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Lenin y el Día de la Tierra

El primer Día de la Tierra celebrado en 1970, por coincidir con el centenario del natalicio de Vladimir Lenin, fue catalogado por el FBI como propaganda comunista, pero ¿Qué tiene que ver el revolucionario ruso con la lucha ambiental?

Axomalli Villanueva

@1quiahuitl

Jueves 22 de abril | 10:49

El Día de la Tierra fue celebrado por primera vez en Estados Unidos para aumentar la conciencia pública sobre los problemas ambientales, desde entonces, reimpulsado por Naciones Unidas es conmemorado por millones de personas alrededor del mundo cada año, gracias a los primeros ambientalistas de los años sesenta.

El movimiento ecologista que dio origen a esta fecha surgió como tal en medio de la efervescencia política de finales de los 1960s, donde contaban por miles las personas que se unían al movimiento por los derechos civiles, las Panteras Negras, la segunda ola del feminismo y el repudio hacia la Guerra de Vietnam.

Concentración en Chicago.

A lo largo de Estados Unidos se contaban por decenas minúsculas resistencias o coaliciones vecinales y comunitarias que intentaban hacer frente a distintos problemas que tenían que ver con el medio ambiente, como el caso del desastre ecológico del Union Oil, que terminó por derramar más de 11 millones de litros de crudo al canal de Santa Bárbara en el estado de California, considerado como uno de los peores desastres ambientales del país.

La situación era de claro descontento en miles de personas que sufrían día a día las consecuencias de la contaminación de las fábricas que ocasionaban pésima calidad de aire y los cuerpos de agua contaminados con residuos tóxicos, a la par de descubrimientos científicos, como los de Rachel Carson, que en su libro La Primavera Silenciosa denunciaba a la industria de los pesticidas y agrotóxicos con los que se producían alimentos y que tendrían consecuencias catastróficas para la salud humana y los ecosistemas.

Sin embargo, a pesar de esto no existía una coordinación a un nivel más grande que hiciera visible el gran repudio ante los abusos de grandes industrias con el medio ambiente, hasta que en 1969 el activista Denis Hayes, convocado por el senador Gaylord Nelson convocó a una gran conmemoración nacional para hacer visibilizar y hacer frente a estas problemáticas.

Denis Hayes, recientemente en una entrevista para The Harvard Gazzete recordó que su intención era “tomar todos esos hilos diferentes y entretejerlos en este tejido del ambientalismo moderno, para ayudarlos a comprender que estaban operando desde conjuntos de valores similares y luego que podían apoyarse mutuamente y ser mucho más fuertes como un todo de lo que eran individualmente”.

Denis Hayes en el comité de organización.

Fue así que convocando a miles de organizaciones estudiantiles y vecinales, y poyadas por sindicatos como el United Auto Workers, el mayor apoyo para la convocatoria según Hayes, que durante meses de intenso trabajo, inauguró el primer Día de la Tierra el 22 de abril de 1970 donde se calcula que más de 20 millones de personas en Estados Unidos se unieron en las calles para poner fin a la contaminación del aíre, los ríos y los océanos.

Producto de estas movilizaciones masivas, ese mismo año nació la Agencia de Protección ambiental (EPA) y los primeros esbozos de una legislación ambiental, sin embargo en ese entonces la fecha fue tachada por el mismo FBI como “propaganda comunista”.

Según recuerdan los activistas de la época, por mera coincidencia se juntó con el centenario del natalicio del revolucionario ruso Vladimir Lenin, hecho por el cual el mismo John Edgar Hoover, director del Buró Federal de Investigaciones mantuvo en la mira al mismo Denis Hayes durante años.

La persecución política llegó a tal grado de que la revista Timepublicó en un artículo de ese año que el evento fue un “engaño comunista”, vinculándolo con miembros de la organización Daughters of the American Revolution (Hijas de la revolución norteamericana), citando que: “elementos subversivos planean hacer que los niños americanos vivan en un ambiente que sea bueno para ellos”.

La coincidencia de fechas fue tal que hasta hoy, autores negacionistas de derecha aún acusan a la celebración como “propaganda soviética”, pese a que Naciones Unidas la institucionalizó dos años después en la Cumbre de la Tierra de Estocolmo.

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Lenin ¿ambientalista?

Un caso fue la web de la revista de derechas, Capitalism Magazine polemizó en 2004 sobre esta fecha argumentando que "el objetivo de Vladimir Lenin era destruir la propiedad privada, meta que también comparten los ambientalistas”, aseveraciones que en ese entonces buscaban desvirtuar la preocupación por el medio ambiente.

Sin embargo más de 17 años después, en medio de una crisis ambiental y sanitaria, el movimiento ambientalista de las rebeliones por el clima ha puesto en tela de juicio el papel devastador del capitalismo para los ecosistemas terrestres, fuera de las cumbres mundiales oficialistas.

La historia de los primeros años del Estado obrero soviético nos dejó grandes lecciones y avances en casi todos los ámbitos de la vida humana, incluyendo, sorprendentemente para muchos, la conservación del medio ambiente. Durante los primeros años después de la Revolución rusa, el mismo Lenin se interesó en la protección y conservación ambiental, proyectando a la naciente URSS como una pionera en preservación de los ecosistemas al ser el primer país en decretar reservas de bosques o “zapovétniks”, con el único fin de salvaguardar los recursos forestales para generaciones futuras.

Decreto Sobre la Tierra.

En el Decreto sobre la Tierra, redactado, -en gran medida por el mismo Lenin-, hacía de todos los bosques, aguas y minerales del subsuelo propiedad de la recién nacida URSS, un requisito indispensable para el uso racional y planificado de los mismos, entre otras cosas se decretó la abolición de la propiedad privada y la redistribución de los terrenos entre los campesinos y trabajadores del campo de acuerdo con el programa agrario del Partido Comunista de Rusia que abogaba por la socialización de las tierras, donde entre otras cosas se expropiaron las tierras de la nobleza y el clero “sin compensación y pasando a ser propiedad de todo el pueblo y para el uso de todos los que la cultivan.

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Esto se concretó aún más con el Decreto sobre los Bosques -también promulgada por Lenin en el Soviet de Comisarios del Pueblo (Sovnarkom) que él mismo presidía-, como respuesta a la deforestación y destrucción durante la guerra civil y los reinados zaristas. En estos lugares no habría disparos, desmontes, cosechas, siegas, siembras o incluso recolección de frutos.

No solo la flora gozó del auxilio del gobierno revolucionario, sino que incluso en 1920 fue promulgada otra ley que protegía alces y cabras salvajes de la caza y hasta al emblemático tigre siberiano, entre otras especies del territorio ruso. Esto quedó plasmado en el decreto "Sobre las temporadas de caza y el derecho a poseer armas de caza", que fue aprobado por Lenin en mayo de 1919, donde se puso fin a las temporadas abiertas de caza en primavera y verano.

Estas medidas revolucionarias no fueron llevadas en solitario por el revolucionario ruso, sino que fueron fruto de la coordinación con por grandes expertos de renombre, como Aleksander Oparin, Nicolai Vavilov, Vladimir Stanchinsky y decenas más quienes conformaron la Sociedad para la Conservación de la Naturaleza (VOOP), una unión de científicos que más tarde sufriría la persecución de las purgas estalinistas, sin embargo sentaron un precedente que vale la pena recuperarse en el momento donde más se necesita cambiar las condiciones que dan origen a las crisis climática y ambiental.

Recuperar el leninismo ecológico en tiempos de emergencia ecológica

En la última década se ha dejado en evidencia que los problemas ambientales van más allá de la contaminación industrial que se expuso a finales de los 60s con el inicio del movimiento ambientalista en Estados Unidos, las amenazas a las que nos enfrentamos son de carácter global y ya representan un peligro inminente para los sectores más precarios de la población.

Ya es un consenso científico que el cambio climático, la crisis en el ciclo del carbono, del agua, del fósforo y del nitrógeno, la acidificación de ríos y océanos, la pérdida creciente y acelerada de biodiversidad y la deforestación, los cambios en los patrones en el uso de la tierra y la contaminación química, son productos de un sistema devastador y voraz como el capitalismo.

En la antesala de una sexta gran extinción que es ahora científicamente innegable, según los investigadores alrededor del mundo, la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza estima que alrededor del 20 % de todas las especies están en peligro de extinción en las próximas décadas, lo que supera con creces la tasa de referencia de siglos previos.

Más allá de las respuestas individuales que ONGs y Naciones Unidas han propuesto para evadir el hecho de que es el consumo del 1 % más rico del mundo el que produce el doble de emisiones de carbono que el resto de la población, aprovechando una vez más el Día de la Tierra, es urgente una salida revolucionaria ante estas amenazas.

Como el profesor de geografía humana en la Universidad de Lund en Suecia y militante ecologista, Andreas Malm retoma en L´Anthrpocène contre l´histoire, “es el momento de ensayar el leninismo ecológico”, es decir, necesitamos pensar un programa de urgencia ecológica inspirándose en la acción de los bolcheviques en 1917, para buscar las vías a una transición ecológica global y radical.

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Hoy por hoy, gracias a las rebeliones juveniles por el clima, impulsadas por la plataforma Fridays For Future y Greta Thunberg, que en 2019 convocó a millones de personas alrededor del mundo, se ha logrado llevar el debate de la urgencia de acciones frente a los grandes problemas ambientales fuera de las cumbres de Naciones Unidas y los gobiernos que no buscan atacar las condiciones que permiten que la catástrofe ambiental haya tomado dimensiones globales.

Esto crea condiciones para que sectores de trabajadores retomen las demandas del movimiento ecologista y tengan un rol decisivo en la transición ecológica, como, por ejemplo, el de los y las trabajadoras de la petrolera Totalen Francia.

Las medidas drásticas y urgentes que se necesitan no pueden depender de la buena voluntad o la conciencia de los Gobiernos capitalistas, que en más de 30 años de cumbres climáticas no han cumplido los objetivos mínimos que se propusieron. La pelea contra la crisis ambiental global originada por el capitalismo debe reunir a la juventud, los científicos comprometidos, las comunidades indígenas y otros sectores oprimidos con la clase trabajadora al frente.

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