Política México

TRIBUNA ABIERTA

Mujeres inmersas en el crimen organizado: la otra cara de la moneda

A menudo en Ciudad Juárez escuchamos noticias sobre los cientos de asesinatos que surgen a causa del crimen organizado y la violencia presente que existe en la disputa bélica entre distintos bandos por posicionarse en el poder y lograr obtener el control sobre la mayor parte del territorio.

Domingo 5 de abril | 23:55

Han sido miles de muertes entre mujeres, varones, niñas y niños que indiscriminadamente han sido asesinados en una forma directa o circunstancial.

Pero hablemos de las mujeres asesinadas por cuestiones de ajuste de cuentas, narcomenudeo o secuestro, es decir aquellas féminas al servicio del crimen organizado. Hace algún tiempo hablaba con una de mis mentoras favoritas sobre las mujeres trabajando dentro del crimen organizado y compartimos la idea de que estas se encuentran en esta posición por razones de género. Basta con analizar sus vidas y la historia que hay detrás de ellas, en su mayoría son mujeres madres solteras, con hijos menores que estudian y con una madre que se queda al cuidado de estos y estas menores al ser asesinada su madre.

Ahora, para contextualizarnos, vamos a remontarnos al año 2008 donde empezó la crisis mundial a golpear a buena parte de la población en todo el mundo y posicionémonos dentro de la frontera, que es el contexto en el que surge este análisis sobre estas mujeres. El ingreso principal en la frontera de Ciudad Juárez viene de los puestos en la industria maquiladora y por esta época muchas maquilas cerraron sus puertas y las que lograron mantenerse tuvieron que disminuir considerablemente su población de empleados, así mismo, reducir los salarios hasta llegar a la ridícula retribución salarial de $500.00 pesos a la semana mediante los llamados “convenios”. Muchas otras empresas, recortaron sus horarios laborales para ajustar su presupuesto y las necesidades en los hogares juarenses no se hicieron esperar.

Muchos jefes de familia (padres varones) optaron por emigrar hacia Estados Unidos con la ilusión de poder instalarse y trabajar para ganar en dólares y así lograr mantener la estabilidad de su familia que se quedaba en el lado mexicano, dejando a una madre con hijos e hijas con las mismas necesidades de siempre. Muchos no lo lograron y los pocos que lo hicieron pronto olvidaron a lo que iban, abandonando emocional y económicamente a la mujer con sus vástagos. Aquí es donde entra el papel de la mujer en el crimen organizado.

En vista de que las necesidades eran fuertes y se trataban en su mayoría de madres solteras, abandonadas por sus parejas y con la precarización del trabajo y los salarios, estas salieron a abastecer su escasez y se sumergieron dentro del mundo del narcotráfico y del crimen en general, convirtiéndose en producto de desecho para este, mujeres de uso rápido que sirvieron muchas veces como escudo de los más poderosos, utilizadas para el bien del crimen organizado y poniéndolas como carne de cañón para una estructura violenta machista en la que si bien, las aceptaron como “trabajadoras”, de la misma forma las despreciaban por ser mujeres.

Basta con analizar los actos violentos que se encuentran en la mayoría de los cuerpos de las féminas y los varones, a ellos, a una buena parte, simplemente los asesinan a balazos y por la lucha de poder y disputas de territorios, mientras que las muertes de ellas llevan una marcada huella de la tortura, siendo quemadas, mutiladas, violadas y sus asesinatos suelen ir acompañados del abandonado sus cuerpos en lugares públicos, desnudas para ridiculizar su cuerpo lastimado aun después de muertas, porque para estos criminales hay otras “razones” para asesinarlas: son mujeres, no deben trabajar en espacios creados social y moralmente para varones o porque no funcionaba por ser mujer para el trabajo, las asesinan por lo mismo que asesinan a otras mujeres, por el simple hecho de ser mujeres.

Los asesinatos de mujeres por crimen organizado siguen sucediendo y aunque la motivación de estas para posicionarse dentro de la estructura delictiva ha cambiado en muchos aspectos, el principal siempre es el mismo: la necesidad y el engaño del consumismo para ser un ciudadano saludable para el capitalismo, mientras que los motivos de sus asesinatos siguen siendo los mismos y los actos violentos también. Mantengo la idea firme de que también estas muertes provocadas deben llamarse feminicidios y no homicidios, este último concepto sigue siendo androcéntrico y sigue invisibilizando la situación de vulnerabilidad en la que miles de mujeres siguen viviendo.

El Estado sigue siendo cómplice, juez y parte, desde el papel de sus corporaciones policiacas, militares y jurídicas, ya que garantiza la impunidad de los sistemas corruptos que carcomen cada área de una sociedad que aspiramos a que sea igualitaria para todos y todas. Esta situación de conjunto se agravo desde que se asumió como política oficial la militarización del país. Así mismo, el Estado también aporta a la invisibilización de las necesidades del grueso de la población. Aun y cuando el asesinato de estas mujeres se da de manera constante, el Estado abandona a los y las huérfanas de esta “guerra” a los hijos e hijas de estas mujeres. Ahora en el papel de las instituciones sociales se desentienden de las víctimas, dejando un caldo de cultivo, con una generación que se nos presenta como futura mano de obra para esta estructura criminal, en un círculo vicioso que parece más que funcional a los negocios legales e ilegales.

Es sumamente importante el papel y el compromiso por parte de estudiantes, académicos y organizaciones democráticas en conjunto con el grueso de la clase trabajadora para detener esta barbarie que seguimos viviendo, ya que al unir nuestras fuerzas tendremos una sólida perspectiva de lucha que se pueda materializar: un compromiso político de los sectores más conscientes y combativos hacia con la clase trabajadora como actores fundamentales para construir una nueva sociedad sin explotación, pero también sin opresión para nosotras las mujeres.

Hoy es pública y sabida la burla en que resultó la declaración de guerra contra el crimen organizado por parte de Felipe Calderón y la oportunidad que esto fue para que el brazo armado del narcotráfico se enriqueciera física y monetariamente. Necesitamos crear consciencia de lo que esto representó y pugno por elaborar análisis enfocados en la problemática exacta de las mujeres y su papel en este ambiente.

Es necesario organizarnos, hacer un llamado a la lucha colectiva de amplios sectores para denunciar. Organizarnos y movilizarnos ante las situaciones que vive la clase trabajadora, nuestra clase. Así también debemos voltear la mirada de una forma seria y empática hacia las situaciones que estas mujeres en búsqueda de sobrevivir la loza de la desigualdad son orilladas a vivir día a día. Dejar el engaño de que el pobre es pobre porque quiere y dejar de romantizar que sobrevivir con el salario mínimo que el Estado establece es algo loable, menos aún que se puede llevar una calidad de vida digna.






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