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Mitos plebeyos y peronismo: los usos de Maradona

El kirchnerismo intenta contruir un mito plebeyo legitimante alrededor de la figura de Maradona. Los mitos políticos y culturales del peronismo y la lucha de clases.

Facundo Aguirre

IG: @hardever // Twitter: @facuaguirre1917

Sábado 28 de noviembre de 2020

En Página/12, el periodista Luis Bruschtein da la siguiente definición a raíz de la muerte de Diego Maradona: “La mayoría de los argentinos lo estamos llorando y más que nadie esa tribuna colmada que llamamos pueblo. Es que el sistema quería que el astro Diego fuera un ex pobre domesticado, para que los pobres quisieran replicarlo. Y el espejo que hizo Diego reflejaba su esencia que es la del pibe de Villa Fiorito luchando con sus ángeles y sus demonios. En ese espejo, el pueblo se veía pueblo. Es como el peronismo: es como es. No como quisieran verlo o verse. Por eso en este país van de la mano".

En esta lectura, Diego, el pueblo y el peronismo son una triada inseparable y, además, son como son. El problema es que los trabajadores y el pueblo pobre en Argentina han sido más que el peronismo y el peronismo ha siempre buscado contener o limitar, la potencia de la movilización popular. Dicho de otra manera, el mito fundante del peronismo es la huelga y movilización proletaria del 17 de octubre de 1945; sin embargo, toda la historia del peronismo como dirección política de los trabajadores fue la de evitar nuevos 17 de octubre, nuevas irrupciones inesperadas de las masas en la escena política.

El mito plebeyo

Para lograr esta operación política de contener y limitar la fuerza de los trabajadores y el pueblo en la lucha de clases, es necesario establecer un mito, es decir una construcción ideológica.

El 17 de octubre la potencia de los trabajadores estuvo encarnada en la huelga general y la movilización. La expropiación de dicha potencia en favor del mito, invierte esa fuerza. Sus representaciones serian la lealtad a Perón y el coraje de Evita, elementos sin duda presentes, pero que no explican el acontecimiento. Porque si los trabajadores no hubieran salido de las fábricas a exigir la libertad de Perón y los sindicatos de base no hubieran desoído a la burocracia de los sindicatos no existiría el acontecimiento.

La misma operación podemos observar en la cita de Pagina 12. En la triada señalada, la pasión popular que se identifica con el talento y la tragedia del genio plebeyo, son presentadas como atributos del peronismo. Como si el pueblo trabajador no pudiera tener sus manifestaciones autónomas por fuera de él, lo cual ha sido desmentido a lo largo de la historia de la lucha de clases del siglo XX desde la resistencia peronista a la insurgencia obrera y popular de los ‘70.

La construcción del peronismo como mito plebeyo, es una apropiación de las aspiraciones populares, a las cuales se les da el contenido de que su realización se dará a través de la política peronista que traza su línea demarcatoria en que hay que reemplazar la lucha de clases por la armonía de clases. Que, en lugar de la independencia política y organizativa de los trabajadores y el pueblo pobre con respecto de la burguesía y su Estado para conseguir su emancipación mediante el combate, las mayorías populares deben aspirar al ascenso social mediante la cultura del trabajo o, lograr el éxito mediante los méritos individuales. El objetivo que el peronismo da al pueblo trabajador no es derrocar al patrón que lo explota, sino sentarse en su mesa.

La fuerza del mito

Walter Benjamin decía que “mientras haya un mendigo, aún habrá mito”, porque en el mito vive una promesa de redención. Para que haya mito hacen falta héroes y heroínas que representen esa redención para quienes están desposeídos de todo.

Evita es el mito plebeyo del peronismo originario. Una hija del pueblo que se elevó por encima de los suyos y acompaño a Perón en la dirección de los destinos del país, confrontando discursivamente con la oligarquía, arrebatándole a las damas de la alta sociedad el manejo de la seguridad social y compitiéndoles en su elegancia. Por eso la burguesía derramaba contra ella su bilis pintando en las paredes ¡viva el cáncer!
cuando yacía en su lecho de enferma.

Mientras para el pueblo trabajador representaba la esperanza de recibir de sus manos aquello que necesitaba, para la burguesía era la que representaba el componente plebeyo que con sus malos modales alentaba a que los trabajadores abrieran la puerta del patrón para pedir por sus demandas. Sin embargo, para el peronismo como dirección política, era un componente del bonapartismo sui generis de Perón que daba un interlocutor visible a la burocracia de un movimiento obrero estatizado y un discurso de combate en defensa del gobierno.

La construcción de mitos tiene su historia en el movimiento obrero internacional en la idea del sindicalista revolucionario francés George Sorel para quién la huelga general revolucionaria, expurgada del objetivo político de la toma del poder, iba a provocar en la conciencia obrera la construcción de una idea de fuerza de la lucha por el socialismo, reduciendo toda la estrategia proletaria a una táctica de lucha. Llamativamente fueron los seguidores criollos de un pensamiento a lo Sorel quienes llegaron tarde al acontecimiento del 17 de octubre y su negativa a la política obrera la trocaron pronto por sus puestos de burócratas de los sindicatos estatizados y la adhesión al nacionalismo burgués.

El kirchnerismo y los usos del mito

El relato de Maradona como mito plebeyo del peronismo parte de la apropiación de una figura surgida de la cultura de masas. El otro héroe de masas del peronismo surgido de la cultura popular fue el también inolvidable y trágico José María “el Mono” Gatica, quien fue víctima de la proscripción del peronismo, sea quien la Libertadora le prohibió boxear y murió en la ruina atropellado por un colectivo.

En el caso del Diego se trata, al igual que Gatica, de un héroe deportivo que se sobrepuso a la pobreza en base a su genio y arte en el dominio de la pelota. Alguien que también supo expresar la impertinencia plebeya y fue identificado como el vengador simbólico de los pueblos oprimidos por el imperialismo en el inolvidable encuentro con Inglaterra en México 86. También lo fue para el proletariado del sur de Italia a quienes les regalo la victoria deportiva sobre el norte rico, humillando a la Juventus de los Agnelli dueños de la FIAT. Este es el capital simbólico por el cual se ganó el afecto de millones en todo el mundo.

El kirchnerismo quiere hacer uso de Maradona como encarnación de sus valores. Sus frases y provocaciones contra ciertos poderosos, que se combinaban con el coqueteo con otros poderosos; su afecto genuino por Fidel Castro y Cuba, que no impedía su amistad con Menem en medio de la entrega más brutal y el ataque a los derechos de los trabajadores en los ‘90; la reivindicación de sus orígenes en Villa Fiorito y el codearse con jeques multimillonario; así como su machismo y exacerbación de la vida lumpen. Un camino errático, donde lo contestatario se torna inofensivo, incomoda por los modales, pero es fácilmente asimilable para los grandes negocios de los poderosos que se critican, se anula a sí mismo.

Traducido a la identificación política que Bruschtein intenta, significa que el peronismo es eso, provocación y convivencia con los poderosos. Relato anti-oligárquico mientras las patronales la levantan en pala. Reto por la miserabilidad patronal, mientras se les cede a todas sus demandas contra los trabajadores. Retorica contra el FMI, mientras se vota el ajuste exigido. Progresismo de viejos menemistas. Un movimiento que dice ser el único freno posible a la derecha mientras que, en nombre de las relaciones de fuerza, capitulan ante cada ataque de la derecha que dicen combatir.

Sin embargo, en el pueblo trabajador, donde el mito reproduce los sentidos comunes de la ideología burguesa, existe también una serie de aspiraciones que chocan con el contenido de la política que dice representarlos. Dicho de otra manera, para que el mito funcione tiene que haber redención y la propuesta del peronismo hoy es empobrecimiento y ajuste para rendir pleitesía a las patronales y el FMI. No puede haber redención en el peronismo para los desposeídos si la respuesta a los sin techo de Guernica es la represión para que los ricos hagan sus barrios exclusivos. Eso es lo que está crujiendo por abajo y el peronismo es incapaz de darle respuesta. En este sentido, la identificación que hace Bruschtein de los intereses populares con el peronismo, es relato sin sustento.






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