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Red Internacional

Opinión.La izquierda y la consulta: entre el sectarismo y el oportunismo

A propósito de la consulta de este 1 de agosto, la lógica de la política impulsada por distintas organizaciones de izquierda a debate.

Sábado 31 de julio | 23:14
Imágenes: @cuartoscuro/ Facebook @JuicioaExpresidentes

De sobra es conocida la indignación popular que causaron en la población los dos últimos gobiernos neoliberales del régimen de la alternancia por la aplicación de planes de miseria, desempleo, represión-militarización, inseguridad y tremenda corrupción.

Se entiende entonces que la consulta sea vista por amplias capas de la población como una vía encaminada a un merecido juicio de estos exgobernantes.

El gobierno, para poder reponerse de los descalabros sufridos -sobre todo en la ciudad de México donde perdió seis Alcaldías- lanzó una política que impactará en el ánimo de las y los trabajadores del campo y la ciudad; de las mujeres violentadas y asesinadas; de la juventud precarizada y reprimida; de las comunidades que han sufrido la violencia por defender sus territorios, etc.

Es decir, que lo que plantea la consulta, en tanto política impulsada desde arriba, busca canalizar, a favor del gobierno, lo que es un sentimiento real; por algo surgió un fuerte movimiento cuyas consignas centrales eran: “fue el Estado, “basta de feminicidios”, “no a la reformas estructurales”, “no a la Casa Blanca” (de la corrupta ex pareja presidencial), etc. Por lo tanto, las aspiraciones de las masas a que se haga justicia, son justas y válidas.

Pero la izquierda debe saber diferenciar entre una maniobra política del gobierno ‒para resolver diferencias y problemas de relación de fuerzas entre la llamada clase política‒ utilizando el descontento de las masas es decir una acción no independiente y por lo tanto funcional a las necesidades de las instituciones del régimen (en este caso, la presidencia), y las justas aspiraciones de las masas.

Por lo tanto, es incorrecto decir -de manera sectaria- que la consulta es “una farsa”; como tampoco las elecciones son “una farsa”, pues expresan a una pugna real por establecer una nueva relación de fuerzas entre los partidos políticos patronales (salvo cuando una dictadura que limita la democracia formal llama a participar en las elecciones).

¿Con quién “dialoga” esta política sectaria que levantan algunas organizaciones? ¿Cómo consideran entonces el que miles (o millones) vean en este mecanismo de consulta, la oportunidad de lograr que se les haga justicia? ¿Acaso consideran que es esencialmente un problema de una “conciencia atrasada”? ¿Podemos culpar a los padres de los estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa por confiar en esta política institucional? O a las marginadas y empobrecidas bases zapatistas (que no son lo mismo que “Marcos” y los comandantes).

¿Están considerando el gran apoyo popular que tiene la 4T ‒pese a su carácter patronal y a las medidas antipopulares que ha tomado‒ y las expectativas de las masas que, pese a criticar aspectos de este gobierno, no pueden medirlo con el mismo rasero que a los de Calderón y Peña Nieto? ¿Y, por lo tanto, que la forma de ubicarse ante esta maniobra política de AMLO no debe ser de choque con las aspiraciones de las masas?

La lógica elemental (lógica formal), en medio de la actual coyuntura política permite entender todo esto sin grandes análisis sesudos. Pero, el sectarismo es enemigo de la dialéctica (no en palabras, pero sí en los hechos), señalaba Trotsky.

La consulta y el “ahora es cuando” del oportunismo

El reverso de la de la política arriba señalada es la de las organizaciones que, desde la izquierda, “olvidan” que la propuesta de AMLO de la consulta, no sólo está mal al preguntar si debe aplicarse o no la justicia a aquellos que hundieron el país y se enriquecieron al entregar sus recursos estratégicos a las transnacionales y a los empresarios criollos.

Sino que consideran que, es mediante una política institucional (una consulta organizada por el gobierno y vigilada por el INE) y no impulsada por la movilización independiente de las masas que se proponga ir hasta el final para el pueblo haga justicia en base sus organizaciones y métodos de lucha.

Es decir, que rechaza poner en pie una movilización masiva y popular como la iniciada en el año de 2014 por la aparición con vida de normalistas desaparecidos de Ayotzinapa, que unificó los reclamos de varios sectores que cuestionaban al gobierno y sus instituciones (el ¡Fue el Estado! sintetizaba todo esto).

Ya anteriormente en el 1994, surgió una política con una lógica parecida a esta cuando un sector de la llamada izquierda llamada revolucionaria unió su firma a la Cuauhtémoc Cárdenas para que se derogara el Tratado de Libre Comercio. Así, llevaban a confiar en que un pliego repleto de firmas -para entregar al presidente neoliberal Salinas de Gortari- puede echar abajo la gran empresa del régimen acordada con el imperialismo estadounidense.

Hoy, algunas organizaciones de izquierda andan haciendo actividades para impulsar esta política del gobierno que, con la consulta busca posar como democrático y justiciero (y sólo para castigar la corrupción).

Buscan al mismo tiempo, llevar agua a su molino incluso instalando centros de promoción de la consulta, pero a costa de renunciar a una política independiente, avanzando así en su adaptación al régimen político. Algunas de ellas, habían antes impulsado candidaturas bajo el registro del Morena, es decir, llamando a votar por el partido del gobierno.

Es evidente que el carácter de este gobierno ‒de un progresismo decadente‒ que, al mismo tiempo que aplica planes neoliberales, hace críticas a aspectos de la política exterior de los Estados Unidos (como criticar el bloqueo a Cuba o pedir la desaparición de la proimperialista OEA), ha profundizado el oportunismo de sectores de la izquierda.

Por una salida independiente a los reclamos de las masas

Ante la tregua que los sindicatos tienen con el gobierno, y la cooptación de sectores del movimiento obrero popular por la 4-T, es necesario que las y los trabajadores rompan toda confianza en que desde arriba se van a resolver de manera integral sus reclamos.

Es necesario que las organizaciones obreras y populares, acompañadas del movimiento de mujeres y la juventud precarizada, acuerden salir a la calle como uno solo para imponer las demandas con la movilización independiente: imponer el juicio y castigo a los ex presidentes solo será posible con la movilización obrera y popular en las calles, sin confiar en las instituciones ni en la justicia al servicio de los poderosos, ni cederle al desvío que significa la política institucional impulsa López Obrador para relegitimarse.

Las aspiraciones democráticas y la consulta de juicio a los expresidentes




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