Internacional

SUPLEMENTO CLAVES DE LA POLÍTICA INTERNACIONAL

Los Gobiernos posneoliberales y el imperialismo norteamericano

Análisis sobre estos procesos, hegemonizados por corrientes reformistas, indigenistas o “nacionalistas” y su relación con el imperialismo norteamericano.

Juan Andrés Gallardo

@juanagallardo1

Jueves 10 de marzo de 2016 | 21:30

Estos procesos, hegemonizados por corrientes reformistas, indigenistas o “nacionalistas”, terminaron con la instalación de gobiernos llamados “posneoliberales”: los de tinte más nacionalista, como Evo Morales, Hugo Chávez (asumido en 1998) o Rafael Correa. Un caso intermedio, el de Argentina con Kirchner en 2003. Y los de perfil más “centroizquierdista”, como en Brasil con la asunción de Lula en 2003, Uruguay con Tabaré Vázquez en 2005 y finalmente Paraguay con Fernando Lugo en 2008, también fueron parte de esta tendencia aunque no llegaron a situaciones de estallidos generales. En Centroamérica, se vieron los casos de Nicaragua (con el retorno al gobierno de Daniel Ortega y el FSLN), El Salvador (el FMLN), y Honduras con el gobierno de Manuel Zelaya en 2006.

Con matices y diferencias, se caracterizaron en general por una retórica nacional y popular, contra el neoliberalismo y los aspectos más humillantes de la subordinación al imperialismo. Algunas medidas elementales de “defensa nacional” como la nacionalización de empresas importantes (aunque pagando indemnizaciones), sumada a políticas devaluatorias y una incipiente sustitución de importaciones, permitieron a los estados recuperar cierto control de los recursos nacionales y del aparato productivo para paliar la desocupación masiva o la pobreza extrema. El boom de las materias primas y el auge exportador posibilitaron la masificación de planes sociales y subsidios al mismo tiempo que se garantizaba una alta tasa de ganancia para las grandes empresas nacionales y extranjeras.

En este marco de gobiernos de contención y desvío, para impedir el desarrollo de la movilización de masas y cerrar las profundas crisis políticas abiertas, se produjeron roces y hasta confrontaciones con el imperialismo norteamericano. El punto más alto fue la IV Cumbre de las Américas en Mar del Plata en 2005. La presencia de George W. Bush fue ampliamente repudiada y salió derrotado su proyecto de imponer el ALCA que tendía a liquidar las economías locales a favor de los grandes monopolios yanquis.

El nuevo inquilino de la Casa Blanca

La llegada de Obama al gobierno, junto al inicio de los efectos de la crisis económica en 2009, encontró a la mayoría de estos gobiernos sembrando expectativas en la nueva administración. En la Cumbre de las Américas en Trinidad y Tobago, hubo un clima de “distención” entre los gobiernos posneoliberales y el de Obama, al que saludaron como una esperanza de cambio. Obama prometió iniciar un cambio en las relaciones con Cuba y dijo que no apoyaría ningún intento golpista en la región. A cambio, ni Chávez ni Evo Morales denunciaron el Plan Colombia, la agobiante deuda externa o la ocupación de Haití (que continúa hasta hoy).

Tan solo unos meses después un golpe cívico militar derrocaba al gobierno de Zelaya y los gobiernos posneoliberales fueron completamente impotentes para dar una respuesta. Lo mismo ocurrió con el golpe institucional contra Lugo en Paraguay. Aunque las relaciones con EEUU, que estuvo detrás de estos golpes, se enfrió, el daño ya estaba hecho. Los gobiernos pos neoliberales empezaban un camino declinante, mientras que EEUU empezó a recobrar peso en la región. Primero fortaleciendo los lazos con países del pacífico como México, Colombia, Perú y Chile; luego avanzando en una política de restauración capitalista en Cuba y en la actualidad apoyando abiertamente las variantes de derecha que surgen ante la decadencia de estos gobiernos.

Fracaso del “progresismo”

A pesar de la orientación “nacional” de los gobiernos posneoliberales, y aún con las diferencias que existieron entre ellos, nunca atacaron las bases profundas de la dominación imperialista. No se dejó de pagar la deuda externa, uno de los principales lazos que nos ata al imperialismo, por el contrario se pagó mucho más que en otros períodos. Solo en Argentina entre 2010 y 2015 se pagaron más de 30 mil millones de dólares. Tampoco se acabó con la Misión de la ONU en Haití (Minustah), un verdadero ejército de ocupación de distintos países de América Latina, a pedido de EEUU. Los gobiernos de Argentina y Brasil votaron leyes antiterroristas, también a pedido de EEUU, que hoy son usadas por gobiernos como el de Macri para avanzar en la represión (algo que ya había iniciado el gobierno de Cristina Kirchner).

En definitiva los gobiernos “populistas” y “progresistas” sudamericanos nunca fueron más allá de un reparto un poco más favorable de la riqueza nacional y una readecuación de los términos de la dominación imperialista. Hoy vemos, por ejemplo en Argentina con el retorno de la derecha al gobierno, lo endeble y parciales que fueron los cambios en la relación entre el imperialismo y los países dependientes cuando el Macri se apresta a hipotecar nuevamente al país para pagar a los fondos buitres.

Una verdadera liberación nacional solo se puede conseguir con medidas como el no pago de la fraudulenta deuda externa, la nacionalización de los grandes capitales extranjeros sin indemnización porque en todos estos años y a lo largo de la historia se han llevado muchísimo más de lo que invirtieron, y poniendo estos recursos al servicio de los trabajadores y el pueblo pobre. Medidas de este tipo solo las puede llevar adelante un gobierno obrero y popular en la perspectiva de poner en pie una Federación de Repúblicas Socialistas de América latina, objetivo estratégico que dependerá no solo en la movilización revolucionaria de las masas latinoamericanas sino de las decenas de millones de explotados y oprimidos, desde las minorías raciales hasta los trabajadores blancos, en el propio corazón del imperialismo yanqui.






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