Géneros y Sexualidades

XXXIX MARCHA DEL ORGULLO EN LA CDMX

La lucha por la inclusión y la mercantilización de lo LGBT

El próximo sábado 24 de junio se realizará la XXXIX marcha del orgullo en la Ciudad de México en donde las empresas tendrán una gran presencia mostrando sus marcas como aliadas de la diversidad sexual.

Leah Muñoz

@DanmunozDan

Miércoles 21 de junio de 2017 | 13:12

Algunas de las marcas que han tenido presencia los últimos años son Banamex, Android, las marcas de condones Sico y Trojan, Google, IBM, American Express, AT&T, Microsoft, Pfizer, Scotiabank, entre otras.

Este establecimiento de las empresas en la marcha de la diversidad sexual se ha ido dando a la par que el discurso LGBT ha sido apropiado por las mismas empresas.

El discurso LGBT con los años ha ganado fuerza a lo largo de todo el mundo pasando en la mayoría de los países a estar más presente en las decisiones de políticos y empresarios, llevando así a la institucionalización y mercantilización del movimiento de la diversidad sexual.

Es así que tanto sectores de empresarios “gay-friendlies” como políticos se han apropiado del discurso LGBT para encauzarlo en el consumismo y como botín político para campañas electoreras.

Las revueltas de Stonewall marcaron un parteaguas internacional en la movilización de la diversidad sexual en la lucha por sus derechos. Esa generación cuestionó la moral y el orden heterosexual como sexualidad normativa dominante necesaria para la reproducción de un sistema de relaciones económico-sociales.

Por aquello años se cuestionaba el rol del capitalismo en la opresión de las minorías sexuales y el horizonte de la liberación sexual estaba íntimamente ligado a la transformación de las relaciones sociales.

Este filo combativo de los inicios del movimiento de la diversidad sexual se fue perdiendo en parte por la llegada del VIH que se llevó la vida de muchos activistas y el movimiento se enfocó en conseguir recursos del estado para enfrentar la enfermedad, y por la consiguiente institucionalización del movimiento que planteó la lucha y la liberación sexual sólo en términos de conseguir derechos sexuales y reproductivos en los marcos del capitalismo, dejando de lado la lucha contra el mismo sistema.

En esta lucha contra la discriminación y la exclusión de personas gays, lesbianas, bisexuales y trans, de los espacios y servicios sociales históricamente otorgados a personas heterosexuales, el mercado vio la posibilidad de crear un nuevo nicho que no existía con los heterosexuales.

Estos nuevos espacios para la diversidad sexual en donde se promovía la “cultura de la tolerancia” hicieron pequeñas “islas de inclusión y tolerancia” que tanto las empresas como los gobiernos promovieron. Esta creación de nichos de consumo LGBT por el capitalismo rosa ha generado espacios en donde las personas LGBT pueden ir y divertirse, consumir, hospedarse y tener cierto nivel de seguridad en determinados límites geográficos.

Esta apropiación del discurso de la liberación sexual por parte del mercado rosa se centró en señalar que la libertad sexual se alcanza con el consumo y con el acceso a esas islas de consumo y tolerancia. Así, la necesidad de espacios que exigía-y aún exige -la diversidad sexual fue aprovechada por las empresas y los gobiernos para generar una inclusión parcial y limitada, pero para el consumo.

Poco se han ocupado de generar una verdadera inclusión de las personas LGBT a los espacios de trabajo, a los servicios de salud, a los espacios públicos o en las escuelas.

El capitalismo rosa ha mercantilizado y especulado con cada una de las letras LGBT+. Se promueven estilos y estereotipos de vidas y cuerpos gays, lésbicos, trans en donde se promete la realización del individuo a través del acceso a estos espacios de consumo. Se genera así un “deber ser” de lo gay, lesbiana y trans que produce una nueva homonormatividad del hombre gay, blanco, masculino y de clase media.

Esto muestra de qué manera el capitalismo se puede volver rosa incorporando de forma parcial ciertas identidades y sexualidades mercantilizándolas al integrarlas a los espacios para el “consumo liberador”. Estos espacios LGBT-friendlies contrastan con la realidad de muchas personas LGBT de clases populares y trabajadoras que enfrentan a diario la cisheteronormatividad y no pueden acceder a esos espacios de “inclusión y tolerancia”, ya que esos espacios tienen la condicionante de clase social.

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Por ello no sólo es importante luchar contra el cisheteropatriarcado y el machismo que oprime las sexualidades no normativas de muchas personas sino que también la diversidad sexual debe encontrar no sólo aliados sexuales sino de clase que luchen en contra de la mercantilización de nuestras vidas, nuestros cuerpos y deseos, y por una verdadera inclusión en la vida social.

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