Política México

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La opresión imperialista a un año de Ayotzinapa

La subordinación económica, política y en materia de seguridad de México a Estados Unidos se ha agudizado, haciendo posible la descomposición estatal en curso y la expresión cada vez más profunda de monstruosos fenómenos sociales como la desaparición forzada de 43 estudiantes.

Jimena Vergara

@JimenaVergaraO

Martes 29 de septiembre de 2015

En México gobierna el imperialismo

El caldo de cultivo propicio para la expresión de los monstruosos fenómenos generados por la acción mancomunada del narcotráfico y el Estado mexicano, es posible producto de la aguda presión imperialista que se cierne sobre el país.

La descomposición estatal en curso responde en última instancia a la configuración de la estructura social mexicana, atada por múltiples vías a Estados Unidos. El flujo incesante de mercancías, personas, drogas y capitales que se da en los 3200 kilómetros compartidos de frontera, le han dado una fortaleza inédita a los cárteles de la droga mexicanos, que son los distribuidores privilegiados de goma de opio, amapola, anfetaminas y marihuana al gigante del norte.

Con la expansión vertiginosa del mercado, los cárteles diversificaron su accionar hacia otro tipo de actividades ilegales como la trata de mujeres, niños y órganos. Todas las actividades ejecutadas en los márgenes del Estado pero, al mismo tiempo, en asociación profunda con el mismo, a través de las instituciones castrenses, las policías, los funcionarios públicos y los partidos políticos.

Al mismo tiempo, México recibe inversiones masivas de capital para desarrollar la plataforma de ensamblaje en la que se ha convertido la dinámica industria manufacturera en México (en particular la automotriz), atraídas por los salarios semiesclavos y los estímulos fiscales.

En México, el poder lo tienen las trasnacionales mineras, petroleras, automotrices y del agro como Shell, Exxon Mobile y Monsanto. El PRI, el PAN y el PRD, son los gerentes de las mismas y reciben salarios millonarios justamente para administrar los negocios imperialistas.

Estados Unidos pone las armas, México pone las víctimas

Estados Unidos le surte a México armas y tecnología militar por 300 millones de dólares y 500 millones de dólares anuales respectivamente. Armas con las cuales las bandas paramilitares del narco agreden - en colusión con el ejército- a poblaciones enteras, a los luchadores sociales, los activistas y defensores de derechos humanos como se demostró la noche del 26 de septiembre en Iguala.

De ahí que las cúpulas militares imperialistas se jactan de que “México dio un paso sin precedente al acercarse al Departamento de Defensa para adquirir equipo militar de Estados Unidos por medio del Programa de Ventas Militares. Un paquete de helicópteros UH-60 y vehículos terrestres de movilidad para propósitos múltiples (VTMPM) con un valor total de más de mil millones de dólares, lo que representó un aumento de 100 millones de dólares en compras realizadas en años anteriores”.

El mercado de armas (legal e ilegal) es solo un aspecto de los acuerdos bilaterales como el ASPAN y el Plan Mérida entre México y EU, que convierten al país en un centro de operaciones de los órganos de inteligencia militar norteamericana. Igualmente escandalosa es la aprobación reciente de la reforma a la “Ley de Armas”que permite que agentes extranjeros porten y utilicen armas en territorio nacional.

Al mismo tiempo, tras el hipócrita discurso de “guerra contra el narcotráfico” sostenido a instancias de la Casa Blanca, los grandes beneficiarios del negocio transfronterizo del narco son los bancos imperialistas.

¿Y el lavado de dinero?

Las descomunales ganancias del narco, circulan a nivel mundial mediante los mecanismos de la economía formal, a través de un sistemático lavado de activos y blanqueamientos. Así se demostró con los sucesivos escándalos del banco estadounidense Wachovia por ejemplo o más recientemente HSBC.

El imperialismo estadounidense es el principal responsable de la proliferación de la trata de mujeres y niños para los mercados ilegales de “entretenimiento” que, además, son consumidos por los millonarios y magnates yankys que al otro lado de la frontera pueden pagarlos.

A un año de la masacre y desaparición forzada de los normalistas, con la clara colusión del ejército, la policía y el crimen organizado, se hace indispensable denunciar implacablemente al imperialismo estadounidense y al régimen mexicano cuyo “proyecto de nación” – como lo llama Enrique Peña Nieto (EPN)- es profundizar la subordinación absoluta de su inmediato patio trasero.

La política económica del gobierno actualmente parece querer contrarrestar el desplome de los precios del petróleo a nivel internacional llevando hasta sus últimas consecuencias el “modelo”. Por ello en México coexisten muy dinámicas ramas industriales donde obreras y obreros ganan salarios de miseria y son un engranaje más de la cadena productiva imperialista, con vastas zonas de paupérrimo desarrollo industrial y agropecuario, sumidas en la pobreza y la marginación.

El régimen es irreformable porque detrás está la Casa Blanca

Con este telón de fondo, el fortalecimiento electoral del partido Movimiento Regeneración Nacional (Morena), que ganó el 10% de la votación nacional el pasado 7 de junio, como subproducto del intento de desviar el descontento a través de las urnas, expresa el repudio de millones a los partidos tradicionales. El quid de la cuestión es si Morena puede ser una alternativa realista para esos millones de jóvenes, trabajadores y sectores populares que están hartos de Peña en el poder y del PRI, el PAN y el PRD.

Desde nuestro punto de vista, es imposible enfrentar a un enemigo de estas proporciones confiando en que las putrefactas instituciones del estado y del régimen pueden corregirse, humanizarse o democratizarse por la vía “civil y pacífica” como propone Andrés Manuel López Obrador (AMLO). En última instancia, una de las cuestiones por las cuales el gobierno de Enrique Peña Nieto no cayó frente al imponente ascenso popular de año pasado es porque está sostenido por el gobierno estadounidense.

Mientras el líder del partido Morena acusa a la deslegitimada “clase política” por corrupta, omite el hecho de que la misma gana millones porque, como decíamos antes, es garante de que las grandes trasnacionales sometan al país. Y al mismo tiempo se lleva una tajada de los jugosos negocios del crimen organizado.

Es menester desplegar una enorme fuerza social para luchar contra los gobiernos del PRI, el PAN y el PRD. Esta fuerza yace en las luchas obreras de los últimos años, en la masiva emergencia del movimiento estudiantil mexicano y las franjas que en su seno son solidarias con las luchas obreras y populares.

Una fuerza social que, encabezada por los millones de trabajadores que en la industria, en los servicios, en el magisterio y el transporte de mercancías pueda romper la dominación imperialista para efectivamente renacionalizar el petróleo y toda la industria estratégica y ponerla a funcionar bajo el control de los trabajadores y el pueblo pobre.

Al otro lado de la frontera, hay 25 millones de trabajadores mexicanos y muchos más trabajadores centroamericanos y de toda Latinoamérica. Los mismos son parte del poderoso proletariado norteamericano negro, blanco, multiétnico que es nuestro principal aliado.

Es posible encarnar hoy esta perspectiva en decenas y decenas de jóvenes y trabajadores en México. Así lo demuestra la influencia de la izquierda independiente y socialista en las luchas obreras como la de Sandak, de los trabajadores de las gasolineras, universitarios, maestros y en el potente movimiento estudiantil en la UNAM, el Poli y otras universidades públicas que nutrió masivamente la reciente movilización del primer aniversario. Hay que convertir estas ideas, en una fuerza material que en las escuelas y los centros de trabajo se multiplique.






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