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Red Internacional

En un informe reciente, la ONU dio a conocer que las fiscalías reciben 15,000 denuncias de violaciones por año. Entre 1985 y 2014 50,000 personas fueron asesinadas por ser mujeres. Hay 7 feminicidios y 40 denuncias de violación por día. Eso sólo contando los casos que salen a la luz pública o son denunciados.

Bárbara FunesMéxico D.F | @BrbaraFunes3

Miércoles 20 de abril de 2016 | 23:03

Las mujeres violentadas son mucho más que estadísticas. Hay quienes sobreviven a la violencia y hay quienes no. Tienen nombres, seres queridos, sueños. Esmeralda, Jaquelyn, Karla, Liliana, Karen, Dafne, Andrea y la lista es interminable.

La ONU señala que la inmensa mayoría de los casos queda en la impunidad. El diario El País cita el informe de esta institución: "La diferencia que se observa entre las denuncias y las sentencias es la expresión más gráfica de la impunidad, de la forma en que las mujeres además de no tener garantizada una vida libre de este tipo de violencia, tampoco tienen acceso a la justicia ni a la reparación del daño", denuncia ONU Mujeres en su informe. Y concluye: "Esto evidencia que los sistemas de procuración e impartición de justicia requieren cambios importantes que atiendan este grave problema".

Que los casos de violencia contra las mujeres quedan impunes es cierto. ¿Pero es posible acabar con la violencia contra las mujeres a través de las instituciones del Estado?

El Estado mexicano cuenta con una Ley General de Acceso a una Vida libre de Violencia. Pero son las instituciones de este régimen antidemocrático las que dejan a un lado la ley que ellos mismos crearon y protegen a quienes violentan a las mujeres.

Es el Estado la institución que también ejerce violencia contra las mujeres: son sus fuerzas represivas las que violentan a las maestras que enfrentan la reforma educativa, como sucedió en Guerrero en 2015, por mencionar sólo un caso.

Son los policías de Zapopan los que aparecen en el video que hace apología del feminicidio, del grupero Gerardo Martínez.

Apenas hoy mismo, se dio a conocer que dos policías ministeriales y dos civiles mantenían secuestradas a 15 jóvenes –argentinas, venezolanas, paraguayas y colombianas– en la colonia Nápoles, en la Ciudad de México, y les exigían dinero para no entregarlas al Instituto Nacional de Migración.

Es el Estado el que cobija a los hijos del poder que violentan a jóvenes, como en el caso de los Porkys de Veracruz. Hasta se fueron del país, con total libertad.

Es necesario que el hartazgo ante la violencia se exprese en las calles. Contra la violencia hacia las mujeres, el próximo domingo 24 de abril se realizará una movilización nacional en distintas ciudades del país, bajo la consigna ¡Vivas nos queremos!

La violencia contra las mujeres: arma de opresión

La violencia estructural contra las mujeres es el pilar que sostiene un orden en el que las mujeres permanecen subordinadas. Como señala Andrea D’Atri, “esta violencia, en sus múltiples formas, opera como un mecanismo de coerción que, junto con otros de consenso, naturaliza la norma social, oculta el carácter histórico de la asignación de funciones propias e inmanentes de los géneros, de los roles que son efecto de esta naturalización de la opresión y, al mismo tiempo, un dispositivo para su perpetuación.”

La violencia y la posterior victimización no constituyen el destino trazado para las mujeres por alguna fuerza invisible más allá de la comprensión humana.

En un artículo reciente, Andrea D’Atri escribió “Hoy se nos reconoce como víctimas impotentes. Y las víctimas impotentes sólo pueden tener resentimiento. Y del resentimiento nunca ha salido nada bueno. Del odio contra las condiciones injuriosas y oprobiosas en que ha vivido y vive una gran parte de la humanidad, es decir, del odio contra la opresión, pueden surgir potentes convicciones para el combate. No elegimos ser las víctimas impotentes que el patriarcado quiere que seamos. Elegimos las potentes convicciones que anidan en el odio productivo de sabernos víctimas de un orden social que apesta.”

Los abusos sexuales, los feminicidios y las múltiples situaciones de opresión, discriminación, degradación y subordinación que las mujeres viven a diario tienen un origen histórico. Así como tuvieron un principio, pueden tener un final. Pero erradicar esto exige una lucha radical para tirar abajo el sistema capitalista, fundado en la violencia estructural de la explotación y la opresión. Y es el camino de esa lucha el que hace que la vida sea digna de ser vivida.




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