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Red Internacional

En el marco del 50 aniversario de los Colegios de Ciencias y Humanidades Naucalpan, Azcapotzalco y Vallejo, entrevistamos a una estudiante del CCH Naucalpan quien nos comparte su experiencia y las dificultades a las que se enfrenta al igual que miles de estudiantes para garantizar su educación y enfrentar la vida.

Lunes 12 de abril | 18:57

Elena B, estudiante del Colegio de Ciencias y Humanidades Plantel Naucalpan nos cuenta sobre las situaciones a las que se atienen miles de estudiantes día con día, sobre todo en las zonas periféricas de la ciudad, como gran parte del EDOMEX y que les impiden tomar sus estudios en tiempo y forma.

¿Cómo te sentiste al entrar al CCH?

No sentí nada muy especial. Por un lado, me entusiasmaba la idea de poder cursar la preparatoria, tener la oportunidad del pase directo a mi carrera y esas cosas. Pensé que había tenido mucha suerte de matricularme en el CCH.
Pero pensándolo bien, nos hicieron resolver un examen para determinar quién podía estar en “una buena escuela” y tener el dichoso pase reglamentado en vez de ofrecernos a todos oportunidades de ir a buenas escuelas. Lo que hacen prácticamente es dividirnos en estudiantes de primera, de segunda y de tercera en lugar de garantizar que todos tengamos educación de calidad desde los niveles básicos.

Una vez dentro, ¿tuviste problemas para cursar?

Todas las personas que conozco tuvieron problemas para cursar, unos ya ni siquiera estudian. Yo, todavía no acabo de pasar mis materias.

¿Qué clase de problemas han tenido para terminar el bachillerato?

Todo tipo de problemas. En mi caso, primero me di un año de baja porque tuve depresión y necesitaba estar un tiempo en tratamiento. Después estuve viviendo únicamente con mi hermana y los trabajos que tenían mejores sueldos eran de tiempo completo, mientras que los trabajos de medio tiempo, con cuyos horarios podía ir a clases, tenían los peores sueldos.

Las personas que conozco han tenido problemas similares. Algunos tienen que trabajar para ayudar a sus familias, otros se retrasan porque son padres a temprana edad. Algunos tienen problemas con adicciones o son neuro divergentes y tienen que trabajar para ahorrar y acceder a servicios de salud de calidad.
No es algo que le pase solo a un puñado de nosotros; la deserción escolar, el atraso, y de más son problemas reales. Cada vez son más quienes no pueden terminar el bachillerato y más quienes se quedan por fuera de terminar una carrera universitaria.

¿Qué trabajos has tenido en el último año?

Estuve en muchos lados. Como ayudante de mostrador, mesera, en una maquila, vendiendo cosas por mi cuenta y ahora estoy en el empleo modelo para estudiantes y jóvenes precarizados: un call center.

¿Cómo ha cambiado tu situación con la pandemia?

En lo laboral, me despidieron de mi empleo por “seguridad del personal” ya que no tenía contrato y para preservar las medidas de sanidad despidieron a la mitad de la plantilla.

En la escuela para mi no fue tan difícil, porque no carecía en ese sentido de lo necesario para tomar asesorías o presentar mis exámenes, pero muchas personas que conozco no tuvieron la misma suerte. Varios de los que ya iban a egresar reprobaron materias, se vieron saturados de tareas o simplemente no tenían dinero para poder comprar lo necesario para tomar clases.

Seamos honestos, se necesita un equipo, ya sea computadora, celular o tableta que pueda tener abierto Meet, Zoom para tomar la clase, Word para adelantar trabajos mientras tomas la clase y WhatsApp o Facebook para estar checando constantemente los grupos.

El internet, el recibo de la luz, todo eso son gastos que se vieron incrementados.
En los peores casos, muchos tuvieron que trabajar de tiempo completo al morir de Covid-19 quienes eran los pilares económicos de la casa: madres, padres, hermanos mayores, etc.

¡Defendamos el derecho a la educación!

Según datos del INEGI y de Estatista, se calcula que alrededor de 2,53 millones de niños y adolescentes desde el nivel preescolar hasta el bachillerato abandonaron la escuela, según lo cuantificado hasta julio-agosto de 2020.
Esto representa hasta un 10% del total de alumnos inscritos en instituciones de nivel preescolar, primario, secundario y bachillerato.

Un 10% abandonó las clases principalmente debido a lo poco funcionales que son las clases en línea y las dificultades que existen para tomarlas. Es decir, un 10% que hay que añadir a las cifras de rezago y deserción que previo a la pandemia ya se notaban.

Es sabido que el acceso a la educación pública es un problema que trasciende la propia UNAM y que se necesitan acciones para enfrentarlo. Tales acciones no vendrán de las autoridades universitarias que durante toda la pandemia prefirieron decir “La UNAM no para” a costa de todos sus estudiantes que se quedaban sin clases.

El tiempo que tenemos para cursar y concluir nuestros estudios debe ser congelado, sin necesidad de realizar ningún trámite burocrático, de manera que, estos semestres no se contabilicen y así no se afecte a aquellos que abandonaron o suspendieron sus estudios.

Claro que esto no se conseguirá por voluntad de la rectoría, si somos los estudiantes, trabajadores y maestros los que hacemos funcionar día a día la universidad y además somos los principales afectados y afectadas por las decisiones tomadas en la rectoría y los consejos antidemocráticos a espaldas del resto de la comunidad; tendríamos que ser nosotros quienes definamos el futuro de la universidad. Por eso, nuestra perspectiva es luchar por un gobierno tripartito (de estudiantes, profesores y trabajadores) con mayoría estudiantil pues componemos la mayoría de la comunidad.

Desde la Agrupación Juvenil Anticapitalista te invitamos a defender esta perspectiva y a organizarte con nosotros junto a decenas de jóvenes más a lo largo de todo el país.




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