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ÁFRICA ORIENTAL

La petrolera francesa Total pide una intervención en Mozambique

A medida que la insurgencia islamista gana terreno en el norte de Mozambique, crece la preocupación de los CEOs de la multinacional francesa por sus inversiones en el gas. ¿Vamos a una intervención militar de Francia y otras potencias en la región?

Miércoles 7 de octubre | 23:14

“Creo que las potencias occidentales se están dando cuenta de que se está estableciendo un enclave liderado por el Estado Islámico en Mozambique. Es un problema de estabilidad en África Oriental (…) está claro que sería bueno que la situación estuviera bajo control”, declaró Patrick Pouyanné, CEO de Total, la semana pasada en una conferencia de prensa donde menciona la situación en Mozambique. Allí la multinacional francesa está llevando a cabo importantes proyectos de gas. También dijo que podía "ayudar llamando la atención de las naciones europeas sobre el tema. Francia tiene un interés directo en la región porque es propietaria de Mayotte, una isla entre Mozambique y Madagascar", según publicó la agencia Bloomberg.

Más allá de las supuestas preocupaciones por la "estabilidad de África Oriental", el CEO de Total está sobre todo preocupado por las inversiones multimillonarias de la multinacional en el país. De hecho, Total se ha adjudicado un contrato para realizar un enorme proyecto de explotación de gas licuado en el norte, en la provincia de Cabo Delgado. Se estima que las inversiones ascienden a 20 mil millones de dólares; un proyecto financiado, según la empresa, con “préstamos directos y préstamos garantizados otorgados por 8 agencias de crédito a la exportación, 19 bancos comerciales y el Banco Africano de Desarrollo”. Es uno de los proyectos de inversión privada más importantes del sector energético en el continente. Esta región también alberga otros dos proyectos de desarrollo de gas: el Proyecto Coral FLNG (donde participan las petroleras ENI, italiana, y ExxonMobil estadounidense), por US$ 4.7 mil millones en inversiones, y el Proyecto Rovuma LNG (ExxonMobil, ENI y la CNPC china), por US$ 30 mil millones en inversiones. En otras palabras, Cabo Delgado se ha convertido en una región bajo la presión de enormes inversiones de las principales multinacionales del sector energético.

Pero lo que alarma al director general de Total es que una insurgencia liderada por la organización islamista afiliada al Estado Islámico está progresando en la región norte. Así, el pasado mes de agosto los rebeldes islamistas lograron tomar el puerto de Mocimboa da Praia, que se encuentra a pocos kilómetros del sitio de explotación de gas de la multinacional. El riesgo para las petroleras es que los islamistas lancen una ofensiva en la zona donde radican sus intereses, especialmente después de haber adoptado una táctica basada en controlar partes del territorio y entablar relaciones con las poblaciones locales.

Las fuentes materiales de la revuelta islamista

Para tratar de evitar caer en análisis superficiales, necesitaríamos entender cómo nacen y se desarrollan las organizaciones islamistas en la región. Cabo Delgado está situado en el extremo norte de esta antigua colonia portuguesa, en la frontera con Tanzania, "lo suficientemente cerca de la frontera entre el África cristiana y musulmana como para que el vacío de poder que existe allí probablemente favorezca a los grupos islamistas", dice Jacob Shapiro, estratega jefe de Perch Perspectives. Una parte significativa de la provincia es, en efecto, musulmana. Pero Cabo Delgado es sobre todo una tierra completamente descuidada por las autoridades de Maputo en el sur, de ahí su apodo de "Cabo Olvidado”. Como dijo David Matsinhe de Amnistía Internacional en un artículo sobre el pueblo del norte de Mozambique: "Durante 40 años, el gobierno no ha protegido, promovido y cumplido los derechos económicos y sociales del pueblo de Cabo Delgado. Ha invertido poco en la educación, la salud, los sistemas de agua y saneamiento, el transporte público y la infraestructura de telecomunicaciones. Como resultado, de las diez provincias del país, Cabo Delgado ocupa el último lugar en los indicadores de desarrollo humano (...) En cuanto a la educación, las comunidades se han basado principalmente en las enseñanzas de los clérigos islámicos de las mezquitas".

El descubrimiento de yacimientos de gas en la región a mediados de la década de 2000 llamó repentinamente la atención de las autoridades. Esta actitud oportunista y cínica del corrupto gobierno del FRELIMO (Frente para la Liberación de Mozambique, que ha pasado de una suerte de socialismo tercermundista al neoliberalismo más inmundo), ha sido tanto más irritante para la población porque "el gobierno no viene en paz con escuelas, hospitales, carreteras, puentes, redes de telecomunicaciones, sino con sus medios de violencia para desplazar por la fuerza a las comunidades de sus tierras y el acceso al mar, sin tener en cuenta la vida o la dignidad humana", según David Matsinhe.

Además, para hacer frente a la rebelión islamista en Cabo Delgado, el gobierno (y empresas multinacionales) ha desplegado allí su ejército, pero también mercenarios de distintas contratistas. Los informes de violencia perpetrada por las fuerzas gubernamentales, incluidos asesinatos y desapariciones forzadas, causaron un escándalo en todo el país, hasta el punto de que incluso Total tuvo que “condenar” esta violencia. Sin embargo, esta violencia es completamente funcional y necesaria para proteger los intereses de las multinacionales que no pueden permitirse ver amenazadas sus inversiones.

Sea como fuere, vemos que la grave crisis que azota esta región no puede reducirse a la cuestión del islamismo y el terrorismo. Porque el problema fundamental de la provincia de Cabo Delgado es la pobreza, el subdesarrollo, las violaciones a los derechos humanos y democráticos. La amenaza “terrorista” (o narcotráfico) demasiado agitada por el gobierno y multinacionales como Total sirve sobre todo para legitimar los llamados a la intervención militar de las potencias occidentales. Mientras tanto, esta situación de miseria, desigualdades, injusticias y humillaciones está empujando a algunos habitantes de la zona a sumarse a las filas de las organizaciones islamistas.

Matsinhe explica además que "mientras que algunos de los islamistas son considerados de origen extranjero, la mayoría son jóvenes descontentos con un conocimiento impecable de la geografía local. Parece que cientos de mineros informales enojados desalojados [de su tierra] se han sumado a las filas de los insurgentes”. También le preguntamos a J. Shapiro sobre esta cuestión: “siempre he sostenido que el islamismo [radical] no es una ideología naturalmente convincente; se necesita una falta real de esperanza en el futuro y una desconfianza en las autoridades actuales para ganarse la lealtad de hombres y mujeres jóvenes, y esto es lo que lamentablemente sucedió en el norte de Mozambique”.

Sin embargo, los jóvenes y los habitantes de la región que se rebelaron por esta situación se unen a las organizaciones islamistas. Estas organizaciones de ninguna manera representan una alternativa al imperialismo para las clases populares. Por el contrario, son una carga adicional para los habitantes de Cabo Delgado. Porque junto a las atrocidades de las fuerzas gubernamentales, la población local también tiene que enfrentarse a grupos islamistas particularmente violentos que no dudan en atacar a los residentes que se niegan a colaborar con ellos.

Mozambique, camino a convertirse en un punto caliente de disputa entre potencias

En realidad, el norte de Mozambique no está a punto de convertirse en un califato, al menos por el momento. Sin embargo, una cosa es cierta: Mozambique está emergiendo como un nuevo escenario donde diferentes potencias globales compiten ferozmente. Según J. Shapiro: “Mozambique es uno de los países que marca el límite occidental de la región del ’Indo-Pacífico’. En este sentido, todavía no es un punto caliente, pero se convertirá en uno, ya que África Oriental ya se está convirtiendo en un campo de competencia entre potencias para las que el Indo-Pacífico es su contexto. estratégico y geográfico”.

De hecho, las potencias occidentales quieren a toda costa evitar que el gas de Mozambique caiga bajo el control de empresas chinas, rusas o incluso indias. Al mismo tiempo, los europeos están intentando hacerse con el control de la extracción de gas para abastecer a la UE, volviéndose menos dependientes de Rusia y, al mismo tiempo, abriendo nuevos mercados. “En cuanto al interés de la UE en el gas de Mozambique, ha sido la historia de África durante siglos, y me temo que sigue siendo historia, una era de nuevo imperialismo definida tanto por la competencia por los recursos como por nuevos mercados. Sin embargo, la UE tiene competidores en este ámbito, de los que India y China no son los menos importantes”, afirma Jacob Shapiro al respecto.

Por tanto, es en este sentido que debemos entender lo que está en juego en una intervención militar occidental en Mozambique: asegurar el control de este nuevo “El Dorado” del gas. Como explica Vijay Prashad : “Tales intervenciones - de Francia, Estados Unidos y Sudáfrica - no resolverán el problema en el norte de Mozambique. Pero sin duda serán una razón para que los países occidentales creen un punto de apoyo militar en el continente”.

En cuanto a las poblaciones locales, es más que probable que sigan siendo privadas de sus recursos naturales sin ver el menor beneficio para sus condiciones de vida. Peor aún, la perspectiva de la intervención de ejércitos extranjeros podría resultar aún más devastadora para ellos, como muestra el ejemplo de la intervención francesa en el Sahel. Además, Francia ya está negociando una cooperación militar marítima con Mozambique a fin de tener las manos libres para defender abiertamente los intereses de Total. Evidentemente, todo esto se hace en nombre de "la lucha contra el terrorismo" y posiblemente el narcotráfico.

Por nuestra parte, denunciamos en primer lugar la política criminal de las multinacionales francesas como Total, que, insatisfechas con despedir trabajadores en Francia, se dirigen a los países de la periferia capitalista, arrasan las poblaciones locales, destruyen los ecosistemas y, como frutilla del postre, están dispuestas a provocar y acentuar conflictos militares desastrosos. Más que nunca, se necesita una solidaridad internacional y de clase para proteger a los trabajadores, las poblaciones locales y la naturaleza.






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