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Red Internacional

Hacia el 25N.La violencia que vivimos como trabajadoras de cultura a manos de la 4T

La violencia hacia las mujeres se expresa de muchas maneras, la precarización laboral es una de las formas más naturalizadas de violencia.

Miércoles 24 de noviembre | 13:30

La violencia contra las mujeres es una de las grandes problemáticas que las trabajadoras debemos enfrentar. Para todas es conocida la sensación de alivio de poder entrar a tu casa después de una jornada laboral, saber que ese día de nuevo llegaste viva. Para muchas otras, no habrá esa suerte. La violencia feminicida es tan brutal y abrumadora que pocas veces nos deja espacio para poder pensar en otros tipos de violencia que son recurrentes e invisibilizados. Uno de ellos es la precarización laboral.

Pero ¿cómo el tener un trabajo puede considerarse violento? El problema son las condiciones laborales. Si bien el trabajo es un derecho, no suele pensarse en la clase de derechos que necesitamos y merecemos. La mayoría de los trabajos actuales se encuentran despojados de cualquier derecho, no contamos con prestaciones ni estabilidad laboral. Con los contratos simulados, breves o en muchos casos sin contrato alguno, solamente se genera un ambiente de incertidumbre e inestabilidad.

En el 2018 el partido MORENA asumió el poder en el país prometiendo un cambio radical en la forma de gobierno, anteponiendo a aquellos que más lo necesitaban, pero pronto quedó claro que, al igual que con sus antecesores, la precarización laboral seguiría siendo una realidad.

Una de las figuras principales de la 4T, desde sus inicios, fue Claudia Sheinbaum. Antes de asumir su puesto de jefa de gobierno, se desempeñaba como jefa delegacional de la alcaldía de Tlalpan. Ahí comenzó a gestar una serie de programas culturales y educativos, que extendería a la ciudad en cuanto asumió la jefatura de gobierno. Estos programas se presentaron como una alternativa para poder acceder a los derechos culturares que se encontraban focalizados en la zona centro de la ciudad. De manera interna, al momento de postularte a los programas, estos se presentan como un espacio seguro e inclusivo. Uno de los ejes principales del programa es la equidad de género, pero en la realidad esto cambia completamente para las trabajadoras.

Las mujeres que formamos parte de los programas culturales somos testigos constantes de cómo la equidad de género se queda en el mero discurso. Como trabajadoras precarizadas, padecemos sistemáticamente la violencia laboral desde el momento en que no se nos considera como trabajadoras, por lo que no contamos con ningún tipo de derecho laboral. Por ejemplo, en medio de la pandemia, ¿cómo podemos sentirnos seguras de salir a dar nuestras actividades sin la certeza de poder atendernos ante un contagio?

El año pasado, ante la convocatoria del paro de mujeres el 9 de marzo, “se nos dio el día”, como una simulación del compromiso del programa ante la problemática de la violencia de género. Pero cuando se convoca arbitrariamente a las campañas de vacunación o encuestas, nos obligan a ir a lugares lejanos, en medio de la madrugada. Los lugares en los que laboramos están en puntos rojos de la ciudad donde predomina la delincuencia, a tal grado de que se han reportado balaceras dentro de los mismos espacios.

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En los últimos años la precarización laboral se ha intensificado, cada vez son menos los trabajos que garantizan, por lo menos, prestaciones básicas de ley. Los salarios se han estancado mientras que la inflación aumenta. Pero el detrimento de la calidad de los trabajos no se ha limitado al sector privado y empresarial. Los trabajos estatales se han sumado a esos modelos, primero arrancando poco a poco los derechos laborales, después avanzando con el modelo de subcontratación (outsourcing) y ahora dan un paso más allá en la precarización con la modalidad de “becarios”, que les permite tener a su disposición a miles de jóvenes que cumplen todos los roles de un trabajador, pero que son considerados como beneficiarios de programas sociales, por lo que el pago es considerado una “beca”, un apoyo económico por parte del gobierno.

Bajo el pretexto de la austeridad republicana se han recortado puestos de trabajo y salarios, pero siempre afectado a los más precarizados. Contrario a lo que plantea la administración de la 4T, no se está combatiendo la corrupción, no se están mejorando las condiciones de las trabajadoras, por el contrario, empeoran cada vez más.

¿Qué podemos hacer las mujeres trabajadoras ente esto?

La llegada de la 4T al poder dejó en claro una sola cosa: no importa qué nombre, color o discurso tengan los partidos de régimen, nunca velarán realmente por nuestros intereses. Es necesario organizarnos y salir en unidad a las calles para pelear por plenos derechos, contra los despidos y recortes, con los que se nos amenaza si levantamos la voz.

Este 25 de noviembre salgamos a las calles no solo para exigir un alto a la violencia feminicida que nos arranca a 13 mujeres al día, sino también para demandar mejores condiciones laborales. No es posible combatir la violencia de género si no cambiamos de raíz todas las condiciones que vulneran nuestras vidas.

Este día internacional contra la violencia hacia las mujeres, ¡marcha con Pan y Rosas!

Contáctanos: 5574795559

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