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Red Internacional

XVIII Congreso del PTS.La situación internacional y las batallas políticas de la FT-CI

Durante los días 2, 3 y 4 de julio sesionó de forma virtual el Congreso Nacional del PTS. Publicamos aquí un detallado informe de las discusiones que tuvieron lugar durante la primera jornada, dedicada al debate internacional. En los próximos días publicaremos los correspondientes a la situación nacional y a la política partidaria.

Miércoles 7 de julio | Edición del día

El fin de semana pasado tuvo lugar el XVIII Congreso del PTS, con la participación de más de 350 delegados y delegadas en representación de la militancia de todo el país, de gremios, barrios, sectores estudiantiles e intelectuales.

En su sesión del viernes 2 de julio, las y los delegados debatieron sobre la base de dos informes que desarrollaron cuestiones abordadas en el principal documento que discutieron los equipos partidarios: el Manifiesto de la FT-CI publicado en abril. Claudia Cinatti se centró en una actualización de las tendencias más generales de la situación internacional, mientras Fredy Lizarrague realizó un recorrido por las luchas políticas y avances que viene realizando de la FT-CI y la concepción de internacionalismo con la que actuamos. Luego hubo unas 20 intervenciones que plantearon distintos aspectos para el debate.

A continuación presentamos una síntesis de las principales definiciones y de los ejes del rico debate que se desarrolló entre los delegados.

Claudia Cinatti comenzó señalando que, luego de la depresión económica provocada por la pandemia y los confinamientos en 2020, estamos asistiendo a una recuperación desigual e inestable de la economía internacional, cuya dinámica sigue estando condicionada por el desarrollo de la pandemia y los planes de vacunación.

Esta recuperación está impulsada principalmente por el crecimiento de Estados Unidos y China, que han logrado avances significativos en la inmunización de sus poblaciones. Según los pronósticos de organismos internacionales, este año crecerán el 6 y 8% respectivamente, volviendo a los niveles pre pandemia. Mientras que la Unión Europea ha sufrido tendencias recesivas, sobre todo por las olas recurrentes de la pandemia y la circulación de nuevas cepas del coronavirus. Los países semicoloniales y dependientes, donde los niveles de inmunización aún son bajos, recién a fines de 2022 recuperarán sus PBI anteriores a la pandemia.

El dinamismo de las dos principales economías del mundo redunda, en el corto plazo, en un beneficio para países exportadores de materias primas, como los latinoamericanos, ya que ese crecimiento provocó el alza de los precios de los commodities. Aunque contradictoriamente fueron los más golpeados por la pandemia desde el punto de vista sanitario, económico y social, todavía está lejos de alcanzar el ciclo de crecimiento que se dio en la primera década del 2000.

Esta recuperación está lejos de ser una tendencia consolidada, como lo muestran los pronósticos del FMI y el otros organismos multilaterales que prevén que luego del rebote de 2021 la economía vuelva a un crecimiento bajo, en torno del 2 o 3%, con los problemas estructurales de arrastre como la baja inversión que eclosionaron en la crisis de 2008.

Se acumulan contradicciones que pueden derivar en nuevas crisis

Además del condicionamiento de la pandemia, la actual reactivación se sostiene sobre todo con las medidas de estímulo e inversión estatal implementadas tanto por el gobierno de Joe Biden en Estados Unidos, que inyectó billones de dólares en la economía, como por el gobierno chino de Xi Jinping que viene haciendo una fuerte inversión en infraestructura, financiadas con endeudamiento y emisión monetaria. Es decir, se están acumulando contradicciones que a futuro pueden llevar a nuevas crisis.

La contracción económica de 2020 y las políticas estatales para paliar los efectos de la pandemia y los confinamientos hicieron crecer las deudas estatales (y también corporativas) a niveles insostenibles en el largo plazo. No solo los países semicoloniales y dependientes están sobreendeudados, sino sobre todo los países imperialistas, como Estados Unidos, que financian las políticas de intervención estatal con endeudamiento y emisión monetaria, por lo que la deuda pública ya representa un 120% del PIB (y si se toma de conjunto, la deuda privada, de los hogares y estatal triplica al PIB). A esto se suma la formación de burbujas, sobre todo en el mercado financiero y el mercado inmobiliario y el riesgo de inflación, que si bien es aún muy baja, empieza a expresarse en los índices de precios.

El economista marxista Michael Roberts plantea este peligro del sobreendeudamiento, cuestión que también alertan economistas burgueses, como Nouriel Roubini, que plantea que se están dando condiciones para que se repita una estanflación (inflación más recesión) como en los años 70 y una crisis de la deuda como la de 2008.

A futuro, si se desarrollara esta tendencia, podría llevar a medidas monetarias más restrictivas, subas de tasas de interés, entre otras, lo que repercutiría directamente en las economías dependientes y semicoloniales fuertemente endeudadas en dólares como la Argentina.

La disputa entre Estados Unidos y China y el “efecto Biden”

La llegada de Joe Biden a la Casa Blanca implicó un cambio significativo en la orientación de la principal potencia imperialista. La política de Biden es recomponer las relaciones con los aliados tradicionales de Estados Unidos y desescalar algunos conflictos para “despolarizar” la situación internacional. Por ejemplo, está tratando de volver con condiciones al acuerdo nuclear con Irán y avanzar en el retiro de Medio Oriente. En estos días se están retirando las tropas norteamericanas de Afganistán.

Pero más allá de las formas amigables y el retorno del “multilateralismo”, de contenido hay más continuidad que ruptura con la política de Donald Trump. El objetivo del demócrata es contrarrestar el ascenso de China como principal competidor, que es el principal problema estratégico para Estados Unidos.

La potencia norteamericana intenta recrear la alianza “occidental” abandonada por la política unilateral de Trump, con el objetivo de conformar un frente anti China, para eso utiliza un discurso de “alianza de las democracias contra los regímenes autocráticos”, tratando de recrear de alguna manera los “campos” de la guerra fría. Mantiene tarifas y sanciones impuestas por Trump y plantea la hipótesis (esgrimida por el republicano) de que el coronavirus se originó en laboratorios de Wuhan. Por ahora intenta separar el frente Rusia-China con una política todavía gestual hacia Putin.

Pero lo que ha quedado en evidencia es que Estados Unidos ya no tiene la fuerza para hacer primar sus intereses frente al resto de los países imperialistas. Y que después de los cuatro años de Trump se ha profundizado su decadencia hegemónica. Eso explica que Biden haya tenido que aceptar los negocios de Alemania con Rusia y los intereses comerciales que tienen las potencias europeas con China.

En la Unión Europea lo que está cuestionado es el eje franco–alemán. Merkel y Macrón trataron de convenir una cumbre de la UE con Rusia (que está suspendida desde la anexión de Crimea de 2014) pero no pudieron concretarla porque se opusieron varios países del bloque europeo. Esto muestra el agotamiento del liderazgo de Merkel.

Además de las relaciones geopolíticas y las disputas con China, hay dos elementos importantes que impactan en la situación internacional y en las perspectivas políticas y de la lucha de clases.

Con la derrota electoral de Trump se debilitaron las variantes de extrema derecha que le son afines como Bolsonaro en Brasil. Eso no quiere decir que hayan dejado de existir, son intentos bonapartistas que conservan su núcleo duro, incluso en algunos países han hecho avances electorales, como sucedió en las elecciones del Estado español en Madrid, pero de conjunto es un fenómeno político en retroceso como variante de poder.

El otro aspecto es que el gobierno de Biden abrió una coyuntura de ilusiones reformistas en Estados Unidos, a partir de las medidas que ha tomado, como el paquete de rescate de covid de 1,9 billones de dólares. Se plantea como un gobierno de desvío con concesiones al movimiento de masas aunque por ahora son políticas de “rescate” y de corto plazo. El plan de infraestructura se encuentra por ahora bajo negociación en el Congreso por las trabas del ala derecha de los demócratas y los republicanos. Este tono reformista basado en la intervención estatal en la economía, está tiñendo en gran medida la situación internacional, lo que contrasta con la necesidad de ajustes en los países semicoloniales como Argentina.

Nuevo ciclo de lucha de clases

Previo a la pandemia se venía desarrollando una importante oleada de lucha de clases que se había iniciado en Francia en 2018 con los chalecos amarillos. La lucha democrática en Hong Kong, la rebelión en Argelia, los levantamientos populares en Ecuador, Chile y Colombia, la lucha contra el golpe en Bolivia, y antes la movilización contra la reforma jubilatoria de Macri en Argentina, fueron parte de esta tendencia ascendente de la lucha de clases.

Después de una pausa por las restricciones de la pandemia, esta tendencia se ha reactivado con fuerza, empezando nada menos que por la rebelión contra la violencia policial y el racismo en Estados Unidos luego del asesinato de George Floyd, lo que se extendió a movilizaciones antirracistas en varios países.

La pandemia significó una crisis sin precedentes social, económica y sanitaria que hundió a amplios sectores de la clase obrera y a las masas populares en el desempleo y la pobreza y creó un enorme descontento dejando mucho pasto seco para estallidos populares.

Esta tendencia a la vuelta recargada de la lucha de clases es desigual. Mientras que en los países imperialistas como Estados Unidos, las medidas de contención y desvío del gobierno de Biden han logrado detener la dinámica más radicalizada de la lucha de clases, en los países que semicoloniales y dependientes, sometidos al capital financiero y el FMI, se están creando condiciones explosivas.

Aunque esta lucha de clases aún tiene un carácter “revueltista” ha mostrado elementos novedosos como la resistencia obrera al golpe de estado en Myanmar. O la resistencia palestina a la ofensiva militar israelí, en particular la huelga general que unificó a todo el pueblo palestino, y las movilizaciones comunes de árabes y judíos en las ciudades mixtas en el estado de Israel.

América Latina, uno de los epicentros de la lucha de clases

Los manejos desastrosos que han hecho los gobiernos, sumado a sus políticas de ajuste incluso en países “modelo” del neoliberalismo como Chile, Perú y Colombia, ya no son tolerables para el movimiento de masas.

La perspectiva es a una mayor lucha de clases con situaciones agudas.

En nuestra región se combinan procesos agudos de la lucha de clases con fenómenos políticos: tal es el caso de Colombia que ya lleva dos meses de lucha, las elecciones en Perú, la derrota de la derecha y la ex Concertación en Chile en las elecciones para la Convención Constituyente.

En la situación pre pandemia con varios países en recesión, se agudizó la lucha de clases, motorizada por el gran descontento social con los gobiernos de la derecha que habían asumido en la región luego del agotamiento del “ciclo populista”.

En ese momento discutimos que había dos tendencias opuestas: una hacia la izquierda que venía de la lucha de clases y la acción del movimiento de masas y otra de derecha, que con el gobierno de Bolsonaro y el golpe en Bolivia expresaba la tendencia de la burguesía a recurrir a soluciones de fuerza para derrotar a las masas y revertir la relación de fuerzas.

La pandemia produjo una catástrofe social. Se estima que el continente tendrá unos 209 millones de personas bajo la línea de pobreza. Ya es la región con mayor desigualdad del mundo.

A excepción de Ecuador donde se impuso el candidato de la derecha, hay una vuelta de variantes de gobiernos de centroizquierda “light”, más a la derecha que varios de los gobiernos del ciclo anterior, como Arce en Bolivia, o Alberto Fernández en Argentina. En Brasil la reinstalación de Lula en el escenario político es parte de esta política ante la crisis del gobierno de Bolsonaro. En Colombia, el gobierno de Duque se mantiene por la política conciliadora de las direcciones del Paro Nacional. En Chile la elección a la Convención, expresó de manera distorsionada la relación de fuerzas que dejó el levantamiento popular, donde formaciones neorreformistas como el Frente Amplio que colaboraron con la “cocina” parlamentaria, están repitiendo la misma estrategia desastrosa de Syriza en Grecia y Podemos en el Estado español.

Se combina una tendencia persistente a la lucha de clases con la recreación de ilusiones reformistas, pero sin bases materiales para hacer concesiones significativas, con gobiernos que tienen un discurso de reforma pero aplican ajustes para garantizar el pago al FMI, o el caso de Pedro Castillo en Perú que con un triunfo ajustado sobre el fujimorismo, ya hizo compromisos con el capitalismo neoliberal, o Lula que está pactando con los principales políticos burgueses que dieron el golpe institucional contra Dilma.

Esto plantea un escenario no solo de mayor lucha de clases, y procesos convulsivos sino también, desde el punto de vista subjetivo, de condiciones para acelerar la experiencia de las masas con esos gobiernos y partidos reformistas o de centroizquierda, como ya empezamos a ver en Argentina.

El avance de la FT a partir de batallas políticas comunes

El segundo informe, presentado por Fredy Lizarrague, se centró en el desarrollo actual de la Fracción Trotskista - Cuarta Internacional, organización internacional de la que el PTS es parte, y las luchas políticas e ideológicas que enfrentamos.

La primera definición fue que la FT-CI ha dado un salto en el último periodo, alrededor de tres procesos.

El primero es Francia, donde la CCR inicia un camino independiente como grupo, actualmente llamado Revolution Permanente, luego de una serie de luchas y debates dentro del NPA que culminaron en su exclusión por parte de la dirección histórica de dicho partido, con la complicidad de las corrientes de oposición que se consideran “de izquierda”.

Logramos una fusión de un núcleo de compañeros y compañeras de la FT, sectores de la vanguardia del movimiento obrero, un sector de la juventud del NPA y un sector de militantes de tradición del trotskismo francés. Esa experiencia condensa la relación conquistada por la izquierda revolucionaria del NPA con los sectores que salían a luchar, como sucedió con el movimiento de los chalecos amarillos y sobre todo con la intervención de sectores claves del movimiento obrero, como los ferroviarios y coletiveros, contra la reforma jubilatoria. Los cerca de 300 compañeros y compañeras que adhirieron a la declaración pública de denuncia de la exclusión, iniciarán el proceso de constitución de nueva organización.

En lo inmediato, han lanzado una campaña por conseguir las 500 firmas de alcaldes necesarias para que Anasse Kazib pueda presentarse como candidato a las elecciones presidenciales del 2022, logrando ya importantes adhesiones de personalidades de la lucha contra el racismo, activistas sindicales, artistas e intelectuales.

El surgimiento de una organización a la izquierda de la política conciliadora con el reformismo de la dirección mayoritaria “mandelista” del NPA, que dio un salto en el último período por sus alianzas con el partido de Mélenchon (Francia Insumisa), es una novedad en el escenario de la izquierda francesa de tradición trotskista, con impacto internacional.

El segundo es Chile. El PTR viene de dar un salto en adquirir mayores rasgos de “partido”, siendo aún una organización pequeña, como producto de la intervención en el proceso de la rebelión iniciada en 2019, junto a la importante pelea por conseguir la legalidad para presentarse como partido político en las últimas elecciones, en las 7 regiones más populosas del país (sobre un total de 18). En la región minera de Antofagasta, Lester Calderon, dirigente obrero, consiguió el 13% de los votos para gobernador, y la compañera Natalia Sánchez fue electa concejal. Ambos fueron impulsores del Comité de Emergencia y Resguardo que permitió agrupar a la vanguardia de la lucha y llegó a imponer un acto común con la CUT de más de 20 mil personas y organizar los piquetes en las minas en el paro nacional del 12 de noviembre de 2019.

El PTR, tanto en el levantamiento como en el proceso electoral posterior, desplegó una lucha política para presentar una alternativa con un programa de salida revolucionaria a la crisis, ante el resurgir de variantes “neo-reformistas” (tanto la alianza PC-Frente Amplio como la Lista del Pueblo) que se fortalecieron.

El tercer hecho se da en Estados Unidos a partir de la experiencia de constituir una corriente trotskista alrededor de un diario político, Left Voice, junto a publicaciones teóricas. Esta experiencia permitió reagrupar alrededor de la pelea por ideas y un programa expresado a través del diario, a compañeros y compañeras de distintas experiencias políticas, muchos que formaban parte del DSA o que provienen de otras tradiciones (como la del SWP).

De conjunto, el principal cambio es que la FT da un salto como una corriente política a nivel internacional y no solo una organización de lucha ideológica revolucionaria socialista e internacionalista, donde la única organización con más rasgos de “partido” era el PTS en Argentina. Este aspecto fue luego profundizado en el debate.

Las batallas de la FT-CI se centran en dos aspectos que definen a nuestra corriente:

A) La necesidad de la autoorganización del movimiento obrero y las masas, cuestión ya expresada en el Manifiesto y posteriormente profundizada en la elaboración teórica sobre los “comités de acción” que propuso Trotsky para Francia en los ‘30, en el camino del desarrollo de organizaciones de tipo sovietico. En Francia, Chile y Argentina, logramos dar pasos concretos en aplicar estas concepciones en los procesos vivos de la lucha de clases. Este aspecto de nuestra política no niega sino que presupone la necesidad de agitación, propaganda y organización leninistas para construir partidos revolucionarios.

B) La independencia de clase, como punto básico de delimitación con el reformismo en todas sus variantes. Esta definición es fundamental ante las organizaciones de izquierda que confunden independencia organizativa con independencia de clase, y une las luchas políticas de la FT, desde Argentina hasta Francia, pasando por Brasil, Perú, Estados Unidos y varios países más. Incluso corrientes que se consideran revolucionarias y son parte de las tendencias internacionales con las que compartimos el FITU (la LIS del MST, la UIT de IS) o la corriente de NMAS, consideran que si el PSOL o el NPA presenta a las elecciones candidatos propios (independencia organizativa) esto ya representa una política de clase independiente del reformismo y la derecha (independencia de clase), cuestión que no es así, porque los candidatos propuestos (Poutou en Francia por el NPA, Glauber Braga en Brasil por el PSOL) defiende políticas conciliadoras con el reformismo (como hemos explicado en artículos como este).

Por último, reivindicamos el método de construcción de nuestra corriente, expresado en los manifiestos programáticos que extraen las principales lecciones de la lucha de clases y los fenómenos políticos, destacando cómo ese método nos ha permitido confluir con grupos y militantes que provienen de otras tendencias del movimiento trotskista: la FIR de Italia, formada por jóvenes que pertenecieron a la corriente que fue parte de la CRCI junto al PO de Argentina; la OSR de Costa Rica con dirigentes que provienen de la corriente Socialismo o Barbarie del Nuevo MAS; la CST de Perú, con camaradas que fueron parte de la tendencia internacional orientada por el MST de Argentina; o la confluencia con compañeros como Jean-Phillipe Divès en Francia, Juan Carrique en el Estado Español o Scott Cooper en Estados Unidos.

Después de los informes, el debate que recorrió la sesión del Congreso estuvo cruzado por la relación entre “revuelta y revolución”, partiendo de las experiencias actuales de la lucha de clases, así como profundizar en el significado de los avances de la FT-CI y las tareas internacionalistas planteadas.

Revuelta y revolución

Como se desarrolló en los informes, los procesos más avanzados de la lucha de clases han dado grandes movilizaciones que sacudieron gobiernos en varios países, abriendo la posibilidad de crisis mayores, pero siendo contenidos o desviados momentáneamente producto de la acción de las direcciones políticas reformistas y la burocracia sindical, la represión estatal y la propia composición de clase de cada proceso.

En su intervención, el compañero Emilio Albamonte abrió una reflexión estratégica sobre los límites de las “revueltas” y el rol indispensable del partido revolucionario para transformar las tendencias más revolucionarias y obreras que emergen en cada proceso (como fue el paro nacional del 12N en el proceso chileno) en una lucha consciente por abrir un proceso revolucionario que tenga como objetivo construir un estado de las y los trabajadores basado en órganos de democracia directa y la planificación de la economía. Sin una lucha consciente contra las clases dominantes y su estado, toda revuelta termina desviada (en gobiernos que buscan reconstruir los regímenes maltrechos que administran la decadencia capitalista) o derrotada. Justamente esto plantea la necesidad de dar una pelea por lograr que el movimiento obrero tome un papel central, desarrollando la autoorganización, superando las direcciones conciliadoras y tomando un programa capaz de hegemonizar a los sectores que salen a la lucha.

Para esto es necesario el desarrollo de partidos revolucionarios capaces de ser decisivos en los momentos claves, algo que no se logra de un día para el otro, sino que se construyen dando batallas contra el reformismo y la burocracia sindical, organizando a los sectores más destacados a partir de luchar por la independencia política de las distintas variantes burguesas. Una perspectiva revolucionaria implica comprender que la insurrección es un “arte” que requiere organización y planificación para poder triunfar frente a las fuerzas represivas del estado. No nos oponemos a la espontaneidad, pero peleamos para darle un canal revolucionario, sin el cual se disipa en la impotencia y es capitalizada por el reformismo. Somos defensores incondicionales de las revueltas pero apostamos a revoluciones, única forma de que triunfen las masas explotadas y oprimidas. Con este fin, tenemos que ser conscientes que estamos en momentos preparatorios.

Otros delegados, delegadas y dirigentes del PTS se refirieron a distintos aspectos. Los distintos ritmos y experiencias en Latinoamérica generaron distintas opiniones, quedando planteado para profundizar el análisis sobre la relación que se puede establecer entre los procesos de los últimos años en Chile, Colombia y Perú, y el hecho de tratarse de países que venían siendo gobernados por las derechas más abiertamente neoliberales y pro-imperialistas, a diferencia de los países que vivieron gobiernos “populistas” (Venezuela, Bolivia, Argentina).

Otro nivel de análisis que quedó abierto, fue sobre la relación entre las tendencias a las revueltas y la composición actual de la clase obrera a nivel internacional, con la concentración en grandes ciudades pero a su vez la extrema fragmentación y precarización de las y los asalariados que componen la clase trabajadora, así como la permanencia de amplias franjas de pobres urbanos. De aquí se desprende la importancia de luchar por la unidad de las filas obreras y la hegemonía respecto al conjunto de las y los oprimidos.

La práctica internacionalista y las etapas del desarrollo de la FT

El otro eje que recorrió las intervenciones fue sobre las peleas dadas por el PTS y otros grupos de la FT, tanto en la lucha de clases como hacia sectores de la izquierda se adaptan a variantes reformistas.

Jimena Vergara, de Left Voice, destacó la importancia de la producción, acumulación y formación teórica para sentar las bases de lo que es el actual grupo de la FT en Estados Unidos. En este sentido, destacó la importancia de las elaboraciones más profundas que tenemos como corriente, a través no sólo de revistas sino también de libros, como los publicados por Dal Maso a propósito del legado de Grasmci o “Estrategia Socialista y Arte Militar” de Albamonte y Maiello. Un compañero de Santa Fe, destacó la importancia de las elaboraciones ideológicas de jóvenes militantes de la Juventud del PTS que se expresan en la publicación de 23 números de #IdeasUniversidad, proponiendo extender esta experiencia a los demás grupos de la FT.

En cuanto a la práctica de la FT, Diana Assuncao del MRT de Brasil, destacó que la novedad es que los grupos de la FT pasaron de un internacionalismo en cierta medida “contemplativo”, es decir, que seguía los procesos de cada país y los difundía desde los diarios pero de forma relativamente pasiva, a un internacionalismo que asume las batallas políticas como propias y las “traduce” a cada realidad particular.

En este sentido, una conclusión de este punto fue que podemos decir la FT-CI pasó por distintas etapas, desde las iniciales más centradas en el rearme teórico político en los ‘90 (luego de la ruptura con la LIT-CI morenista) hasta adquirir mayores rasgos políticos, sobre todo a partir del lanzamiento de la Red Internacional de diarios, que multiplicaron nuestro auditorio, potenciaron nuestro desarrollo y nos obligaron a responder a los principales hechos políticos nacionales e internacionales de manera cotidiana, sin por ello dejar de lado las elaboraciones teórico-políticas, tanto en suplementos como libros. La nueva etapa que inauguramos es la de asumir batallas políticas a nivel internacional, elaborando en cada país la expresión concreta en relación a las corrientes de la izquierda. Esto se vio sobre todo a partir de la lucha en el NPA y los debates que se generaron en torno a la adaptación a las corrientes de la izquierda reformista gestoras del capitalismo.

Por último, varias intervenciones reivindicaron el método de construcción en base a las lecciones estratégicas de los principales acontecimientos de la lucha de clases y los fenómenos políticos, que ha permitido confluir con grupos, dirigentes y cuadros de otras tradiciones y experiencias en función de la construcción de una Internacional de la Revolución Socialista, que para nosotros es la Cuarta Internacional.




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