Mundo Obrero México

MUJER TRABAJADORA

Las maestras y el movimiento de mujeres

Las maestras necesitamos generar espacios en los que podamos discutir sobre las problemáticas comunes y pensar en acciones para resolverlas, vincularnos con otras mujeres para que nuestra fuerza sea aún mayor, unir nuestra fuerza a la de otras luchas.

Soledad Farfalla

Maestra de secundaria, Agrupación Magisterial y Normalista Nuestra Clase

Miércoles 18 de septiembre | 10:03

Aún no ha amanecido y las maestras del matutino debemos salir de nuestros hogares para llegar a tiempo. Ya ha caído la noche y las maestras del vespertino salen de regreso a casa. Y si a la penumbra natural le sumamos los largos trayectos, las calles sin alumbrado público y la realidad de ser mujer en un país en el que son asesinadas 10 mujeres cada día, el camino se vuelve un peligro.

Además del trabajo frente a grupo las maestras nos llevamos a casa tareas por revisar, exámenes por evaluar, planeaciones por entregar y un largo etcétera. Y no es todo, garantizamos también un segundo turno de trabajo no reconocido y mucho menos pagado: el trabajo doméstico y el cuidado de niños, ancianos y enfermos en el hogar.

La irracional asignación de escuelas, que obliga en muchos casos a hacer trayectos de 90 minutos, 2 ó 3 horas; las calles inseguras y el miedo en los traslados; las pesadas jornadas de trabajo frente a grupo y en casa; el trabajo doméstico no remunerado y asignado de manera naturalizada a las mujeres. Todas estas condiciones no se viven de manera individual, es una realidad colectiva, la vida de la mayoría de las maestras.

Pero no sólo son condiciones de vida exclusivas de las maestras, es la misma realidad de las demás mujeres trabajadoras. Y si las problemáticas son colectivas, las maestras junto a otras trabajadoras tendríamos que pensar en cómo organizarnos para hacerles frente y transformarlas.

Además, el rol de las maestras es clave, pues nosotras tenemos una enorme ventaja, ya que no sólo somos parte de la formación de nuestras alumnas, también tenemos la posibilidad de dialogar cotidianamente con otras trabajadoras, estudiantes, amas de casa, etcétera: las madres de nuestras alumnas. Por ello, el rol que las maestras podemos jugar en el naciente movimiento de mujeres es primordial.

Comisiones de mujeres en las escuelas

Las maestras necesitamos generar espacios en los que podamos discutir sobre las problemáticas comunes y pensar en acciones para resolverlas, vincularnos con otras mujeres para que nuestra fuerza sea aún mayor, unir nuestra fuerza a la de otras luchas. Pero para hacer real esto, es clave organizarnos en cada escuela.

Por ello, las maestras de la Agrupación Magisterial y Normalista Nuestra Clase y que también impulsamos la agrupación de mujeres Pan y Rosas, hoy ponemos sobre la mesa la apremiante necesidad de poner en pie Comisione de Mujeres en cada preescolar, primaria y secundaria en educación básica.

Comisiones en las que se discuta por ejemplo la asignación de los horarios para que las maestras que tienen hijos o las que viven más lejos de la escuela puedan tener preferencia, que se plantee ahí la exigencia a las autoridades para que en las zonas de nuestras escuelas no haya ni una sola calle sin alumbrado público, que se ocupen de la lucha por transporte gratuito para que nosotras y nuestras alumnas (y nuestros alumnos, claro) volvamos seguras a casa, o por aumentar los derechos de las maestras embarazadas o con hijos recién nacidos.

Pero incluso, más allá de esas tareas urgentes, es necesario que esas comisiones de mujeres se conviertan en los hechos en células de organización que le den forma a un gran movimiento de mujeres, que de manera independiente y siendo miles en las calles se planteé enfrentar la violencia machista, el trabajo precario y luchar por el derecho al aborto libre, seguro y gratuito en todo el país.

¡Es necesario recuperar nuestro sindicato!

No sólo es vital que las mujeres generemos espacios de autoorganización para volvernos sujetas activas de la transformación de nuestra realidad, un elemento más que se suma a nuestra histórica misión, es la democratización de nuestro sindicato y la conquista de su independencia política respecto al Estado.

Los sindicatos históricamente, se formaron como herramientas de lucha para que la clase trabajadora pudiera agruparse, enfrentar con una fuerza mayor a los patrones y al Estado para conquistar mejores condiciones de trabajo y de vida.

Sin embargo, mediante las burocracias sindicales (los charros) como la de Alfonso Cepeda o anteriormente la de Elba Esther Gordillo en el SNTE, que responden a las políticas patronales para mantener sus privilegios, nuestros sindicatos funcionan como instrumento de control sobre los trabajadores, para evitar que luchemos por nuestros intereses como trabajadores de la educación, actuando a lo sumo como organismos de gestión.

Son estas mismas burocracias las que nunca han garantizado espacios (como las comisiones de mujeres que proponemos) para que, por ejemplo en el SNTE, las trabajadoras de la educación podamos discutir democráticamente los problemas y preocupaciones relativas a nuestra condición de mujeres, o los de nuestras alumnas y las madres de familia y cómo resolverlos, en una sociedad de explotación y patriarcado como la nuestra. ¡Qué distinto sería si pudiéramos hacer asambleas en las escuelas para discutir nuestros problemas! Si cada vez que nos arrancaran a una compañera o desapareciera una alumna, pudiéramos tener espacios para dialogar entre nosotras qué hacer y cómo enfrentarlo.

Es increíble, además, que en un gremio formado en un 70 % por mujeres, las dirigencias sindicales sean ocupadas principalmente por varones.

Hoy necesitamos un sindicato que, frente a las adversidades cotidianas que vivimos las maestras y ante la brutal realidad de violencia que vivimos las mujeres, que se traduce en feminicidios, desapariciones, precarización y un largo etcétera, use la fuerza del millón y medio de afiliados para transformarlo todo, en unidad con las madres y padres de familia y otros sectores de trabajadoras y trabajadores.

Las comisiones de mujeres, que no promueve ninguna delegación sindical pero que en perspectiva deberían existir articuladas a las mismas, pueden ser hoy un gran impulso para que las maestras organizadas planteemos a nuestros compañeros la necesidad de organizarnos de conjunto y recuperar nuestro sindicato como verdadera herramienta de lucha.






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