunciando la discriminación hacia una pareja gay en Six Flags; días después nos enteramos del transfeminicidio de Dayana Karrington en Tabasco, y le siguió el crimen de odio de Junior Nieto, artista y activista LGBTI+ en Veracruz.

Continuaron las agresiones en la Ciudad de México hacia parejas de lesbianas y gays; después vino el brutal intento de transfeminicidio de la activista Natalia Lane y en días posteriores, los feminicidios llenos de odio y saña contra Nohemí Medina y Julissa Ramírez, una pareja lésbica que fue asesinada en Cd. Juárez. La aterradora lista continúa y estos crímenes permanecen en la impunidad como muchos más, pues es internacionalmente sabido que México es uno de los países más peligrosos para la comunidad LGBTIQ+ y las mujeres.

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Discursos de odio y silencios cómplices

Mientras los crímenes de odio y la violencia hacia la comunidad LGBTIQ+ aumentan día con día, hay quienes aprovechan la polarización para exaltar sus discursos e ideologías retrógradas y patriarcales, como parte de sus campañas políticas y electorales. Es el caso de los diputados, Gabriel Quadri y América Rangel del Partido Acción Nacional (PAN), que publican impunemente mensajes antiderechos y de odio hacia mujeres, personas trans y comunidad sexodisidente.

Se les suman también los medios de comunicación masivos y organizaciones de derecha, como el Frente Nacional por la Familia (FNF), así como representantes de la Iglesia Católica y otros grupos religiosos, que abiertamente hacen campaña contra el derecho al aborto y el matrimonio igualitario, e impulsan políticas nefastas como la del pin parental para negar a las infancias y adolescencias, su legítimo derecho a una educación sexual integral y científica.

Estos constantes ataques y campañas de odio hacia las personas que transgreden la normatividad cisgénero y heteropatriarcal, se dan bajo el silencio cómplice de las autoridades de la “Cuarta Transformación”, a pesar de pregonar la “inclusión”, los “derechos” y la “perspectiva de género” en su gobierno, solo se quedan en discursos y campañas electorales, pero no son prioridad en las políticas públicas ni en los presupuestos de sus administraciones.

¿Qué podemos hacer ante la violencia y crímenes de odio?

Los feminicidios, transfeminicidios y crímenes de odio agravados en los últimos años en el país, son el último eslabón de una larga cadena de violencias sistemáticas contra las mujeres y personas sexodisidentes que somos mayoría entre las clases pobres y trabajadoras. No se trata de hechos aislados, mucho menos de "crímenes pasionales", sino de violencias estructurales fomentadas desde un Estado capitalista y patriarcal, que gobierna para el beneficio de unos cuantos, mientras el grueso de la población vivimos entre la precarización, la pobreza y la violencia, misma que recae aún con más saña entre la comunidad LGBTIQ+ y las mujeres.

Ante esta oleada de violencia que nos está arrebatando la vida de valiosas personas de la comunidad, es urgente unir lo que durante años se han encargado de separar: movimiento LGBTIQ+ y feminista tenemos al mismo enemigo patriarcal y capitalista que combatir. Urge construir un movimiento independiente de la comunidad disidente y las mujeres para enfrentar estas violencias patriarcales y de Estado.

Solo mediante la movilización unitaria y masiva en las calles, y la organización en nuestras escuelas, sindicatos y centros de trabajo, es que podremos imponer medidas de emergencia para salvaguardar nuestras vidas y derechos. Necesitamos poner en pie un movimiento que exija medidas contundentes para enfrentar la violencia, subsidios y plenos derechos sociales para las mujeres trans que ejercen el trabajo sexual en condiciones de riesgo; refugios seguros y dignos para personas LGBTI+ en situación de vulnerabilidad; cupo laboral trans en los centros de trabajo; guarderías, lavanderías y comedores comunitarios accesibles para las mujeres trabajadoras; aumento de emergencia al sector salud para garantizar servicios de salud dignos a mujeres y personas LGBTIQ+, etc.

«Para lograr estas medidas urgentes, necesitamos recuperar los sindicatos como herramientas de lucha y exigir a las direcciones de los mismos que rompan con el pacto patriarcal con el gobierno y los patrones, y convoquen a asambleas amplias, pues la lucha de las mujeres y personas sexodisidentes ¡también es la lucha de la clase trabajadora!»

Que la tristeza, dolor y rabia por nuestras compañeras, compañeros y compañeres asesinados, sea la chispa que encienda la lucha para acabar con este sistema desde sus raíces y construir un mundo nuevo y libre de opresión. ¡Es momento de organizarnos!

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