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SUPLEMENTO

Los intereses del gran capital y su ofensiva sobre los trabajadores en México

José Luis Ríos Vera

Los intereses del gran capital y su ofensiva sobre los trabajadores en México

José Luis Ríos Vera

La burguesía mexicana anidada en Concamin, Coparmex, Grupo Monterrey, AMIA, entre otras asociaciones empresariales, presionan al Estado mexicano para que se proclamen distintas actividades y sectores económicos como “esenciales”. Su objetivo es que el gobierno levante cuanto antes la cuarentena en las actividades productivas ligadas a la economía exportadora vinculada al TLCAN (ahora T-MEC), tales como la industria automotriz, aeroespacial, electrónica, entre otras.

A ello se suman las presiones de la Asociación Nacional de Manufactureros de Estados Unidos (NAM), la Cámara de Comercio y la embajada estadounidense para obligar al gobierno mexicano a que “reanude” sus actividades productivas “homologándolas” a los procesos productivos de la trasnacionales estadounidenses.

En este cuadro destaca la carta enviada por un grupo de senadores estadounidenses al secretario de Estado, Mike Pompeo, instándole a “presionar” al gobierno mexicano para que redefina las “actividades esenciales” conforme a criterios de clasificación de agencias de EE.UU., es decir, al margen de la soberanía nacional. Esto con el objeto de imponer una “reapertura económica” e impedir interrupciones en la “cadena de suministro y proveeduría” de las empresas estadounidenses en los “sectores de alimentos, medicina, transporte, infraestructura, aeroespacial, automotor y de defensa”.

Uno de los intereses de fondo, es que se pretende hacer prevalecer el proyecto de “integración regional de América del Norte”, custodiar su continuidad, e impedir interrupciones en la cadena de valorización y creación de ganancias, aún en medio de una de las mayores crisis sanitarias de carácter global y sus efectos en la vida de las personas, que a este respecto, continúan siendo devastadoras tanto en Estados Unidos como en México.

A continuación reflexionamos sobre algunos elementos que subyacen a estas presiones que ejercen los grandes capitales y las fuerzas políticas sobre las vilipendiadas soberanía y “democracia” mexicanas.

Cadenas mundiales de valor y la geografía de la explotación del trabajo

El estadío de mundialización del capital, acelerado en la última década de siglo XX, terminó por establecer nuevas cadenas de valor de alcance mundial (CVM) que dieron forma a una nueva etapa de la división internacional del trabajo y sus relaciones asimétricas congénitas. Procesos de reestructuración de fases productivas y fragmentación de eslabones relocalizados en países de cualquier región del mundo fueron llevados a cabo bajo la dirección de la gran empresa trasnacional.

A diferencia de las limitadas bases geográficas espaciales de la producción industrial de posguerra, se profundizaron los procesos de segmentación productiva, es decir, las fases y etapas de diseño, investigación, manufactura, ensamblado y comercialización, que encierran una nueva capacidad de flexibilidad y articulación de alcance global. Ello influyó en la conformación de CVM impulsados por procesos de descentralización y deslocalización productiva (de las trasnacionales) establecidos en distintas zonas y regiones del globo.

La competencia intercapitalista (global) por la mayor explotación del trabajo y la apropiación de ganancias extraordinarias se constituyó como el medio principal por el cual hemos asistido a la conquista de regiones y países con los menores niveles salariales y las mayores “ventajas” políticas, sociales y naturales que se ofrecen a la empresa moderna transnacional. El papel de Asia, de China, Europa oriental y de América Latina destaca en este cuadro de extraordinaria expoliación.

La internacionalización de los procesos de trabajo se ha caracterizado por el control de los países centrales y el comando de la empresa trasnacional. Estos países concentran el monopolio tecnológico y centralizan los mayores niveles de inversión en ciencia y tecnología como auténtica fuente de la innovación. Al mismo tiempo, los países centrales dislocan hacia los países atrasados y periféricos sus actividades productivas con menor intensidad tecnológica tales como manufactura y ensamblado.

China, Alemania y Estados Unidos lideran las capacidades tecnológicas en materia de solicitudes de patentes. De acuerdo con Cepal (2017), en el periodo 1990-2015, Estados Unidos pasa del 17 al 20% en las solicitudes mundiales de patentes; China asciende de un modo prodigioso del 1% al 38%; Japón desciende del 37 al 11%; Europa cae del 35 al 12% (ver gráfico).

En contraste, América Latina y el Caribe experimentó un crónico estancamiento, pues sólo concentra el 2% de estas solicitudes en el periodo, reflejando con ello el grado de dependencia tecnológica que reproduce en la división internacional del trabajo y las cadenas de valor.

El monumental despliegue de la mundialización del capital impactó de modo contradictorio tanto en las economías centrales como también en las economías dependientes. Por ejemplo, los procesos de “deslocalización productiva” de las transnacionales estadounidenses a distintas regiones del mundo impactaron en el desmantelamiento de su infraestructura industrial o desindustrialización, lo que fue vinculado con efectos desastrosos sobre la clase trabajadora estadounidense, que experimentó una elevación de las tasas de desempleo (alrededor de la crisis del 2009), disminución y estancamiento de sus salarios, procesos de de-sindicalización, profundización en las condiciones de precarización laboral, aumento de la tasa de explotación, procesos que terminaron por empujar la inclinación electoral de buena parte de los trabajadores de los estados “industriales” del llamado “cinturón del óxido” a favor del trumpismo en la elección de noviembre de 2016.

Superexplotación del trabajo e integración subordinada de “América del Norte”

Con la apertura comercial y la liberalización de la inversión extranjera que el TLCAN estableció, México pasó a desempeñar hasta nuestros días uno de los papeles principales en el proceso de desterritorialización de la industria automotriz y manufacturera de Estados Unidos, al mismo tiempo que se experimentó una desarticulación estructural del aparato productivo en México.

Sólo reducidas actividades productivas especializadas establecidas en unos cuantos estados del país destacan por su integración concentrada en las cadenas de valor mundial (ver Mapa), no obstante, lograron subordinar la economía hacia los cauces de una economía exportadora de manufacturas para sustituir la anterior orientación de sostener la economía del país base de la industria petrolera de exportación aunada a la entrada de divisas por remesa del trabajo inmigrante dentro de EE.UU., como primeras medidas para abrir paso a la propiedad extranjera directa de las industrias energéticas.

Ha sido el régimen de superexplotación del trabajo constituido históricamente en México el que ha posibilitado y facilitado el proceso de desterritorialización industrial de EEUU hacia México, y hasta hoy, este régimen desempeña un papel geo-económico clave en el corazón manufacturero industrial de “América del Norte” (Estados Unidos, Canadá, México). [1]

Las consecuencias para la clase trabajadora mexicana son funestas.

Antes de la firma del TLCAN el salario en México estaba entre los más elevados de América Latina, mientras que veinticinco años después es el más bajo de la región, incluyendo Centroamérica. La brecha salarial EEUU/México se profundizó (ver Gráfico).

En el periodo de 1983 a 2018, los salarios mínimos bajaron 68.31%; los contractuales 64.08%; los salarios de la construcción en 61.73%; y los salarios manufactureros bajaron 38.91%. [2] Es por esta razón que, en 1981 el PIB per cápita mexicano (4 mil 142 dólares) estaba en 48 por ciento por arriba del promedio mundial (2 mil 799 millones de dólares), mientras que en el año 2001 se redujo en un 29 por ciento, y en 2017 se situó 13 por ciento por abajo del promedio mundial. [3]
En síntesis, en más de dos décadas de integración dependiente a la economía estadounidense, ha dominado un régimen de remuneración de la fuerza de trabajo por debajo de su valor, que es lo que en gran medida explica la caída de la calidad de vida del grueso de los mexicanos.

En una economía que subordina su aparato productivo a las condiciones de reproducción de un patrón exportador, las fracciones predominantes de la oligarquía —que hoy exigen al unísono la reanudación de las actividades productivas— han sido beneficiadas. Junto con las transnacionales estadounidenses, se han beneficiado enormemente con el incremento en el valor de las exportaciones dominado por las manufacturas (ver Cuadro 1).

El capital tiene sobradas razones para exigir la reapertura de la manufactura exportadora y su maquinaria de valorización. De ahí la negativa de las empresas a paralizar actividades, por ejemplo, en las maquiladoras de Ciudad Juárez (Chihuahua). A pesar del decreto presidencial sobre el cierre de actividades “no esenciales” y de la Jornada Nacional de Sana Distancia, en estos establecimientos continúan laborando más de 120 mil trabajadores, con consecuencias, hasta el momento, de brotes de infectados en las maquilas y la muerte de 104 trabajadores (La Jornada 8/5/2020, p.25), lo que ha empujado a manifestaciones espontáneas y denuncias de los trabajadores, que exigen se tomen medidas sanitarias en sus centros de trabajo, no se recorte sus salario y no se les despida.

Los mismos problemas se han repetido en los estados fronterizos y maquiladores como Baja California y Tamaulipas, mientras que el decreto inicial de AMLO y las advetencias secretaria del Trabajo se transformaban en pasividad total ante los abusos patronales, principalmente de las transnacionales en la frontera y del magnate consentido del régimen, Ricardo Salinas Pliego.

Esta permisividad de la 4T envalentonó a la oligarquía mexicana para increpar al Estado a que declare como “esenciales” las actividades económicas propias del patrón exportador —que domina al aparato productivo del país— además de reflejar sus principales intereses, se muestra ella misma en su plena desnudez. Convoca a la puesta en acción de sus empresas en medio de la crisis sanitaria, hasta hoy con decenas de miles de contagios, casi tres mil muertos, y sin aun entrar en el grado más duro de la propagación del virus, que se espera a mediados del mes de mayo y con una duración que puede alcanzar al menos entre dos y tres semanas.

Para el capital, lo “esencial” es la reapertura de las actividades que permitan la producción de mercancías (y del plusvalor que encierran), y por ende, lo es también el incesante desenvolvimiento de las cadenas de abastecimiento y proveeduría integradas al mercado exterior. Para una lumpenburguesía dependiente de una economía exportadora dominada casi de modo absoluto por el comercio con Estados Unidos, lo “esencial” reside en el continuo flujo circulatorio de la “cadena de valor regional” y custodiar su aseguramiento.

Vulnerabilidades del imperio

Con la crisis sanitaria mundial y la disrupción de las cadenas de valor y de suministro, se ha evidenciado la debilidad de la economía estadounidense. La descentralización de los procesos productivos, por ejemplo, hacia México —cuyo motor hemos señalado reside en la búsqueda de la mayor tasa de explotación del trabajo— ha llevado a que centros manufactureros en EEUU sean incapaces de continuar el ciclo de producción-circulación si desde países como México no les son suministrados insumos y productos intermedios o terminados.

El problema para EEUU es que no puede echar mano de “proveedores domésticos” de insumos o mercancías terminadas porque la “cadena de valor regional” reposa en relaciones de superexplotación y/o tasas de explotación del trabajo mucho más elevadas que las de la economía doméstica, las cuales se expresan en los precios de las mercancías.

Otro problema no menor es que este esquema de relocalización convierte a países como México en grandes exportadores pero sin grandes beneficios, porque lo que hacen los clústers automotriz y aeronáutico en realidad es enviar al mercado interno estadounidense artículos que en última instancia son de propiedad estadounidense. La más palpable expresión de un desarrollo desigual y combinado.

Así, este modelo buscaba que el grueso de la valorización del capital se realice en EE. UU., que las grandes ganancias se quedan allá dejando un exiguo margen para pagar el trabajo de obreros nacionales y algún que otro capitalista nacional asociado vía las pequeñas empresas proveedoras de manufacturas y servicios complementarios. La continuidad del escenario de crisis internacional ha hecho que el imperialismo busque un nivel mayor de expoliación como veremos más adelante.

En la citada carta de los congresistas enviada a Mike Pompeo, al destacar que Estados Unidos realizó importaciones provenientes de México por un valor de 346 mil 100 millones de dólares en 2018 (en 2019 fueron de 358.1 mmd), los senadores argumentaron: “México cumple una función integral en Estados Unidos, la cadena de suministro es crucial para el funcionamiento de las empresas estadunidenses esenciales”.

Sin embargo, a partir de las crisis de 1987 en EE.UU. el problema de la valorización del capital dentro de la economía estadounidense presenta al imperialismo la necesidad de complementarse en los mercados de los países dependientes, combinando la relocalización de la producción con la exportación y re-exportación de mercancías en esos pequeños mercados, “desarrollando” para ello y hasta cierto punto los “países emergentes”.

Esto inaugura el modelo neoliberal que, tratados comerciales mediante, busca garantizar la relocalización en condiciones superventajosas (como la escandalosa cesión de terrenos, urbanización y condonación de impuestos que otorgara el gobierno de Nuevo León a la automotriz KIA) como la remodelación de los patrones de consumo de los países dependientes, en el caso mexicano, con un TLCAN que destrozó la producción de maíz y cerdos, por poner un par de ejemplos.

El fracaso de estas medidas en un mundo en el que las crisis económicas tienden a normalizarse, llevó al poder a Donald Trump, basando gran parte de sus críticas en el “abuso” de México sobre un EE.UU. “indefenso” ante la “desproporcionada” balanza comercial favorable a México, detonando una orientación “de nacionalismo extremo” y llamando a la patronal yanqui a la reintegración de la planta productiva relocalizada al territorio estadounidense.

Pero en lo que el “patrón exportador” se ha ido convirtiendo es en una enorme plataforma productiva de propiedad extranjera en todos los sentidos, principalmente estadounidense, abocada en un primer momento a la producción manufacturera pero también a la apropiación de la planta productiva energética.

Es este avance de la propiedad imperialista en México la que empuja al imperialismo a lanzar una nueva ofensiva contra la vilipendiada soberanía mexicana para que el gobierno mexicano se subordine a sus imperativos de “reanudación” de las actividades económicas. Pero esta vez, la ofensiva tiene una implicación distinta, ya que este nuevo ataque del imperialismo (al que se une la burguesía mexicana altamente integrada a los planes de producción de las transnacionales extranjeras) y sus presiones de “reapertura” en medio de la pandemia, involucra una pulsión de muerte altamente riesgosa para los trabajadores y la sociedad mexicana en general.

Más allá de los intereses que dominan en la economía dependiente mexicana, la prioridad debe de ser la vida y la salud de la sociedad. Mientras más completo sea el bloqueo podrá detenerse con mayor éxito la propagación del virus. Una reapertura precipitada o parcial portará los riesgos de una nueva expansión del COVID-19. De ahí los señalamientos de la OMS respecto a que “si los países no consiguen gestionar con sumo cuidado la transición” “el riesgo de volver al confinamiento es muy real” o lo que no quisieron decir directamente: los probables rebrotes de la pandemia siguen latentes y son potencialmente una gran fuente de mortandad.

Ante las omisiones de las autoridades del gobierno de la 4T, como la ausencia de sanciones contundentes contra las empresas que no han acatado el confinamiento, además de la política flexible y colaborativa del gobierno con las fracciones empresariales (locales y extranjeras) respecto a la “reanudación” de las actividades económicas, se requiere profundizar la organización y lucha de los trabajadores en ambos lados de la frontera contra el avance de la depredación imperialista.

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NOTAS AL PIE

[1El estatuto teórico de la categoría de superexplotación del trabajo es formulado por la teoría marxista de la dependencia. Ver Ruy Mauro Marini, Dialéctica de la Dependencia. México, ERA, 1974.

[2José Luis Calva, “La economía mexicana en su laberinto neoliberal”, El Trimestre Económico, Vol. 86, Núm. 343 (2019)

[3Susana González G., “Estrepitosa caída del PIB per cápita tras la firma del TLCAN”. La Jornada, 30-4-2018, p. 19.
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