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Jóvenes construyendo ¿esclavitud?: cuando un programa de becas se convierte en precariedad laboral

A poco más de 6 meses de la administración de López Obrador, más de 600 mil personas se han inscrito al programa de becas para iniciar la vida laboral, el cual promete dotar de experiencia a los jóvenes que necesitan insertarse en el campo de trabajo que deseen. Sin embargo, la realidad es muy diferente.

Jueves 13 de junio | 12:06

Este programa a cargo de la Secretaria del Trabajo y Previsión Social (STPS) ofrece vincular a personas de entre 18 y 29 años -que no estén trabajando ni estudiando- con una empresa u organización. Ahí recibirán capacitación por un año, una beca de 3 mil 600 pesos al mes y seguro médico en el IMSS.

El programa Jóvenes Construyendo el Futuro, que Andrés Manuel López Obrador anunció durante su campaña presidencial como una estrategia para insertar a las personas a la vida laboral a fin de obtener experiencia en el área de su interés, dista mucho de rendir los resultados prometidos.

Su objetivo es que los participantes adquieran experiencia en un puesto de trabajo y después puedan acceder a un empleo en otro lado, o se queden a laborar en la empresa donde recibieron la capacitación, si es que al final deciden contratarlos.

Sin embargo, el programa estrella de la nueva administración presenta fallas importantes en cuanto a su estructura: no hay una regulación en cuanto a las labores a desarrollar y el horario en el que se labora, sin mencionar que los llamados “tutores” no desempeñan las funciones que deberían.

Así lo demuestran casos de decenas de becarios, que incluso contando con estudios de licenciatura, se inscriben a falta de oportunidades en su área de estudio. Según testimonios para el portal Animal Político, la mayoría de los “beneficiarios” de este programa labora una jornada completa de 8 horas para distintas empresas.

Empresas como Coca Cola, según la misma investigación, remunera trabajos más “simples” como repartidores o embotelladores, en hasta 8500 pesos mensuales. Con la inserción de becarios no sólo se ahorra este pago, sino también otras prestaciones laborales.

Esto sin contar la poca variedad de campos laborales a los que está enfocado el programa, pues solo cuenta con 8 ramas en la producción: artes y deportes, administrativa, ventas, servicios, agropecuario-medio ambiente, oficios, industrial y electricidad. Dejando de lado áreas importantes como educación o las carreras de ciencias sociales.

Una de las fallas más evidente es que los jóvenes se insertan a trabajar, en el marco de este programa, en empleos que no son los que les interesa mantener a largo plazo y para los que no estudiaron. Es decir, las vacantes se cubren, pues es una necesidad, pero la experiencia generada no sirve en un futuro.

Desempleo vs explotación

Según cifras de la Secretaría del Trabajo y Bienestar Social, al menos 101 mil 837 los jóvenes aprendices cuentan con una carrera universitaria y están inscritos en el programa de becas para el trabajo. De estos al menos 1600 cuentan con estudios de posgrado.

Los jóvenes entre 18 y 29 años de edad inscritos en el programa fueron colocados en 75 mil 507 centros de trabajo: en el sector privado, 70%; instituciones públicas, 23%, y organizaciones de la sociedad civil, 7%. De estos 58% son mujeres, ya que, en palabras de la secretaria del Trabajo, Luisa María Alcalde, son las que enfrentan mayores dificultades para conseguir empleo.

En defensa del programa, Alcalde puntualizó en un foro en El Colegio de México que el gobierno no está esperando que solo con esta iniciativa se resuelvan todos los problemas de informalidad o de exclusión.

Durante el mismo evento, la investigadora Edith Pacheco dijo que es necesario que los programas de las empresas capacitadoras de becarios sean ajustados para que las prácticas de los jóvenes no se vuelvan "mano de obra gratuita", sino que aprendan actividades útiles para calificarlos más.

Una de las fallas más fuertes de este programa, justamente tiene que ver con la política laboral del gobierno de López Obrador, pues no está dirigido al sector que pretende apoyar ya que el grueso de personas que se enfrentan al desempleo por falta de experiencia son las que tienen mayor capacitación.

Según Mauricio Padrón, especialista en mercados laborales y desigualdad del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM: “la desocupación se concentra en la población joven y en la más escolarizada”.

Así, solo se termina reproduciendo, y legitimando, una dinámica que ya existe en el mercado de trabajo, “porque igual si no estuviera el programa, esos jóvenes con nivel licenciatura estarían haciendo cosas relativamente parecidas (en puestos de ventas y atención al cliente), pero el Estado no está para legitimar esas situaciones”.

Esto también tiene que ver con la coalición entre gobierno y empresas, puesto que: “Cuando se crea un programa de este tipo, las alianzas que se hacen con las empresas provocan este desfase entre puestos y perfiles, porque las compañías necesitan personas para trabajar en áreas como ventas o atención al cliente, y la población que envían como parte del programa tiene un perfil académico más alto”, explica como coautor del análisis La nueva política de promoción de empleo: iniciativas ante un escenario laboral complejo.






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